Turismo, terciarización económica y desarrollo sostenible en las islas Canarias

MATÍAS GONZÁLEZ HERNÁNDEZ
Cátedra UNESCO en Planificación Turística y Desarrollo Sostenible
Universidad de las Palmas de Gran Canaria

La sostenibilidad es básicamente un problema cultural
La insostenibilidad, a niveles global y local, tiene que ver con prácticas sociales que no se acomodan al rendimiento neto de los ecosistemas y con la distribución excluyente del acceso a los recursos y satisfactores derivados. Estas prácticas incluyen los crecimientos poblacionales y las migraciones; los estilos de vida y las pautas de consumo asociados; y la tecnología, en sentido amplio.
Las necesidades humanas son pocas, y están razonablemente bien definidas y jerarquizadas.
El consumo de artefactos está asociado a normas sociales introyectadas, y tiene poco que ver con las necesidades humanas.
La felicidad de las personas y el consumo de artefactos transitan por caminos diferentes.
Décadas de investigación han demostrado que el último no conduce al logro de la primera.
Los logros en prosperidad material y estatus no dan la felicidad. Tampoco la quitan.
Coadyuvan a una buena vida si no se persiguen con febrilidad y se adquieren por vías razonablemente éticas.
La felicidad personal es un estado que requiere minimizar los deseos que sólo se pueden satisfacer mediando las demás personas o la adquisición de objetos. La felicidad es esencialmente una condición del ser.
Los estilos de desarrollo no viables y excluyentes no pueden encontrar su justificación, por tanto, en la satisfacción de muchas y crecientes necesidades (sólo de unos pocos), ni como el precio a pagar por el logro de la prosperidad material (de los mismos pocos) que conduzca a la felicidad.

La sostenibilidad podrá alcanzarse si se logra la supremacía del ser y de la búsqueda de la felicidad, sobre el tener (exhibir, demostrar, aparentar) basado en la satisfacción de deseos que generan nuevos deseos… o bien en un desplazamiento de la supremacía del tener hacia estados, cualidades, habilidades, etc. de la persona, que no requieran más recursos que aquéllos que la naturaleza nos puede proveer perennemente.
El control de la demografía global puede coadyuvar a lograr la sostenibilidad en el Planeta en el marco de una estrategia más amplia, pero por sí sola no puede ser la solución.
Los avances tecnológicos (algunos) pueden contribuir igualmente a la sostenibilidad en el marco de estrategias más holísticas, pero no pueden resolver todos los problemas de encaje de la sociedad humana en su Planeta.
La desmaterialización de los consumos finales sólo puede contribuir a la viabilidad ecológica de las economías si lo es también de todos los procesos intermedios y los que siguen al consumo. En otras palabras, si se refiere al ciclo de vida integral de los servicios consumidos.

Sobre la terciarización de las economías y otras gaitas
La diferenciación y (a veces) contraposición entre sectores primario, secundario y terciario es irrelevante. Desde el punto de vista de la sostenibilidad, lo único relevante son los metabolismos ambientales implicados en los procesos de producción, distribución y consumo, y la equidad en el acceso a los recursos.
La controversia entre partidarios de las actividades primarias, secundarias y terciarias es absolutamente estéril. En cada una de ellas, podemos encontrar ejemplos de inadmisible insostenibilidad y de virtuosa viabilidad ambiental. La agricultura química hiperintensiva y el ecoturismo que aniquiló Oasis en el Sur de Túnez son una muestra de lo primero. Mientras que ciertos policultivos ecológicamente integrados y algunas formas de turismo que proveen experiencias valiosas al tiempo que contribuyen a mejorar ecosistemas y minimizan el uso de recursos, son buenos ejemplos de lo segundo.
La eficiencia importa. La sostenibilidad tiene que ver con el buen uso de los recursos naturales, y no sólo con que éste se ajuste a la provisión neta que hace la naturaleza de ellos. La eficiencia no puede, por tanto, ser patrimonio del pensamiento estándar. Sin embargo, la eficiencia en el paradigma de la sostenibilidad no es lineal, sino multidimensional y compleja.
La eficiencia tiene que ver con límites ambientales, normas sociales, preferencias subjetivas, cuestiones distributivas y precios. Éstos, ciertamente, son construcciones culturales en contextos institucionales dados (¿por qué la gente paga por las marcas, o por qué nos parece lógico que unos profesionales ganen más que otros?). El mercado y los precios, guiados por las creencias y preferencias sociales, no tienen per se la culpa de nada.
El mercado, por tanto, no es el problema… ¡pero tampoco es la solución! El problema está más bien situado en la naturaleza de las decisiones que guían el comportamiento de los mercados. Cuando el poder de mercado está muy concentrado, y los mecanismos de inducción de comportamientos de consumo están bien engrasados, nada bueno hay que esperar desde el punto de vista de la sostenibilidad. Sin embargo, mercados constituidos por muchos decidores equipotentes, bien informados y conscientes, y regulados por instituciones que persiguen el bien común, pueden favorecer resultados socialmente interesantes, incluyendo modelos de desarrollo más sostenibles.
Lograremos transitar por una senda sostenible cuando ciudadanos bien informados, autodeterminados, conscientes y animados por valores de respeto y solidaridad hacia sus semejantes de ahora y de siempre, y hacia las demás formas de vida que en nuestro Planeta existen, se doten de vías y mecanismos de acción individual y colectiva que conduzcan a reorientar los estilos de vida y patrones de producción, consumo y distribución de la riqueza hasta ajustarlos a la productividad neta de los ecosistemas y procesos ecológicos del Planeta, y fuercen a las instituciones representativas a adoptar políticas y estrategias guiadas por esos mismos principios.

Sobre turismo y sostenibilidad
El turismo per se no es ni más ni menos (in)sostenible que cualquiera otra actividad económica.
El turismo no tiene a priori ningún problema con la sostenibilidad… ni la agricultura, ni la industria… el problema es estrictamente nuestro, de cada uno de nosotros y de todos nosotros juntos, y reside en elmodo en que conducimos esas (nuestras) actividades por senderos quemal se compadecen con la capacidad de los recursos disponibles de sostenerlas a largo plazo.
¿Cuál es la diferencia entre producir un calabacín para vendérselo a un vecino y producirlo para vendérselo a un turista? En ambos casos, puede provenir de agricultura química (poco sost enible) u orgánica (más sostenible). Hay, sin embargo, dos diferencias sustanciales:
1) que el turista es quien se desplaza, en lugar de hacerlo el calabacín (que requiere menos energía para hacerlo), y 2) que el turista requiere ser alojado y algún espacio debe ser asignado a ese fin.
Hacer sostenible el turismo por tanto, forma parte de un problema más general que puede formularse como el de hacer más sostenible los procesos necesarios para producir cosas, proveer movilidad y accesibilidad, y generar habitacionalidad, para todas las personas, incluyendo las que se desplazan por los motivos que fuere, a otros lugares. Hoy en día, nada de esto se hace de forma sostenible, por tanto, el turismo que se hace sobre estas premisas, no puede ser, con carácter general, sostenible (¿y entonces qué decir de las etiquetas que identifican actividades turísticas como sostenibles?).
En general, se reconocen tres vías fundamentales de progreso hacia formas de turismomás sostenibles: 1) proveer experiencias más valiosas a los visitantes (mismo empleo e ingreso con menos visitantes y menos viajes); 2) cuidar el metabolismo de los servicios producidos para que minimice impactos y (sería deseable) contribuya a la mejora de la salud de los ecosistemas visitados; y 3) capacitar a los locales para proveer servicios a los visitantes, incrementando la parte de la renta turística que se queda en la región visitada, y reduciendo la participación y dependencia de los grandes operadores.
El turismo, como fenómeno global, será lo que todos los actores implicados quieran que sea. Desde el punto de vista del destino local, sin embargo, es posible conformar el producto turístico que mejor se adapte al modelo de desarrollo humano y ambiental que la comunidad receptora desea, con la única restricción, entonces, de que exista demanda solvente para el producto creado. Lo que resta es construir un puente eficaz entre el producto creado y los visitantes potencialmente interesados en él.
La sostenibilidad del turismo depende de la sostenibilidad de todos los componentes con los que se construye esta compleja actividad humana. Nuevamente, otras pautas culturales son necesarias para que, de una parte, la gente viaje de otra manera y demande otras experiencias, y de otra, para que la provisión de servicios a los visitantes se ajuste a las posibilidades delmedio natural, y redunde en beneficio del conjunto del tejido social de las comunidades receptoras.

La Gomera, las montañas, el turismo y la sostenibilidad
El éxito en el desafío de generar alrededor del Parque Nacional y las medianías de la Gomera una actividad turística que contribuya efectivamente al desarrollo sostenible de la Isla, depende exclusivamente del capital humano, social y organizacional implicado en la tarea.
El producto actual provee experiencias de alto interés observacional, pero de muy leve contenido interpretativo y cultura, con baja capacidad de generación de empleo especializado, cualificado y bien remunerado.
Al igual que en el resto de las Islas, el turismo en las medianías de la Gomera genera casi exclusivamente rentas de los inmuebles, con muy escasos servicios asociados: poco empleo y mal remunerado.
El escaso desarrollo de actividades complementarias básicas, asociadas a la gastronomía, la movilidad y las actividades en la naturaleza, conducen a un escaso aprovechamiento del potencial de gasto del visitante, y por tanto, también a una reducida capacidad de generación de empleo cualificado y bien remunerado.
En general, falta un producto estructurado alrededor del hecho extraordinario de poseer la representación mejor conservada de un bosque del terciario del interés ecológico y calidad estética de la laurisilva. Esto, que es único y diferente, no ha sido aprovechado para un posicionamiento en el mercado ecoturístico original y diferenciado.
Los déficits de valor añadido del producto ecoturístico asociado al Parque Nacional y los bosques de La Gomera, revelan fundamentalmente déficits de capital humano, social e institucional. El primero se manifiesta en las dificultades para desarrollar nuevas capacidades y habilidades asociadas a la producción de servicios que puedan interesar al visitante, en un rango tan amplio como el que pueda alcanzar la imaginación!. El segundo en el escaso desarrollo de modos de acción colectiva que procuren la defensa de los valores ambientales, culturales y paisajísticos en los que se asienta el atractivo de las medianías y cumbres de La Gomera. El tercero en capacidades institucionales no bien desarrolladas en materia de ordenación de los diferentes componentes del producto, la creación de itinerarios de interés que incorporen mayor diversidad de servicios y valor a la experiencia de los visitantes, y la promoción certera del destino entre segmentos-objetivo capaces de valorar los atributos que atesora La Gomera y pagar convenientemente por disfrutar de experiencias recreativas asociadas a los mismos.
Tender un puente sutil pero eficaz entre lo que La Gomera ofrece y las personas dispuesta a disfrutarlo es una tarea esencial, que hace más fácil todo lo demás. El éxito en esta empresa remite a la realización de un buen trabajo profesional en un ámbito no muy prestigiado en ciertos círculos, pero de relevancia extrema: el marketing turístico. En su forma más honesta, no es más que comunicar con eficacia lo que tienes a quien pueda interesarle (promoción), y promover los canales que hagan posible, en las mejores condiciones, que los interesados se desplacen para experimentarlo (distribución).
Promover la participación e implicación ciudadana en la planificación y gestión de lo que el desarrollo del turismo en las medianías de La Gomera pueda ser, seguramente será el mejor modo de promover la difusión del conocimiento que la tarea requiere, impulsar actitudes favorables a la formación y al compromiso con el medio, estimular modelos de acción colectiva más maduros y eficaces, e incentivar una gestión institucional de mayor calidad y más largo aliento, y menos preocupada por el requiebro electoralista.
La construcción de capital humano, social e institucional en capacidades y actitudes podrá, sobre la base de un extenso y diverso stock de recursos naturales y culturales, estructurar un producto turístico que interese a quienes nos interesan, en beneficio del medio natural y la población de La Gomera. Un turismo de baja huella ecológica y alto crecimiento humano.

Areas de trabajo
Principales ámbitos de trabajo del proyecto
· Descubrir y realzar los atractivos, y crear producto sobre el que fundamentar experiencias.
· Capacitación humana para protagonizar localmente el proceso (comentario de casos de disociación radical turismo/comunidad).
· Facilitación de la accesibilidad. Tejer el territorio funcionalmente sin afectar a la dinámica hidrológica. Estudio, intervención y sistema (experiencia en la comuna rural de Bassoul, mejorada).
· Gobernabilidad y participación. Tejer las instituciones y las comunidades.
· Poner el producto en los mercados, esencial para el éxito de toda la empresa.

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