Sistema Central y Montes de Toledo: diversidad y oportunidad en la montaña

EDUARDO ALVARADO CORRALES
Grupo de Estudios de Desarrollo Rural y Local en Espacios de Frontera.
Universidad de Extremadura.

En los últimos 15 días por razones diversas he tenido que encontrarme en lugares con honda vinculación e identidad con la montaña como Hornachos, Villuercas, Valle del Jerte, Valle del Ambroz, la Sierra de Montánchez y la propia Sierra de Gata. Me siento íntimamente unido a la montaña aunque haya nacido y habite en el llano; tal vez precisamente esa sea precisamente la razón de esa vinculación. En mí, y creo que en buena parte de quienes no vivimos en la montaña, existe una extraña y sorprendente atracción por los espacios y los horizontes montanos. Sois parte del imaginario y de la utopía. Sois parte de las montañas azules a las que deseamos llegar y sois el punto de referencia al que permanentemente nos referimos; sois aquello que se encuentra aparentemente distante pero a lo que aspiramos y que, en cierto modo, marca nuestro camino. La montaña por lejos que parezca siempre está cerca porque nos atrae, siempre está cerca porque la recreamos en nuestra imaginación.

El marco de la intervención
El objeto de mi intervención son las montañas del Sistema Central y los Montes de Toledo fundamentalmente en su tramo extremeño. Si bien los vemos y consideramos como espacios separados y diferenciados físicamente en cuanto a sus características; sin embargo, además de existir multitud de referentes que los aproximan existe un amplio corredor geográfico y un importante nexo de unión entre ambos. Cuando observamos los mapas del oeste peninsular y de Extremadura y su entono apreciamos cómo el conjunto de las Sierras de las Villuercas e Ibores muestra una dirección NO-SE, la dirección armoricana. Esta orientación se mantiene en el conjunto de serretas de carácter residual que se prolongan por Miravete-Puerto Cañaveral- Portezuelo y Sierra de la Garrapata enlazando con el borde sur y de contacto de las Sierra de Gata y la Sierra de Malcata en Portugal. El conjunto al que nos referiremos conforma, por tanto, una amplia zeta invertida en el espacio extremeño, aun cuando ambos sistemas se
prolonguen tanto en dirección oeste como en dirección este en Portugal y España respectivamente.
Los dos aspectos que en mi opinión a comienzo del siglo XXI definen los espacios y la sociedad de la montaña en el ámbito extremeño del Sistema Central y los Montes de Toledo, son la diversidad y la oportunidad. Características que afectan a ambos espacios y tanto a sus componentes más estrictamente físicos como humanos.

Diversidad
1. El territorio como marco físico

1.1. El relieve
Existen notables diferencias entre uno y otro sistema montañoso tanto desde el punto de vista geológico como geomorfológico lo que concreta en el tipo de materiales, la estructura y morfología que adoptan, así como de las altitudes que desarrollan. Una amplia diversidad y diferencias a pesar de la identidad existente en otros aspectos físicos y, sobre todo humanos, entre ambas zonas de montanas.
Características de sistemas montañosos

Características                   Sistema Central            Montes de Toledo
Materiales principales            Granitos                   Cuarcitas y pizarras
Otros materiales                   pizarras                          granitos
Orogenia                               Alpino                            Alpino
Estructura                            Germánica                       Jurásica
Altitudes máximas              2400 msnm                    1600 msnm

Todo ello sin olvidar que la montaña ya introduce, de por sí y en el interior de cada uno de los sistemas montañosos, elementos de diversidad generados por la misma altitud, la disposición altitudinal y por la orientación de las laderas que generan destacables y valiosos contrastes en pisos bioclimáticos, laderas de solana y umbría, etc.

1.2. Las aguas
Las aguas constituyen un aspecto fundamental en la montaña y la existencia y aportación de la misma, más allá de las superficies montanas, tiene además mucho que ver con las características de los espacios de montaña. Receptoras y captadoras de sistemas nubosos y precipitaciones, acumuladoras de recursos hídricos de forma sólida, las montañas son un auténtico reservorio de agua por y para los territorios que las circundan y que se encuentran alejados de ellas, para los que la montaña se convierte en un horizonte de referencia.
Ambos sistemas tienen un nexo común en el río Tajo contribuyendo de forma singular y notable a la conformación y mantenimiento de su caudal si bien las características pluvionivales que aportan los cursos de agua procedentes del Sistema Central por su margen derecha contrasta fuertemente con el régimen estrictamente pluvial de los aportes hídricos procedentes de los Montes de Toledo por la margen izquierda. Además de estas diferencias, de la propia conformación y características de las respectivas subredes y de las cuantías que en uno y otro caso aportan, ambos sistemas son tributarios por sus laderas opuestas de otros dos grandes colectores peninsulares (Duero y Guadiana, respectivamente).
En el Sistema Central encontramos precipitaciones más elevadas, con importantes aportaciones de nieve en cotas más altas y con formaciones más o menos actuales (turberas) o de tiempos geológicos ya pasados (glaciarismo) achacables a la abundancia de aguas en formas y tiempos diversos. En los Montes de Toledo las cantidades más escasas de agua se acompañan de estiajes anuales, de períodos interanuales de sequía o con una morfología y materiales singulares de pretéritos cambios climáticos (rañas). Y en las proximidades del lugar de celebración de estas jornadas, Hoyos, encontramos el arranque serragatino de un curso de agua que tiene vocación de unirnos con Portugal en una frontera cada vez más inexistente (el río Erjas). Gargantas y portillas, de un modo más destacado en el Sistema Central y en los Montes de Toledo respectivamente, son otras de tantas formas que muestran la riqueza, la viveza y la diversidad que introducen las aguas en los espacios montanos. Territorios que más allá de la magnitud de otras formaciones, encuentran la cercanía y una referencia espacial más concreta y reducida en formas tan frecuentes como singulares de las pozas y las marmitas de gigante que siempre tienen uno de sus referentes más claros, conocidos y vistosos en Los Pilones de la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos en el Valle del Jerte.

1.3. La biodiversidad
Sin lugar a dudas los espacios montanos que nos ocupan cuentan con la más abundante y mejor conservada biodiversidad del conjunto regional. Las mismas características de la montaña (altura, orientación, materiales, aprovechamiento y grado de presencia humana, etc.) y su amplia disposición latitudinal permiten contar con un tipo de hábitat característicos del mundo atlántico y del mediterráneo, así como con pisos de baja, media y alta montaña. De un modo genérico podemos hablar de montaña de tipo atlántico en el Sistema Central y de tipo mediterráneo en los Montes de Toledo, con una cierta continentalidad cuanto más hacia el este y el interior peninsular se encuentren. Sin embargo, en uno y otro existen enclaves diferenciados con mayor o menor amplitud superficial:
– el mundo mediterráneo está presente en el piedemonte atlántico, especialmente hacia el oeste en el Sistema Central, pero de un modo especial lo está en las Hurdes dadas las características de orientación de los valles al abrigo de influencias y vientos dominantes atlánticos (NO-SE e incluso claramente O-E), de los materiales y del tipo de suelos. Un enclave más específico y de reducidas dimensiones en la inversión de pisos bioclimáticos lo encontramos en los espacios de encinar existentes en el valle del río Árrago en la Sierra de Gata o en la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos en pleno Valle del Jerte.
– el mundo atlántico está presente en las zonas más propiamente mediterráneas y en enclaves de mayor altitud y precipitaciones como es la Sierra de San Cristobal y Montánchez o en algunos tramos y laderas occidentales de las Villuercas, así como en el borde más occidental de la Sierra de San Pedro. Ambos espacios se benefician de la influencias atlánticas procedentes y de las precipitaciones ligeramente más abundantes favorecidas por la existencia de las propias montañas y su disposición sensiblemente perpendicular a los vientos dominantes y húmedos procedentes del oeste.
La diversidad vegetal y de hábitats existentes en ambos sistemas permite constatar y apreciar la presencia de especies tan dispares como los abedules (Betula alba L.), tejos (Taxus baccata) –de un modo residual en zonas de alta montaña y cabeceras de cursos de agua del Sistema Central-, castaños (Castanea sativa), rebollos (Quercus pyrenaica), alcornoques (Quercus suber), encinas (Quercus rotundifolia), quejigos (Quercus lusitanica), acehuches (Olea silvestris), enebros (Junniperus oxycedrus), alisos (Alnus glutinosa) o loreras (Prunus lusitanica) –exclusivamente en el espacio de Ibores-Villuercas- , así como de orquídeas, turberas, plantas carnívoras u hongos desconocidos y como los descubiertos en Monfragüe, actualmente Parque Nacional y Reserva de la Biosfera. Especies que se encuentran en formaciones características de bosques de media y alta montaña y en los espacios de mayor altitud donde desaparece la vegetación arbórea en el Sistema Central o en las dehesas y manchas del piedemonte de Gredos y de un modo especial en las los Montes de Toledo.
La alta biodiversidad vegetal, los tipos de hábitat y la diversidad de situaciones que ofrecen los espacios montanos para la obtención de recursos alimenticios o como refugio para la fauna, hace que también desde el punto de vista faunístico tengamos que hablar de unos recursos excepcionales tanto en los existentes de un modo permanente como los que proceden del norte de Europa o del África subsahariana. Una situación que se entiende mejor por la consideración del conjunto del territorio regional y de un modo especial determinados e spacios entre los que se encuentran las dehesas, olivares y zonas de montaña, como un verdadero ecotono. Es de este modo como podemos entender que especies tan singulares como el lince (Lynx pardina) o la trucha (Salmo trutta), la cabra montes (Capra pyrenaica), o el desmán ibérico (Galemys pyrenaicus) pueden encontrarse aún presentes e el Sistema Central, junto a otras como el águila imperial (Aquila adalberti), el venado (Cervus elaphus), los buitres negros (Aegypius monachus) en losMontes de Toledo. Pero también se conviertan en un espacio de enorme valor para la biodiversidad de aves migratorias procedente del África subsahariana con especies como la cigüeña negra (Ciconia nigra), el abejaruco (Merops apiaster), tórtolas africanas (Streptopelia turtur) y alimoches (eophron percnopterus), entre otras. Una situación de primavera y verano que contrasta con el otoño-invierno en el que se cuenta con la abundante presencia de especies del norte de Europa como la grulla (Grus grus), palomas torcaces (Columba palombus) que buscan el sustento en las dehesa del piedemonte y en las manchas cerradas de lugares como la Sierra de San Pedro o los zorzales (Turdus philomelos) que buscando mejores condiciones climáticas y alimentos se concentran especialmente en los densos olivares serragatinos, hurdanos y de los Ibores. Y en este caso de la biodiversidad y, en especial en lo que se refiere a la fauna, es como debe valorarse aun más el amplio corredor ecológico que une el Sistema Central y los Montes de Toledo a través de un impresionante y fundamental corredor ecológico cuyo núcleo se constituye en el Parque Nacional y la Reserva de la Biosfera de Monfragüe contado con las continuidades de espacios naturales como los Canchos de Ramiro hacia el NO y la ZEPA de las Villuercas hacia el SO.

2. La ocupación del territorio
De un modo general podemos decir que la montaña cuenta con una población relativamente escasa, especialmente si la ponemos en relación con la superficie y el territorio que en sí ocupa.

2.1. Hábitat
La montaña, frente a los espacios de llanura o incluso a los espacios urbanos y de aglomeración, se define más que por la escasez de población especialmente por su relativamente amplia dispersión. Este hecho que denota no solo adaptación al medio sino que también situaba los espacios y sociedades montanas en tiempos pasados –e incluso actualmente- en una situación de fragilidad aparente, no es sino un elemento de clara diferenciación, de diversidad y en nuestra opinión de oportunidad a pesar de las dificultades que conlleva. Es un hecho, tan obvio como notable y relevante, la abundancia de núcleos de población en la montaña mucho más numerosos que en las zonas de llanura; una abundancia que tiene que ver fundamentalmente con razones históricas en cuanto al asentamiento. Esta pluralidad y abundancia de municipios no solo se produce por la existencia de los propios núcleos cabecera de los términos municipales sino de otras entidades poblacionales menores existentes en las zonas serranas extremeñas (entidades locales, pedanías, alquerías…). El conjunto del Sistema Central extremeño o la zona de Villuercas-Ibores en los Montes de Toledo, son los casos más evidentes de esa abundancia de pequeños núcleos dependientes. Si en los Ibores uno de los casos más singulares es el de Cabañas de Castillo con tres núcleos como son Roturas, Casas y Solana de Cabañas; Los casos más claros y ejemplificadotes de esa intensa fragmentación y ocupación dispersa del territorio se advierte en la comarca de la Hurdes (6 núcleos cuentan con más de 40 alquerías dependientes de aquéllos) o la rayana Valencia de Alcántara, en el borde más occidental de la Sierra de San Pedro, que cuenta con nueve poblaciones dependientes de dicha cabecera. Esta “dispersión concentrada” de la población genera importantes retos para la gestión ya que los núcleos matrices han de proporcionar la misma calidad y cantidad de servicios a todos y cada uno de los núcleos de su término lo que es más costoso en términos económicos y más complejo desde el punto de vista de la gestión.
El mantenimiento de esta distribución en pequeños núcleos se convierte no obstante en un elemento diferencial y de mayor atractivo para ciertas actividades económicas que propician la inversión (turismo, búsqueda de mayor tranquilidad…) pero, sobre todo, porque permite el mantenimiento de la población en el territorio, en el más cercano, el que viven y vivieron, al que se sienten íntimamente unidos y del que forman parte.
Resulta destacable en el caso de la montaña extremeña y del conjunto del territorio regional que no se haya producido el abandono o el cierre demográfico de núcleo alguno en las zonas montanas del Sistema Central y los Montes de Toledo. Una situación muy destacable y a valorar que se produce gracias a las acciones emprendidas para propiciar y potenciar el desarrollo rural por parte de la Junta de Extremadura y de los Grupos de Desarrollo Local, así como por la propia capacidad de las poblaciones locales. Todo ello a pesar de la abundancia de núcleos de población (cabeceras, poblados y pedanías ), de la reducida población con que cuentan y de las importantes pérdidas demográficas sufridas durante las décadas de los años 1960 y 1970 que situaba a estas zonas y poblaciones en situaciones especialmente críticas.

2.2. Arquitectura
La montaña, precisamente por lo que ha significado de dificultad y de adaptación de las comunidades montanas a las particularidades y singularidades del espacio físico, muestra una arquitectura singular, diversa y de alto valor patrimonial y funcional. En el Sistema Central encontramos básicamente dos variantes en la vivienda tradicional. En las zonas más montañosas las edificaciones son en general de pequeñas dimensiones, de una planta o contando con otra que hace de buhardilla o de parte de la vivienda, con claro predominio de cubiertas a dos aguas y utilizando en las paredes mampostería irregular de granito; pequeños vanos y, en algunas localidades, un pequeño balcón cuyo piso aparece volado sobre el dintel de la puerta. En las zonas de media montaña o de fondo de valle la técnica constructiva tradicional es la del entramado, con viviendas bloque unidas entre sí, generando calles angostas e irregulares, cerradas en altura; los bloques graníticos de la primera planta en la que se situaba la cuadra, el acceso al patioservicio posterior y a la bodega, dan paso a las dos plantas al exterior (tres hacia el interior) en la que predominaba la utilización de madera y adobe con hastiales de
tejas dispuestas verticalmente o de tablas imbricadas dispuestas paralelas al suelo. Los pisos, por encima de la cuadra y con madera apisonada se correspondían con el comedor, las alcobas y el vasar; en el siguiente se encontraba la cocina que daba paso a un último piso en el que se secaban los alimentos, saliendo los humos a tejavana en una cubierta sin chimeneas.
Esta modalidad del entramado con magníficos ejemplos en San Martín de Trevejo, Hervás, Baños de Montemayor y la mayor parte de los pueblos de la Vera (Villanueva y Valverde de la Vera o Garganta la Olla son los ejemplos más claros), también se apunta en Guadalupe y en algunas viviendas de algunas localidades del borde norte de Villuercas. La madera, el adobe, el granito…todos los elementos naturales se integraban en una vivienda funcional sometida a importantes cambios interiores, pero manteniendo la estructura y materiales externos; siendo además modelos para los procesos de recuperación y rehabilitación.
En la mayor parte de los núcleos de Villuercas y en la comarca de las Hurdes la construcción es fundamentalmente con mampostería de pizarras de pequeñas dimensiones, con esquinazos de bloques trabados y dinteles reducidos generalmente de madera y en ocasiones de pizarra. Pizarras de colores grisáceos o negruzcos o de color amarillento y rojizo elevados de tono por la argamasa arcillosa utilizada. Viviendas de una sola planta o de dos provocadas por las fuertes pendientes a las que se adaptan de forma sorprendente. Las viviendas conforman volúmenes irregulares que generan una trama urbana igualmente irregular y zigzagueante.
Sus cubierta están realizadas generalmente a dos aguas, o tan sólo a una, con teja árabe y con lanchas de pizarra imbricadas en la comarca de las Hurdes.

2.3. La cultura
Las zonas de montaña del sistema Central y los Montes de Toledo muestran unas manifestaciones culturales diversas y ricas. Por una parte, en el patrimonio rural vinculado a las propias actividades agrarias, tan valioso como infravalorado en demasiadas ocasiones, encontramos elementos de alto valor como son los cerramientos y los propios bancales que han generado suelo, que lo han mantenido y que han geometrizado y compartimentado el paisaje, en unos caso en las fuertes pendientes y en otros casos en las Hurdes haciendo aparecer meandros fértiles en el fondo de los arroyos en dura competencia con las aguas de torrentes y arroyos de montaña. Los chozos de pastores son de un alto valor con sus formas diferentes que se manifiestan en los chozos casi cónicos de granito y cubiertas de escobas y piornos temporalmente ocupado por los ganaderos trasterminantes de la Vera y del Valle del Jerte. Una modalidad en fuerte contraste con los Chozus mañegus básicamente cilíndricos, todos en piedra granítica y con cubierta del mismo tipo de materiales.
Un rico patrimonio rural que se recrea y enriquece en los molinos y almazaras de aceite y grano que han transformado la energía tradicionalmente en harinas y aceites o en los azudes para el riego de huertas y en las tradicionales pesqueras; pero que encuentra en pozos, fuentes y manantíos pequeñas construcciones que hablan de la capacidad de las poblaciones locales y de la funcionalidad e integración de estas pequeñas construcciones. Los puentes y pasaeras que permitían sortear arroyos, torrenteras, gargantas y ríos aventados o remansados cuentan con importantes y abundantes manifestaciones. En unos casos, con un valor de la cultura y funcionalidad acumuladas y en otros con el que les confiere su origen medieval, en ocasiones asociados –del mismo modo que los descansaderos- a los movimientos trashumantes y a las cañadas, cordeles y veredas que cortan perpendicularmente los espacios serranos del Sistema Central y los Montes de Toledo en Extremadura y que en sí mismos como los propios caminos constituyen parte del patrimonio rural.
Un elemento patrimonial de especial singularidad y valor lo constituye las variedades en la forma de hablar que tienen un componente muy local. De un modo especial hay que considerar que en el borde más occidental del Sistema Central español, en la rayana Sierra de Gata encontramos A fala, una modalidad singular en el modo de hablar vinculado al Val de Xalima. Esta modo de lengua oral se practica con variedades en cada una de las tres localidades en las que se habla: el mañegu en San Martín de Trevejo, el valverdeiru en Valverde del Fresno y el lagardeiru en Eljas.
Las manifestaciones gastronómicas son una muestra más de la capacidad de las sociedades rurales, en particular de las mujeres, de convertir la necesidad en virtud, aprovechando los productos existentes en la zona. Algunos de los platos, como las sabrosas y apreciadas ensaladas de limón, son de una elevada singularidad y son característicos de zonas como las Hurdes, aunque no faltan en otras áreas como la Sierra de Gata. Los aceites y pimentones de calidad forma parte de los platos tradicionales y característicos de economías pastoriles y de montaña extremeña como son el cabrito, el frite o las migas. También la caza y los apreciados barbos, carpas y, particularmente en el valle del Jerte y la Vera, las truchas. Una gastronomía que se recrea y encuentra nuevos sabores con las aportaciones de frutos como cerezas, frambuesas y fresas.
Los elementos festivos y folclóricos muestran una mezcla de la religiosidad y de la cultura tradicional y popular en las zonas de montaña. Los trajes y canciones tradicionales muestran un enorme colorido y variedad que se manifiesta en refajo y pollera, en cantes y sones, pero también en la presencia tambores y gaitas que de un modo rítmico y en ocasiones monocorde acompañan todos los momentos festivos.

3. Aprovechamiento
La montaña ofrece y muestra un amplio conjunto de aprovechamientos que han ido cambiando a lo largo del tiempo y que continuarán haciéndolo en el futuro. Los aprovechamientos cinegéticos y piscícolas siempre están presentes en la montaña, tanto en el Sistema Central como en los Montes de Toledo. Unos aprovechamientos que en lo cinegético se realiza desde un punto de vista privado ya sea en su vertiente deportiva o más comercialempresarial, mientras que en otros casos es a través de la oferta pública de caza de la Junta de Extremadura como pueden ser los cotos regionales y Reserva Regional de Cíjara en Villuercas y Siberia o en la Reserva Regional de Caza de la Sierra en el Valle del Jerte-La Vera.

Terrenos bajo gestión cinegética de la Junta de Extremadura

Nombre             Tipo-sección forestal            Superficie (Has)               Términos Municipales
Cíjara                R.R. Siberia                            24.999,0               Helechosa, Villarta, Fuenlabrada
                                                                                                     de los Montes, Bohonal y
                                                                                                        Herrera del Duque

Valdecaballeros  C.R. Siberia                            8.017,0                  Valdecaballeros, Puebla de
                                                                                                     Alcocer, Talarrubias,
                                                                                                      Casas de D. Pedro
                                                                                                        y Castilblanco

Guadalupejo      Z.C.C. Siberia                         2.624,4                Valdecaballeros y Castilblanco

EL Sotillo           Z.C.C. Siberia                           191,0                  Fuenlabrada de los Montes

Monfragüe        P.N. Monfragüe                       18.386,0                 Casas de Millán, Casas de
                                                                                                Miravete, Mirabel, Serradilla,
                                                                                                       Serrejón, Toril y
                                                                                                      Torrejón el Rubio

La Sierra           R.R. Vera-Jerte                       13.010,0                    Tornavacas, Guijo de
                                                                                               Sta. Bárbara, Losar de la Vera,
                                                                                               Viandar y Jarandilla de la Vera

Matallanas        C.R. Ibores-Villuercas              15.389,0                   Alía y Villar del Pedroso

Gargantillas      C.R. Ibores-Villuercas                6.047,0                       Alía y Cañamero

Cañamero        C.R. Ibores-Villuercas                2.655,0                         Cañamero

Granadilla         Z.C.C. Ambroz                          4.944,0                   Zarza de Granadilla

Valdecaballeros Z.C.C. Gata                              1.300,0                           Cilleros

Teso Moreno     Z.C.C. Gata                              1.700,0                           Cilleros

El Cenal           Z.C.C. Ibores-Villuercas                168,0                          Cañamero

J. Extremadura. Consejería de Industria, Energía y Medio Ambiente. D. General de Medio -atural R.R.: Reserva Regional C.R.: Coto Regional Z.C.C.: Zona de Caza Controlada

Los aprovechamientos ganaderos de cabra, fundamentalmente en La Vera y en la zona de Villuercas-Ibores y arco de sierras de Monfragüe, se completan con los ovinos y, especialmente los bovinos, que se desarrollan en zona de valle y media montaña y con movimientos trasterminantes. En uno y otro caso, las montañas del Sistema Central serán atravesadas periódicamente por trashumantes que tiene su destino, e incluso superan, las tierras de los Montes de Toledo. Un movimiento que desde hace más de cinco siglos establece de un modo permanente nuevos lazos con las gentes serranas que a lo largo del tiempo fueron quedándose en estas tierras montanas siguiendo las cañadas reales, y la red de cordeles y veredas procedentes de las montañas de León, de las tierras sorianas y de las riojanas de Cameros.

Vías de trashumancia: Sistema Central y Montes de Toledo
– C.R. Vizana o de la Plata
– C.R. Soriana Occidental
– C.R. Leonesa Occidental
– C.R. Leonesa Oriental
– Cordeles…
– Veredas…

Las zonas de montaña y del Sistema Central cuentan con una dilatada tradición en el aprovechamientos de sus espacios forestales, aun cuando ellos han sufrido importantes agresiones en unos caso con las importantes repoblaciones foráneas de pinos y eucaliptos realizados entre 1940 y 1975, así como por los incendios forestales que a pesar de los fuertes dispositivos forestales de las últimas décadas ha afectado a importantes superficies arboladas de un modo singular desde la década de los años 80. A pesar de lo se ha dado un aprovechamiento forestal sostenible cuyos ejemplos más claros están precisamente en la complementariedad y concurrencia de usos (cinegéticos, forestales, ganaderos, apícolas, de ocio…) y de clara sostenibilidad. Posiblemente los mejores ejemplos de tales usos sostenibles y mantenidos a lo largo del tiempo sea la extracción y producción de corcho en los alcornocales que se ubican fundamentalmente en la Sierra de San Pedro y, en menor medida, en la Las Villuercas, en el arco de Sierras de Monfragüe-Serrejón o en el piedemonte del Sistema Central. El uso controlado y mantenido de la montaña para la producción maderera se ejemplifica y encuentra básicamente en el Valle del Ambroz en el conocido como Castañar Gallego perteneciente a la localidad de Hervás. Otros usos tradicionales como la producción de leña se asocia al conjunto de ambos espacios serranos, mientras que la producción de carbón vegetal –actividad en claro retroceso- se lleva a cabo aún, y fundamentalmente, en la Sierra de San Pedro a partir de los productos de la poda y de la entresaca de encinas, alcornoques y, coyunturalmente, olivos.
Los aprovechamientos apícolas están extendidos de un modo general por el conjunto de las zonas de montaña a las que nos referimos, especialmente por el carácter trashumante que tiene este tipo particular de ganadería, sin embargo, cuenta con dos enclaves principales:
– la zona de las Hurdes, orientada principalmente a la producción de la miel y, en menor medida, del cerón y del polen
– la zona de los Montes (borde norte de la Siberia) con producción principalmente de polen y, en menor medida, de miel y cerón.
Las zonas de montaña del Sistema Central especialmente, y en menor medida las de los Montes de Toledo, se caracterizan por contar con significados aprovechamientos agrícolas.
Importantes no solo por su existencia sino por su extensión, abundancia y producción, así como por la calidad reconocida de los mismos. Es más que llamativa, conocida e importante la presencia del cerezo en el conjunto del Valle del Jerte, a la que se unen las superficies cubiertas de cerezos en expansión por la Vera, el Valle del Ambroz y las Hurdes. Una actividad de importante significado económico, de alta promoción del territorio y de elevada difusión de las capacidades de la gente de la montaña tanto por la producción en sí, por su alta calidad así como por el proceso asociativo que ha supuesto y el alto valor que tiene este hecho en los espacios rurales y montanos.
Si la producción de cerezos tiene un alto valor por su construcción de paisaje y por su perdurabilidad, son también importantes otros cultivos en unos casos de más reducida extensión y localización dispersa como es el kiwi o la frambuesa en la Vera, o de un modo más concreto y localizado como son las fresas en Casas del Monte en el valle del Ambroz. Evidentemente un mayor alcance significado e identidad tiene un cultivo como es el pimentón que si bien tiene su implantación fundamental y de muy amplia y dilatada tradición en la Vera no falta en localidades del valle del Ambroz como es Aldeanueva del Camino.
Los olivares característicos del mundo mediterráneo estarán presentes ocupando superficies importantes en el entorno de localidades de zonas montanas de baja altitud de la Sierra de San Pedro-Montánchez, de la zona de los Ibores y, de un modo especial en las zonas de Hurdes y Gata. En estas últimas zonas tiene un mayor significado especialmente por contar características propias del cultivo de montaña (superficies muy fragmentadas, de muy pequeñas dimensiones y dispersas, elevadas pendientes y dificultades de acceso, producciones más reducidas…) aunque son de una elevada y reconocida calidad.

3.1. El paisaje como síntesis e interacción naturaleza/ser humano
El conjunto de los factores físicos y la actividad del ser humano mantenida a lo largo de la Historia, con su ciclos cambiantes y con su particularidades y modos de intervención para la obtención de los recursos alimenticios y en la ocupación del terreno es el entramado fundamental que conforma el paisaje de montaña. Un paisaje que se caracteriza como hemos ido indicando por su diversidad e incluso por su disparidad entre ambos conjuntos, pero también entre cada una de las comarcas e incluso en el interior de cada una de ellas.
Un paisaje que se muestra, en unos casos, fragmentado y en mosaico por cercados y paredes, por caminos y bancales y que en otros casos aparece en grandes retazos y manchas por el predominio de grandes propiedades –públicas o privadas- o por el predominio de grandes masas de vegetación. Un paisaje de colores y tonos cambiantes con las estaciones que se muestra en la vegetación natural y con las variaciones en los ciclos del uso del suelo y de los cultivos agrícolas herbáceos y leñosos. Un paisaje sonoro de avifauna alternante subsahariana y del norte de Europa y de una meteorología tormentosa que llena de sonidos la montaña, que se manifiesta en los mil sonidos del agua siempre presente o del agua añorada en estiajes y sequías.
Un paisaje a la vez humanizado y aparentemente bravío en el que el ser humano ha estado presente desde tiempos pretéritos como lo atestiguan los restos neolíticos de pinturas o de construcciones megalíticas o como lo muestra el propio hábitat. Un paisaje vivo, vivido y percibido en permanente deconstrucción y reconstrucción. Un paisaje permanente e inestable, rico y diverso.

4. Espacio y situación geográfica

4.1. En los contextos políticos
La diversidad de las montañas del Sistema Central y de los Montes de Toledo se caracterizan por su diversidad en lo referido a los contextos políticos administrativos en que se insertan.
Por una parte, se trata de contextos nacionales diferenciados al ubicarse los extremos más occidentales de los Montes de Toledo y el Sistema Central como espacios nítida y claramente fronterizos y rayanos. También en lo que nos afecta al ámbito estrictamente español porque se trata de Comunidades Autónomas diferenciadas por el levante Castilla la Mancha y por el norte Castilla León que en el extremo más oriental del Sistema Central también es lindera. Los espacios provinciales es evidente que se corresponden con diferentes provincias en el caso de las Comunidades Autónomas (Salamanca y Ávila en Castilla León y Toledo y Ciudad real en el caso de los montes de Toledo) y en el caso de la propia Extremadura la ubicarse los Montes de Toledo en su mayor parte como un espacio limítrofe y de unión de las realidades administrativas de Badajoz y Cáceres.
Un hecho que se agudiza a un más hasta las entidades de carácter comarcal y local.
En el caso de las agrupaciones supramunicipales esta situación se hace relativamente más compleja en algún caso por la no coincidencia espacial y en cuanto a los municipios que la integran entre las Mancomunidades Integrales de Servicio y los Grupos de Desarrollo que encuentran en estas zonas de montaña una importante presencia, siendo destacable el hecho de que los de la Sierra de Gata (ADISGATA) y del Valle del Jerte (SOPRODEVAJE) fueron pioneros en la iniciativa LEADER a comienzos de la década de los años 1990.

Grupos de desarrollo
Sistema Central                   Montes de Toledo
ADISGATA                           SIERRA DE SAN PEDRO LOS BALDÍOS
HURDES                              LACARA *
DIVA                                  ADISMONTA *
CAPARRA *                         ADICOMT *
SOPRODEVAJE                     APRODERVI
LA VERA                              MONFRAGÚE *
                                         ADESVAL *
* Grupos con presencia parcial en las respectivas zonas de montaña

Esta fragmentación de ámbitos administrativos ha de verse fundamentalmente como una representación de los diferentes ámbitos de la toma de decisiones que en muchos casos están aglutinadas por las realidades municipales en espacios de mayor rango comarcal o provincial, pero que cuenta con mayores matices y diferencia en los casos en los que se trata de Comunidades Autónomas y más de países.

4.2. Con relación a núcleos y espacios urbanos
La diversidad de la montaña ha de contemplarse también en relación a la posición que nuestras montañas se sitúan con relación a lo que son hasta el momento los grandes vectores y ejes rectores funcionales en el ámbito territorial. Las ciudades y aglomeraciones urbanas se convierten en un elemento de oportunidad y de amenaza ya que ejercen una notable influencia en forma de presión (demandando espacio recreacionales y territorio), si bien en otros casos –y las más de las veces de un modo simultáneo- se convierten en un elemento de atracción de recursos y lo que es más grave de efectivos demográficos de un modo definitivo o temporal con movimientos pendulares diarios desde las zona rurales a los espacios y aglomeraciones urbanas. Un hecho de la atracción, y también de oportunidad, que ha de considerarse en relación con la existencia de importantes infraestructuras viarias y de medios de transporte suficientes entre las ciudades y áreas urbanas y su entorno rural inmediato o lejano.
El significado de la atracción o de la oportunidad que significan las áreas urbanas con relación a los espacios montanos ha de verse en una triple escala. Por una parte, los núcleos comarcales que actúan en un nivel más próximo e inmediato a los espacios rurales de montaña.
Se trata de núcleos que en ocasiones desempeñan el papel de cabeceras comarcales funcionales, pertenezcan o no a esas comarcas y territorios (Coria y Moraleja, Navalmoral de la Mata, Montijo, etc.). Por otra parte, se trata de espacios urbanos de mayor tamaño –independientemente de que se encuentren o no en nuestra Comunidad Autónoma- con una entidad propiamente urbana (Plasencia y Talavera de la Reina en el Sistema Central y Mérida en los Montes de Toledo), así como de las capitales de provincia (Badajoz, Cáceres, Salamanca).
Por último hay que mencionar aquellas aglomeraciones urbanas que por su magnitud y por su relativa proximidad incluyen a los espacios montanos a los que nos referimos en sus área de influencia; es el caso fundamentalmente de Madrid y, en menor medida, de Sevilla.
Los espacios de montaña relativamente alejados de los grandes núcleos o en espacios que marcan el límite de influencia de las atracciones urbanas, como es el caso de la Sierra de Gata, pueden encontrarse en mejores condiciones para mantener sus referentes de diferenciación, identidad y, por tanto, gozar de mayor oportunidad.

Oportunidad
Actualmente la montaña constituye un espacio de oportunidad. Un espacio y entorno territorial y socioeconómico con una perspectiva amplia y un futuro totalmente abierto. Pero la montaña, a diferencia de lo que ocurría hace décadas o de lo que ocurre con otros territorios y, por tanto, con otros conjuntos humanos que en ella habitan y que ayudan a la conformación de su paisaje, tiene su referente de oportunidad precisamente en aquellos elementos que anteriormente contribuyeron a su aislamiento (fragmentación, diversidad, fragmentación del hábitat, aislamiento, naturalidad, etc.). También ha de verse ese referente de oportunidad en el nuevo marco político social, económico y tecnológico actual, que ha cambiado, y en los referentes de aislamiento físico –que en sí mismos han desaparecido o se han visto notablemente mitigados- por lo que han quedado en un segundo plano y mediatizados por la conectividad que han generado las nuevas tecnologías.

1. El marco positivo de percepción de la montaña
El espacio rural se percibe en la actualidad, y en los diferentes marcos de decisión y de gestión, de un modo positivo. Esto es así a pesar del profundo efecto de atracción que siguen teniendo las ciudades -o precisamente como contraste y necesidad de las poblaciones urbanas ante este fenómeno- El modelo de desarrollo crecientemente urbano y urbanizado en los países desarrollados simultáneamente tiende a mostrar claros síntomas de agotamiento. Tiene lugar desde ellos un proceso de salida, de vuelta y ocupación del territorio rural en un proceso de rurbanización con un doble y opuesto sentido (vuelta al mundo rural y, simultáneamente, recreación y reproducción del espacio y comportamientos urbanos en los ámbitos rurales).
La mejora del nivel de vida en las zonas rurales así como la equiparación con las zonas urbanas en cuanto a los niveles de bienestar, dotación de servicios de calidad, se ha combinado con el mayor nivel de desarrollo y diversificación de las actividades económicas como consecuencia de las iniciativas locales, de la acción de los Grupos de Desarrollo y de las políticas llevadas a cabo por las Administraciones Públicas del Gobierno Central y, de un modo especial, por las Comunidades Autónomas y la Junta de Extremadura en lo que se refiere a nuestro ámbito territorial.
Sea de un modo u otro, lo cierto es que el mundo rural ha comenzado a verse de un modo positivo, como un territorio en el que desarrollar determinadas actividades y en el que se producen iniciativas y existe un nivel de emprendimiento creciente. Es un espacio que se percibe como una reserva de ocio, confirmada en muchos casos y potencial en todos sus aspectos.
Esta consideración positiva y valoración del territorio rural e incluso de la sociedad rural se produce posiblemente con mayor intensidad en lo que se refiere a las zonas de montaña por el efecto de atracción que comportan y por el mantenimiento en las mismas de unas mayores y mejores condiciones de esa naturalidad y de ruralidad a la que se aspira y se demanda.
Tal valoración, que puede advertirse en el ámbito social, tiene un claro reflejo en otros ámbitos de decisión y gestión, aun cuando el nivel de valoración y de implicación puedan parecer o ser aun insuficientes.
1. En el marco de la UE con el creciente papel que en la última década han tenido las políticas de Desarrollo Rural especialmente a partir del Programa e iniciativa LEADER y de los Grupos de Desarrollo Local.
2. En el ámbito español. El apoyo y el mantenimiento de las políticas de desarrollo rural ha sido propiciado con el apoyo a las programas LEADER y con la puesta en marcha de un programa específico como es el PRODER. Indudablemente la mayor apuesta ha sido la elaboración, discusión y definitiva aprobación de la Ley para el desarrollo sostenible del medio rural (Ley 45/2007, de 13 de diciembre) que debe tener su desarrollo en la legislatura 2008-2012 y que coincide básicamente con el último periodo de aplicación de medidas de apoyo desde la UE (2007-2013).
3. En Extremadura. La fuerte apuesta por el mundo rural y por la atención en infraestructuras y servicios a las poblaciones rurales se ha ido llevando a cabo desde la aprobación del Estatuto de Autonomía de Extremadura mediante la aplicación de diferentes políticas sectoriales que en su conjunto, unido a las acciones de otras administraciones y en especial de la población local, ha impedido que se vacíe demográficamente y se abandone población alguna en Extremadura. Las acciones específicas en Desarrollo Rural se han reforzado con la puesta en marcha en la legislatura 2103-2007 de una Consejería de Desarrollo Rural y su conversión en Consejería de Agricultura y Desarrollo Rural en 2007-2011, unido a una reestructuración y conformación del mapa de Mancomunidades Integrales de Servicios. Un proceso al que se ha de unir para el conjunto regional la prevista Ley de Desarrollo Rural que tendrá un efecto positivo y dinamizador en las zonas rurales y, por tanto, en los espacios de montaña.
4. En los ámbitos territoriales. Ya hemos señalado el carácter pionero de la puesta en marcha de iniciativas de desarrollo a comienzos de la década de los años 1990, pero en este período se ha producido un fuerte consolidación de estas estructuras territoriales (LEADER y PRODER) ala vez que se iban implantando otras relativas a los servicios a partir de la configuración de lo que será el mapa definitivo de las Mancomunidades integrales. Se advierte una creciente implicación de la población local y la participación en proceso de desarrollo. por otra parte desde las propias estructuras de los Grupos de Desarrollo y de los ámbitos institucionales que los soportan (Junta de Extremadura, Diputaciones Provinciales) se apuesta por la cooperación y la generación de subredes y redes de Grupos de Desarrollo tanto regionales, como extrarregionales y con el referente espacial de actuación transfronterizo con Portugal, de la UE e incluso fuera de ella.

2. Viejas y nuevas fronteras
Las zonas de montaña en la zona a que nos referimos cuentan en su mayor parte con el referente de ser espacios fronterizos y de contacto, más que espacios periféricos (en la consideración antigua que dependía exclusivamente de la excentricidad respecto a los grandes núcleos urbanos e industriales y de la existencia de importante vías de comunicación física). De hecho salvo el tramo central de los Montes de Toledo extremeños el resto de las zonas montanas a las que nos referimos tienen ese sentido de frontera. Se trata en todo caso de dos tipos de bordes y, mejor aun, de charnelas.
1. Fronteras de la UE: Tanto la Sierra de Gata, en el Sistema Central, como la Sierra de San Pedro, en los Montes de Toledo, tienen el carácter estrictamente de fronterizos y desarrollan su continuidad en las portuguesas Sierra de Malcata y San Mamede, respectivamente. Un espacio de cooperación potenciado especialmente desde el gobierno regional por el mandato de nuestro Estatuto de Autonomía, por el Gobierno de España y por la propia UE a partir de iniciativas como las relativas a los programas INTERREG. Unas iniciativas de cooperación que no habrían tenido sentido si desde los ámbitos locales y territoriales y, sobre todo, por el conjunto de la población local y el conjunto de la sociedad rayana se hubieran tomado más que como un derecho como una oportunidad.
2. Fronteras de las Comunidades Autónomas: El carácter de borde asegura una mayor diversidad, pero además asegura una acción específica en el ámbito internacional tanto por la iniciativa de la UE mediante los programas Interreg así como de los propios gobiernos nacionales y, en el caso de España, de la Comunidad Autónoma de Extremadura. En el caso de los bordes de las Comunidades Autónomas se percibe por parte de los gobiernos regionales como una necesidad de actuación, para evitar reproducir, en otra escala, los viejos modelos territoriales centralistas.

3. Dotación de infraestructuras
Los espacios de montaña actualmente cuentan con las infraestructuras básicas de las que hasta hace unas décadas carecieron (abastecimiento, sanidad, transporte), unas infraestructuras que, no obstante, han de continuarse mejorando en cuanto a la calidad y la mejor dotación de las mismas. Tales dotaciones no solo aseguran una calidad e igualdad de servicios de los que gozan los habitantes de las zonas de montaña sino que les proporcionan nuevas oportunidades a ellos de un modo directo o a través de las expectativas territoriales que sobre estos espacios se abren con tal dotación de servicios.
Un aspecto especial de estas infraestructuras es el relativo a las vías de comunicación por cuanto no solo aseguran la calidad y dotación necesaria para los habitantes montanos, sino porque acercan y abren mercados tanto para los productos de la montaña (el caso de los productos como la cereza puede ser el más relevante), como para la oferta de servicios turísticos que la montaña puede ofrecer en el ámbito terciario (ocio, recreo, turismo, cultura).
Las vías de gran capacidad y la red de carreteras de diferentes administraciones (especialmente las regionales y las provinciales) han mejorado considerablemente por la capacidad de autogobierno de las Comunidades Autónomas y la coordinación con las políticas de infraestructura provinciales. Una mejor a de las infraestructuras que ha sido más importante por la aportación de los fondos de la UE por la consideración de Extremadura como objetivo 1. Especial relevancia tienen las vías de gran capacidad que
las cortan y vertebran perpendicularmente como son la Autovía de la Plata o la Autovía  del Suroeste, pero también otras como la Autovía País Vasco- Fuentes de Oñoro o el eje Navalmoral de la Mata-Plasencia-Frontera portuguesa.
Unas vías de gran capacidad que se articulan con un entramado de carreteras que conforma la red regional y provincial que consigue la vertebración territorial y la cohesión social haciendo más permeable y accesible el conjunto del territorio y particularmente zonas de montaña como las del Sistema Central y Montes de Toledo. La zonas de montaña del Sistema Central y de los Montes de Toledo en Extremadura, como el resto del conjunto regional cuentan con nuevas infraestructuras para nuevos tiempos.
Los núcleos en las zonas de montaña en Extremadura cuentan además con unas dotaciones en materia de comunicaciones similares a las de los espacios de llanura e incluso a las zonas urbanas. Una cuestión que se ha producido especialmente en aquellos servicios y dotaciones que tienen un origen o carácter público (televisión, radio, acceso a Internet…). De un modo especial la puesta en marcha de la banda ancha para el conjunto regional ha sido un hecho relevante para conseguir la equiparación y cohesión territorial y social, como también lo ha sido la puesta en marcha de medios de comunicación de carácter y titularidad pública y autonómica. Es innegable, sin embargo, que las propias características físicas del medio dificultan aun, o ha hecho enormemente costoso, conseguir una equiparación casi universal del conjunto de la población rural de las zonas de montaña.
Las zonas de montaña del Sistema central y de los Montes de Toledo se han visto inmersas en un proceso de creciente accesibilidad que le proporcionan las infraestructuras viarias y las nuevas vías de comunicación. De una y otra forma, especialmente con estas últimas, las zonas de montaña se han hecho más accesibles y permeables, han dejado de ser periferia; falta aún que la población local en su conjunto lo sienta como tal y lo interiorice para convertir esta nueva situación en una oportunidad.
Las zonas de montaña del Sistema Central y de los Montes de Toledo se enfrentan a un reto y a una oportunidad si además consiguen optar y comprometerse con los principios de accesibilidad universal. Una acción que los convertiría en territorios pioneros en una apuesta por la corrección de desigualdades, por la equiparación de derechos y por la oferta de calidad y homologable para el conjunto de la población y especialmente pensando en ese importante y significativo porcentaje de población – en torno al siete por ciento- que tiene más dificultades por contar con algún grado de discapacidad.
Un alcance aun mayor si la acción sobre el conjunto del territorio, sobre los servicios públicos, sobre las empresas y nuestros pueblos lo hacemos pensando además en un estrato aun mayor de población que cuenta o que contará en un futuro inmediato con movilidad reducida.

4. Excelencia y calidad

4.1 En productos
Los productos de la montaña han de apostar claramente por la excelencia y por la calidad. Posiblemente los mejores ejemplo de ambas sean las Denominaciones de Origen (D.O) por lo que significan de trazabilidad en la que se combina capacidad, profesionalidad, naturalidad y seguridad alimentaria. Resulta significativo que precisamente en las zonas que nos ocupan estén presentes un total de diez D.O. (tres en el Sistema Central y siete en los Montes de Toledo). Un referente de calidad que se encuentra igualmente en otros productos, aunque no gocen o no se integren en ese tipo de declaraciones y de reconocimiento, como es la miel de Hurdes, las maderas del Valle del Ambroz o los vinos de la Sierra de Gata. También podrían tener este referente de calidad algunos otros productos como son los cinegéticos (monteses de Gredos, venados o jabalíes de Sª San Pedro y Villuercas, o del área de Monfragüe) u otros piscícolas como la trucha que tienen su origen en espacio de calidad natural reconocida como es el Valle del Jerte.

Denominaciones de Origen

Denominación de Origen              Sistema Central                    Montes de Toledo
Cereza del Jerte                          Valle del Jerte
                                                 La Vera
                                                 Valle del Ambroz
Aceite                                        Gata-Hurdes Sierra de Gata
                                                Las Hurdes
                                                Valle del Jerte
Pimentón Vera                            La Vera
                                                Valle del Ambroz
Queso Ibores                                                                        Villuercas -Ibores
Torta del Casar                                                                      Sierra de Montánchez
Miel de Villuercas                                                                   Villuercas- Ibores
Ribera del Guadiana                                                               Villuercas- Ibores
                                                                                           Sierra de Montánchez
                                                                                           Sierra de San Pedro
Dehesa de Extremadura                                                         Sierra de Montánchez
                                                                                           Villuercas-Ibores
                                                                                           Sierra de San Pedro
Ternera de Extremadura                                                         Sierra de Montánchez
                                                                                           Villuercas-Ibores
                                                                                           Sierra de San Pedro
Cordero de Extremadura                                                         Sierra de Montánchez
                                                                                           Villuercas-Ibores
                                                                                           Sierra de San Pedro

4.2. En servicios turísticos
El turismo constituye en la actualidad un importante aprovechamiento de los recursos de las zonas de montaña. Un tipo de uso y de consideración del territorio que se ha desarrollado en las dos últimas décadas pero que muestra claramente la capacidad de innovación y emprendimiento de la sociedad rural y de la iniciativa para conseguir una vía de diversificación de la economía en estos territorios. Entendido de este modo y con criterios de sostenibilidad es evidente que el turismo constituye una oportunidad para los territorios y la gente de la montaña, algo que ha sabido aprovechar y potenciar contribuyendo a la generación de empleo, al mantenimiento de la población rural en el territorio e incluso propiciando la atracción de la misma.
Resulta destacable cómo en dos décadas se ha ido consolidando una importante red de infraestructuras turísticas (hoteles, alojamientos rurales, restaurantes, oficinas de turismo, balnearios…) con el añadido de su amplia dispersión territorial lo que contribuye a la cohesión y sostenibilidad territorial, propiciando un mejor aprovechamiento de los recursos y pudiendo evitar dos situaciones profundamente contraindicadas en materia turística como son la estacionalización de la demanda y la concentración espacial de la misma.
Estas infraestructuras turísticas no solo tienen la importancia de su número relativamente importante y de su dispersión territorial, además de la notable diversificación en cuanto a su tipología. También hay que destacar la calidad de los mismos y que, en su inmensa mayoría, se trata de establecimientos de nueva planta, de reciente construcción o que han sufrido importantes mejoras. Muchos de ellos, por añadidura, están integrándose y desarrollando certificaciones de calidad turística. Las zonas de montaña a las que nos referimos cuentan además con importantes acciones de planificación turística que se encuentran en diferente grado de desarrollo, pero que durante tres años deben ser instrumentos de catalización de iniciativas de mejora y de cohesión del conjunto del sector turístico junto con la Administración General del Estado, la de la Junta de Extremadura y la de las entidades locales y provinciales.

Planes de Dinamización Turística

Sistema Central              Montes de Toledo
Sierra de Gata                 Las Villuercas
Hurdes                           Sierra S. Pedro-Baldíos
La Vera                          Villuercas

A las inversiones y acciones de estos Planes ha de añadirse el fuerte esfuerzo inversor que en los próximos años se producirá en el área del Parque Nacional de Monfragüe muchas de cuyas acciones tendrán que ver con la potenciación de los recursos naturales y patrimoniales para un usos turístico sostenible del territorio. Inversiones que aparecen en la propia Ley de declaración del Parque Nacional, las que se derivan de las convocatorias anuales para los municipios del parque y de su área de influencia socioeconómica, así como las importantes inversiones del Ministerio de vivienda para la rehabilitación del Castillo de Monfragüe que de hecho es una de los atractivos y Áreas de Uso Público más importantes del Parque Nacional y tanto para las poblaciones locales como para los turistas y visitantes.

4.3. En lo cultural
El patrimonio cultural de las zonas de montaña es especialmente valioso y se encuentra en un estado de preservación y mantenimiento relativamente aceptable. Ese patrimonio es una acumulación y reflejo de los grupos humanos que a lo largo del tiempo han ido pasando y estando presentes en estos territorios. Porque, frente a lo que pueda insistirse sobre el secular aislamiento de la montaña, estos espacios y los grupos humanos que en ellos se encuentran han estado sometidos a un mestizaje cultural importante y -gracias a la estructura compartimentada y en mosaico de los territorios y grupos humanos de montaña-
han pervivido, se han mantenido vivos y como referentes de identidad.
Una muestra de ello son el conjunto de fiestas locales y particularmente de aquéllas que han merecido su reconocimiento como Fiestas de Interés Turístico Regional (FITR). En estos momento existen once celebraciones que han sido declaradas y reconocidas como FITR en las zonas de montaña del Sistema Central y Montes de Toledo en Extremadura; todo ello sin considerar algunas otras FITR que, como ocurre en localidades como Plasencia y su Martes Mayor, están estrechamente ligadas a las zonas de montaña. Un número elevado en su conjunto, aunque precisamente en la zona de Villuercas e Inores tan sólo se haya reconocido la de la Virgen de Guadalupe y, en el caso de la Sierra de Gata no exista ninguna a pesar de los intentos de los técnicos de turismo y de algunas entidades para conseguir este reconocimiento para alguna festividad.

Fiestas de Interés Turístico Regional 2007

Denominación                 Localidad                            Fecha              Pobl. 2007
El Jarramplas                  Piornal (CC)                         Enero                    1.541
Pero Palo                       Villanueva Vera (CC)             Febrero                  2.129
Fiesta Cerezo en Flor       Valle del Jerte (CC)              (1) Marzo              11.380 (1)
Los Empalaos                 Valverde de la Vera (CC)        Marzo-Abril               605
Romería de San Isidro     Valencia de Alcántara (CC)     Mayo                     6.148
Octava del Corpus           Peñalsordo (BA)                    Junio                    1.287
La Enramá                      Pinofranqueado (CC)            Agosto                   1.671
Festival medieval            Alburquerque (BA)                Agosto                   5.805
Fiesta de la Tenca Manc.  Tajo-Salor (CC)                   (2) Agosto             28.827(2)
Día de Guadalupe           Guadalupe(CC)                    Septiembre             2.113
Los Escobazos                Jarandilla de la Vera (CC)      Diciembre               3.071

(1) Valle del Jerte: Mancomunidad de 11 municipios. (2) Mancomunidad Tajo-Salor 15 municipios
Fuente:
www.turismoextremadura (2006) www.ine.es (2008)

Otro aspecto relevante de la importancia y la oportunidad que genera el patrimonio y de lo que significa de excelencia y calidad de los territorios viene determinado por el conjunto de referentes patrimoniales que hayan merecido su reconocimiento con alguna de las figuras existentes sobre la materia.
Resulta significativa la existencia de un elevado número de municipios (40) que gozan de algún referente patrimonial reconocido. Así hay un total de 15 conjuntos históricos y 36 bienes de interés cultural en la montañas del Sistema Central y de los Montes de Toledo. La representatividad de la Sierra de Gata es elevada ya que nueve municipios cuentan con patrimonio cultural con algún grado de reconocimiento siendo reseñable y destacable el hecho de que existan 5 conjuntos arquitectónicos. Especial significado desde el punto de vista cultural es el hecho de que se cuente con el único elemento patrimonial inmaterial reconocido como Bien de Interés Cultural existente en toda Extremadura como es A Fala que tiene su materialización en las localidades de Valverde del Fresno, Eljas y San Martín de Trevejo con las variedades locales del valverdeiru, lagardeiru y mañegu respectivamente.
Indudablemente tienen una especial importancia desde el punto de vista patrimonial en la zona de montaña el hecho de que en la zona de Villuercas exista un núcleo como es Guadalupe cuyo Monasterio ha merecido la declaración y reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad por UNESCO.
Otro aspecto importante relativo a la importancia patrimonial y cultural de la montaña aparece reflejado en la existencia de una serie de museos y centros de interpretación sobre temática diversa. Es destacable en primer lugar el hecho de que en las zonas rurales y, en particular en estas zonas montanas, se cuente con este tipo de infraestructuras culturales, pudiendo erradicarse la idea de” ir a la ciudad a ver museos” y de que tan solo en ellas puede encontrarse y visitarse este tipo de instalaciones, aunque en muchos casos los recursos patrimoniales que los integran procedan de los núcleos y el ámbito estrictamente rural.

Museos de Extremadura. Consejería de Cultura 2006

MUSEOS FUNDACIONALES (localidad)                           Prov.         Visit.2004
Pérez-Comendador-Lerroux (Hervás)                          CC            11.112
Etnográfico Textil Pérez-Enciso (Plasencia)                   CC            14.271

MUSEOS DE IDENTIDAD (localidad)
Museo de la Cereza (Cabezuela del Valle)                   CC             9.200
Museo del Empalao (Valverde de la Vera)                    CC                550
C.I. del Tesoro de Aliseda (Aliseda)                            CC                692
Museo de los Auroros (Zarza Capilla)                           BA                473
Centro Interpretación Octava del Corpus (Peñalsordo)   BA                813

CENTROS DE NUEVA ADSCRIPCIÓN (localidad)
Museo Etnográfico Monfragüe en Serradilla (Cáceres)    CC             8.556

CENTROS DE INTERPRETACIÓN (localidad)
C. I. Vía de la Plata (Baños de Montemayor)                CC             4.260
C.I. del Ferrocarril (Hervás)                                        CC             3.290
C.I. ciudad romana de Cáparra (Plasencia)                  CC            18.613                         

Fuente: www. juntaex.es Anuario de Cultura. 2004.

En el ámbito cultural y patrimonial es relevante que tanto el Sistema Central como los Montes de Toledo se ven atravesados perpendicularmente por grandes itinerarios culturales de una riqueza y valor intrínseco considerable que han generado a lo largo del tiempo referentes de oportunidad y que, de un modo más notable, pueden hacerlo con mayor intensidad en el futuro. Son caminos de Historia y de intrahistoria, reflejo de grandes acontecimientos y también conformados fundamentalmente por la historia de hombres y mujeres sin historia, de poblaciones locales y viajeros, de peregrinos, comerciantes, emigrantes y trashumantes. Son caminos que en dos casos unen nuestros dos sistemas montañosos,pero que junto con el del Emperador Carlos V, de hondos referentes europeos, también nos
unen y relacionan con otros espacios de la montaña y del llano hacia el norte y el sur.
– La Ruta de la Plata es el gran eje cultural del oeste peninsular que atraviesa el Sistema Central por el Puerto de Béjar y Baños de Montemayor afectando al conjunto del Valle del Ambroz y, en su discurrir hacia el sur, transita por el contacto entre las Sierra de San Pedro y la Sierra de Montánchez en el modesto Puerto de la Herrerías.
– El camino del emperador Carlos V que ha tenido hasta el momento tres manifestaciones en diferente grado de desarrollo. Por una parte, la que se conoce como la Ruta de Carlos V organizada anualmente por la Federación Placentina de Montaña y que discurre entre las localidades de Tornavacas y Jarandilla de la Vera. Por otra parte y en los últimos años, auspiciada por diferente instituciones y entidades con la participación del a Fundación Europea de Yuste y la Mancomunidad de la Vera se ha comenzado a realizar el camino del emperador entre las localidades de Jarandilla de la Vera y Cuacos de Yuste. Por último, en los últimos años y con toda seguridad en un futuro inmediato se terminará de conformar el itinerario que discurre por varias Comunidades Autónomas que están participando en el proyecto junto con Ministerios como el de Turismo o el de Vivienda tratando de definir y poner en valor el trayecto entre Laredo (Cantabria) y Cuacos de Yuste en la comarca extremeña de la Vera y en la localidad a la que se retiró el emperador Carlos V.
Las vías pecuarias procedentes de las montañas del norte de la península, desde las tierras de León y Soria, trenzan el territorio atravesando perpendicularmente los grandes ríos peninsulares y las cadenas montañosas -como las que nos ocupan del Sistema Central y los Montes de Toledo- que tiene una disposición zonal y latitudinal. Desde las Montañas de León la Cañada Real Vizana o de la Plata seguirá el camino de la Ruta del Plata.
Un caso especial de los caminos e itinerarios en las zonas montanas a las que nos referimos lo constituyen lo que hasta hace poco tiempo se conocían como las Vías Verdes y que ahora se conocen como los Caminos Naturales. Son los recorridos ferroviarios en desuso y que se han convertido en vías para la práctica de un senderismo y cicloturismo sostenible y accesible. Actualmente tan sólo en un tramo de los Montes de Toledo, en la zona de las Villuercas, goza con una iniciativa y un proyecto de estas características. Se trata de la que se conoce como Camino Natural Vegas del Guadiana que cuenta con el tramo entre Villanueva de la serena y Logrosán, estando prevista su continuidad entre esa localidad y Guadalupe, para enlazar definitivamente con el Camino Natural de La Jara ya en la
Comunidad de Castilla la Mancha.
Un tipo de iniciativa de los caminos naturales que tiene un referente claro en el que podría realizarse siguiendo el trazado del antiguo ferrocarril de la Vía de la Plata al menos en su tramo entre Béjar y Plasencia, si bien posiblemente sería mejor su recuperación como un tren de tipo turístico.

4.4. En lo natural
La excelencia y la calidad en el ámbito natural lo constituye el conjunto del territorio del Sistema central y de los Montes de Toledo. Sin embargo de un modo especial ambos conceptos quedan reflejados en el número de espacios que han merecido su reconocimiento y declaración como Área Protegida tanto siguiendo la normativa autonómica como la que tiene su origen en esta y en normativas españolas o de la UE.
De este modo podemos destacar el elevado número de espacios considerado s como Áreas Protegidas en sentido estricto que además son de diferentes modalidades a tenor de sus valores naturales y de biodiversidad: árboles singulares, Parques naturales, reservas Naturales, Zonas de interés regional, Corredores ecológicos y de biodiversidad. Pero también otros de tanto valor y significado como Parques nacionales y Reservas de la Biosfera si consideramos el eje de la sierras de Serrejón-Monfragüe; o el parque Natural Internacional. Todo ello con el añadido de espacios tan próximo como el ZIR del Embalse de Orellana y Sierra de Pela o el Parque natural de Cornalvo.
Mención especial merecen el conjunto de Lugares de Interés Comunitario y de Zonas Especiales de Protección de Aves como partes constitutivas de la Red Natura 2000 que con base en Directivas de la UE traspuestas por el Gobierno de España se encuentran incorporadas a nuestra legislación autonómica y gozan del pertinente reconocimiento y declaración por la Junta de Extremadura.
Evidentemente a estos espacios protegidos y declarados como tales hay que añadir otros espacios como son las vías pecuarias que por su carácter de bienes de dominio público, inembargables e imprescriptibles tiene de derecho casi la misma consideración. Unas vías pecuarias cuyo mantenimiento y uso sostenible introduce nuevos elementos de valorización territorial, de calidad ambiental y de manifestación de capacidad de las poblaciones locales para mantenimiento y uso sostenido y sostenible a lo largo del tiempo.
Un conjunto importante de espacios que cuentan con algún grado de declaración y protección al que tal vez pudiera unirse, como hemos manifestado y defendido en alguna ocasión, el de una Reserva de la Biosfera Transfronteriza de la Raya que aglutinara e integrara un significativo número de áreas protegidas en el espacio fronterizo.
A la importancia en sí de los espacios protegidos ha de añadirse las infraestructuras que a los mismos se van añadiendo de un modo progresivo y creciente. Senderos, y miradores se unen a Centros de Interpretación y aulas de educación ambiental que canalizan los flujos de visitantes y turistas, contribuyendo al desarrollo y mejora de las condiciones de vida de la población local. Una optima distribución de este tipo de infraestructuras contribuye a un mejor aprovechamiento de los beneficios de estás áreas protegidas y de la atracción que generan, así como de los productos y servicios que proporcionan.
Este conjunto de Áreas Protegidas actualmente existentes constituye un enorme patrimonio natural de un elevadísimo valor y también marca un compromiso con el futuro en cuanto a su mantenimiento y preservación. Pero sobre todo es también un compromiso con las poblaciones locales que han de propiciar y potenciar su uso sostenible para estas áreas protegidas se conviertan en estas zonas de montaña en una auténtica marca de calidad territorial y de oportunidad para las poblaciones locales de las de ahora y del futuro.

5. El futuro
El futuro de las zonas de montaña arranca de una premisa estratégica que se convierte en una necesidad y en una oportunidad: Resulta imprescindible desarrollar una cultura de la cooperación y del trabajo en red.
Una visión estratégica que permita contrarrestar nuestras debilidades y convertirlas en oportunidades.
Es de este modo como debemos entender y aprovechar el hecho de contar con poca población, dispersa y sin los supuestos beneficios de las economías de escala. Para ello es fundamental practica de un modo permanente y activo una cultura de la cooperación; trabajando en red con nuestros entorno territorial más próximo o lejano y generando esa cultura con la población local habremos fortalecido nuestras posibilidades y oportunidades desde la singularidad y la diversidad.
La apuesta por el futuro en las zonas de montaña se basa en la potenciación de las cuatro ies: identidad, imaginación, investigación e innovación. Deberíamos apostar por mantener nuestros referentes identitarios sin generar nuevas fronteras, pero debemos hacerlo atreviéndonos a imaginar el futuro y las posibilidades que tenemos, apostando y potenciado nuestras capacidades a partir de la investigación y de la innovación.

BIBLIOGRAFÍA:
ALVARADO CORRALES, E. (2004). Reserva de la Biosfera de Monfragüe. León. Everest.
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Legislación
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Modificada por Ley 19/2001, de 14 de diciembre y por Ley 21/2002, de Presupuestos Generales de Extremadura (DOE, núm 8, de 19-01-2002 y extr.núm1. de 30 -12-2002).
– Ley 8/1995 de 27 de abril, de pesca de Extremadura. (DOE núm.57, 16 mayo 1995).
– Ley 3/1995, de 23 de marzo, de Vías Pecuarias. (BOE, núm. 71, 24 marzo 1995).
– Ley 2/1997 de 20 de marzo, de Turismo de Extremadura. (DOE núm. 50, 29 abril 1997).
– Ley 8/1998 de 26 de junio, de conservación de la naturaleza y de espacios protegidos de Extremadura. (DOE núm. 86, de 28 de julio, 1998).
Ley 12/2001, de 15 de noviembre, de caminos públicos de Extremadura. (DOE núm. 143, 15 diciembre 2001).
– Ley 43/2003, de 21 de noviembre, de montes. (BOE, núm. 280, 22 noviembre 2003).
Modificada por Ley 10/2006, de 28 de abril (BOE n. 102 de 29/4/2006)
– Ley 9/2006, de 23 de diciembre, por la que se modifica la Ley 8/1998 de 26 de junio, de conservación de la naturaleza y de espacios protegidos de Extremadura. (DOE núm. 153, 30 diciembre 2006).
– Ley 1/2007, de 2 de marzo, de declaración del Parque Nacional de Monfragüe. (B.O.E. núm. 54, de 3 de marzo de 2007).
– Ley 45/2007, de 13 de diciembre, para el desarrollo sostenible del medio rural. (B.O.E, núm. 299, 14 diciembre 2007).
– Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad. (BOE, núm. 299, 14 diciembre 2007).
– Instrumento de Ratificación del Convenio Europeo del Paisaje (número 176 del Consejo de Europa), hecho en Florencia el 20 de octubre de 2000 (BOE, núm. 31, de 5 febrero 2008)

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