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Actividades, infraestructuras y tecnologías de la información para el desarrollo rural del siglo XXI

JACOBO FEIJOO LAMAS
Secretario de Desarrollo rural de Unión de Pequeños Agricultores de Galicia.

actividades_0Estuve aquí hace diez años, aún trabajaba para una empresa privada y no estaba metido en temas de desarrollo rural, trabajaba en el sector forestal. La principal diferencia que veo entre el mundo rural de entonces y el de hoy es que por entonces trabajaba con muchos chavales jóvenes de 19 y 20 años en el sector forestal y hoy en día es imposible, por lo menos en Galicia. Para esos chicos hay otros sectores que consideran más interesantes o en los que les pagan más y éste es uno de los problemas que tenemos en el desarrollo rural.
Intentaré dar una visión general con ejemplos de Galicia que serán extrapolables. Todos sabéis cómo se ha llegado a la situación actual. Podría empezar en Europa, cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial, cuando se constituye la UE y la política agraria común como una forma de producir alimentos de forma económica y dar seguridad alimentaria a la UE; se fueron primando las producciones y se fue construyendo la política agrícola común que a día de hoy constituye la mitad del presupuesto de la UE. Hay quien dice que es la única política común que realmente tiene la UE. Sin embargo, la política agraria común murió de éxito.
Funcionó tan bien que se empezó a producir de más, a tener excedentes que había que almacenar y que tenían un coste. Pero a la vez que había ese éxito en las producciones se fracasó en la vertebración del mundo rural. Se empezó a abandonar el mundo rural y la gente empezó a marchar del campo, primero fue un fenómeno en el norte de Europa, después se fue trasladando al sur y aquí estamos viviendo la segunda ola del fenómeno. En países con otras latitudes empezó antes y así llegamos a la situación actual, aunque la política agraria común se ha modificado totalmente con la agenda agraria 2000, no tienen tanta prioridad las producciones sino el desarrollo rural y se empieza a pagar a la gente no por lo que produce sino por cómo lo produce.

Es cierto que el desarrollo rural es caro y que cuesta mucho dinero público. Siempre recuerdo una anécdota sobre un maestro rural que habló con el ministro de Educación durante una visita institucional y le planteó una serie de necesidades. El ministro le dijo que lo que planteaba era carísimo y el maestro le contestó «señor ministro, si la educación la parece cara, pruebe a no tenerla». Es lo que teníamos que plantear respecto al mundo rural, si parece caro mantenerlo, que prueben a que no exista. No sé cuanto cuesta el mundo rural, pero seguro que el no tener montes porque está todo abandonado y es pasto de los incendios cuesta mucho más que tener bosques; tener unos caminos o pueblos abandonados cuyo patrimonio cultural se vendría abajo si no tiene habitantes también costaría mucho; la erosión, los embalses atascados por las tierras también costarían; la gente que viene a las ciudades y crea problemas porque hay demasiada población y porque hay un desarraigo y crea delincuencia esto
también costaría mucho dinero…
El mundo rural es una cosa muy seria que interesa a toda la sociedad; es cierto que estamos en un tiempo de crisis y cambio, sabemos cómo era el mundo rural del pasado pero no sabemos cómo va a ser el del día de mañana. Estamos en una época de gran incertidumbre.
En su momento el mundo rural era mayoritario y ahora empieza a ser minoritario a nivel mundial, empiezan a ganar peso las sociedades urbanas. En su tiempo, eran personas que vivían con un bajo nivel de vida y bajas rentas; después empezaron a ser habitantes que tenían hijos que mandaban a estudiar fuera a las universidades que hoy día son médicos, abogados, profesionales en las industrias o empresas en las ciudades y hoy nos queda un mundo rural con una gente muy mayor a la que no se le puede pedir mucho más, que ya lo ha dado todo y que, en muchos casos, está esperando a jubilarse. Hay muy poca gente joven, normalmente muy dinámica y peleona, con un nivel de preparación a todos los efectos que nos hubiera parecido imposible hace pocos años, pero que es insuficiente.
Quizá una de las causas de la crisis del mundo rural fue el haberse centrado únicamente en el sector primario -la agricultura y la ganadería- que son irrenunciables. Pero descuidar otros sectores de mayor valor añadido y con mayor capacidad de generar movimiento económico y riqueza, que se fueron a las ciudades y que no supimos atraer al mundo rural, quizá explique la situación en la que estamos ahora y también nos orienta en la líneas por las que deberíamos ir para darle la vuelta. No hay que ser pesimistas, hay que ser conscientes de que el futuro va a ser distinto, aunque no sabemos cómo va a ser, pero tenemos que construirlo. En el mundo rural queda probablemente el 10% de lo que había antes en personas y, a lo mejor, en los próximos diez años queda reducido a la mitad, pero independientemente del nivel de población que alcancemos, de que pueda ser mayor o menor, tenemos que pelear porque el éxodo, aunque sea inevitable, se ralentice lo máximo posible para ganar tiempo para planificarnos y construir el futuro.
El desarrollo rural tiene dos componentes: las personas y la gestión del territorio. Hay que conseguir crear un entorno para que las personas puedan residir y desarrollar sus proyectos vitales, construir su vida en el mundo rural, ese es el gran desafío. Además, tenemos que conseguir que se obtenga como resultado la gestión del territorio. Hay que dar las condiciones para que haya gestores del territorio y trabajen en el medio rural, para eso necesitamos infraestructuras de comunicación, educativas, tecnologías de la información… que sean homologables al siglo XXI; que no haya ciudadanos de segunda por vivir en el mundo rural.
También se necesitan unos recursos extra-agrarios, de fuera del mundo rural, a través de la industria y de los servicios.
actividades_1¿Por qué decimos que la gestión del mundo rural tiene un componente irrenunciable en la gestión del territorio? Porque en el campo, la naturaleza está sometida a ciertos cambios y si la abandonamos a su dinámica los prados que se dejan de pastar o segar se convierten en zonas de matorral; los bosques se llenan de maleza y, al final, lo que no gestionamos nosotros como personas y sociedad lo acaba gestionando el fuego. El abandono del mundo rural no va a ser la vuelta a la selva, va a ser la vuelta a la Edad Media, porque existirán ciudades separadas del mundo rural por un territorio de maleza, por el abandono y por el fuego, y eso es lo que tenemos que evitar. No podemos fracasar en la gestión del territorio y para ello va a hacer falta que siga habiendo agricultores, ganaderos y selvicultores.
El desarrollo rural tiene que garantizar la gestión del territorio, como primera función, y tiene que impedir que existan brechas rural-urbano o interior-costa -como sucede ahora mismo en Castilla La Mancha a la que Madrid quitó toda la capacidad de trabajo, toda la iniciativa y todos los emprendedores; no se les ha dado alternativas del siglo XXI y hoy tenemos millones de personas en Madrid, con todos los problemas que esto conlleva-. También hay una brecha interior-costa. Salvo en Madrid y Zaragoza hay unos flujos clarísimos hacia la costa; también se da en otras comunidades autónomas como Galicia, Cataluña… y eso genera problemas de todo tipo y el desarrollo rural debe intentar resolver que no existan estas brechas.
¿Qué necesita el mundo rural para resultar atractivo? ¿Qué necesita para que se siga instalando gente de todo tipo, no sólo los que están vinculados al sector primario, sino también para que esos gestores del territorio tengan una masa crítica de gente y servicios que permitan que pueda desarrollar su actividad? Básicamente necesitan la puesta en valor de recursos autóctonos, capacidad de riqueza e infraestructuras del siglo XXI. Estamos en el umbral siguiente al dicho «a viejos problemas, nuevas soluciones», porque tenemos nuevos problemas y a veces los estamos intentando resolver con viejas soluciones.
¿Dónde están esos recursos endógenos? En el territorio, son agrarios y ganaderos y es indispensable que sigan estando. En Galicia ha habido un ejemplo este año con la oleada de incendios forestales porque el medio rural está abandonado y hay una abundancia de matorral. Sólo se pudieron apagar los incendios en los prados, en las tierras de cultivo, en las zonas que limitan con las zonas abandonadas, que es el mejor cortafuego natural que existe. A medida que vayan desapareciendo, Galicia va a tener que ir afrontando grandes incendios forestales que hasta ahora no había. Tenemos un 11% del territorio forestal de España y tenemos la mitad de los incendios, pero no de la superficie quemada. Si esto sigue así, si se abandona el mundo rural por la falta de intervención humana, estaremos abocados a eso cada día más.
En la conservación del paisaje tiene su papel indispensable la agricultura y la ganadería.
Y para a que haya gente que se encargue de esto hace falta tres cosas que tenemos que conseguir entre todos: rentas, rentas y rentas. Sin rentas dignas nadie va a apostar por vivir en el mundo rural y dedicarse a la agricultura y la ganadería. En eso la sociedad tiene que hacer un esfuerzo, en acertar e implementar estrategias de desarrollo rural que atiendan también a esa actividad agraria y ganadera que es indispensable para la gestión del territorio. El sector forestal es una de las grandes bazas para crear riqueza, es una fuente de materias primas renovables -madera-. En Galicia tenemos dos millones de hectáreas de las que 600.000 están abandonadas, no son agrarias ni forestales ni nada, ni si quiera hay conflicto de uso, aún así consume la mitad de la madera de toda España. Además, la madera genera una industria de transformación que en Galicia supone el 6,5% del PIB y el bosque genera beneficios para la sociedad: protege la biodiversidad, regula el ciclo hidrológico, capta el CO2… es algo que la sociedad debe tener claro y tiene que repercutir en la gente del medio rural.
actividades_2También tenemos que ser capaces de dinamizar el sector forestal y vencer las limitaciones estructurales más serias que tiene, que en Galicia, para la propiedad privada, es el pequeño tamaño de las parcelas. Tenemos una media de dos hectáreas por propietario pero divididas en ocho o nueve parcelas físicamente separadas, esto es carísimo de gestionar, prácticamente imposible, y propicia mucho el abandono. Estamos trabajando en líneas de agrupar a los propietarios forestales, no tanto en una concentración parcelaria, que es muy cara, -unas 200.000 pesetas hectárea, que si se invirtieran directamente repercutirían en poner en producción en muchas parcelas- pero sí en agrupar una gestión forestal. Estamos creando unas unidades de gestión en las que mediante una figura jurídica parecida a una empresa, por ejemplo, un propietario forestal que tiene cien hectáreas y aporta dos hectáreas, recibe un dos por ciento de los beneficios de esa gestión en tanto que es lo que aporta a la agrupación forestal. Estamos intentando que eso se plasme en iniciativas legislativas que permitan una figura jurídica parecida a la concentración parcelaria. Si hay una masa crítica de propietarios en la zona que deciden entrar a la agrupación forestal, arrastrará a los vecinos que en principio no estuvieran plenamente convencidos porque el futuro pasa por ahí, por construir unidades grandes, ordenadas, donde se puedan mecanizar los trabajos y donde la propiedad no sea un problema. Tiene que responsabilizarse y mantener determinadas condiciones de producción y si no lo hace pues habrá que sancionarle o hacerle el trabajo de limpieza y posteriormente pasarle la factura.
También pueden generarse unidades de gestión donde los trabajos de desbroce y control de combustible sean un coste, van a ser una inversión porque están produciendo riqueza. No se va a tener una parcela de 2.000 metros cuadrados que hay que desbrozar habitualmente para cumplir la legislación y para que no sea un peligro para los incendios, sino que será un desbroce asociado a generar una riqueza y que las cortas de arbolado compensarán el día de mañana.
Además, hay propietarios que están fuera y que también tienen que ser bienvenidos a la creación de riqueza del mundo rural y esta es una vía a la que se pueden incorporar ya que va significar trabajo y actividades realizadas por gente que está en el medio rural y que, por lo tanto, van a dejar riqueza y posibilidades de trabajo en el medio rural.
Hay unos recursos culturales y naturales que hay que poner en valor. Entre los recursos culturales en España tenemos las ventaja de que tenemos una historia riquísima – fenicios, griegos, romanos, cartaginenses…-; y constituye un patrimonio cultural que no tiene parangón con el resto de Europa.
Tenemos también un patrimonio natural que también hay que poner en valor. Las personas que habitan en el territorio no son quienes se aprovechan de sus recursos, pero sí se beneficia la región entera de forma difusa; se beneficia el sector turístico de manera global. Esto también nos da legitimidad muchas veces para pedir medios, para gestionar estos entornos y aportar desarrollo rural.
actividades_3Las energías renovables son otra de las grandes bazas que podemos tener para el desarrollo rural. Nosotros en Galicia estamos peleando mucho porque hay que partir de una base previa: las energías alternativas están primadas por el Estado y están subvencionadas y el kilovatio producido va a un precio mayor que el kilovatio convencional. La decisión está tomada para promocionar las energías renovables con el fin de cumplir los compromisos europeos antes de 2010 y el debate está en cómo lo vamos a hacer: en unos parques solares en áreas industriales beneficiando a inversores privados que están en la ciudad o si vamos a potenciar que la energía fotovoltaica para vender a la red esté ligada a áreas agrarias y ganaderas y permita tener una renta complementaria. Es el gran debate, ya que se van a utilizar los recursos públicos, hagamos que repercuta en el desarrollo rural y demos la posibilidad de generar riqueza allí para resolver los problemas de energía y desarrollo. Vamos a intentar ganar esta batalla y conseguir que la energía solar fotovoltaica que se vende en la red se pueda generar en las explotaciones agrarias.
Lo mismo ocurre con la energía eólica pero con otro planteamiento, porque tiene mayor dimensión. En Galicia hemos peleado mucho para que signifique un instrumento de desarrollo rural; tenemos en los montes comunales más de un centenar de parques instalados con 2.600 megavatios, que es una barbaridad, y se va llegar hasta 6.000 en los próximos años, pero no ha venido repercutiendo ni en el desarrollo rural ni en la creación de riqueza ¿por qué? Por la poca valoración que tienen los terrenos y porque al ser una instalación energética se puede declarar de utilidad pública y si el propietario no cede los terrenos o los vende a las empresas energéticas siempre cabe el recurso de la expropiación, que se ha venido usando con un valor muy bajo, ya que se valoraba el terreno como rústico. Nosotros hemos estado combatiendo para que se elaborase una teoría jurídica según la cual el solar que se pueda aprovechar para fines eólicos sea valorado en función del recurso que está asociado al terreno. Para poner un colegio, un hospital o un autopista da lo mismo mover un kilómetro adelante o atrás la infraestructura, pero en el caso de la energía eólica no. Si el viento está ahí, asociado a un factor topográfico, hay que valorar al suelo y al propietario. Tenemos una sentencia favorable en este sentido en la que reconoce la teoría jurídica pero no la valoración. Están pagando del orden del uno por ciento de lo que puede generar el recurso eólico y nosotros abogamos por el 10% de la renta anual que da el negocio eólico. Cabe la posibilidad de que ganemos el recurso y consigamos que prevalezca nuestro criterio económico. Los lotes comunales no se pueden comprar ni vender por ley y ahí las empresas eólicas pueden expropiar o llegar a un acuerdo de arrendamiento. Se está batallando para que este arrendamiento multiplique por diez lo que reciben las comunidades del monte. El vecino comunero tiene derecho a las rentas del monte, en este caso las rentas eólicas, con lo que estaríamos generando mediante ese monte vecinal la obligación para que las personas sigan habitando en las aldeas o los lugares que van a recibir esas rentas. En cuanto dejen de hacerlo, dejan de ser comuneros y de percibir una renta. Es una actividad de sinergia que esperamos que de sus frutos en el futuro.
También estamos peleando para implicar a las empresas que tienen concesiones en el territorio en el desarrollo rural. Por ejemplo, las autopistas o las empresas de tendidos eléctricos que tienen que tener las zonas en usufructo en unas determinadas condiciones -para evitar los incendios- y eso exige unos trabajos de mantenimiento. Es importante no sólo el que se hagan sino el cómo se hagan; estamos convencidos de que eso se tiene que hacer mediante dos modelos: el de la gran empresa que tiene una delegación en Galicia y consigue un contrato para reforestar cientos de hectáreas o para mantener las infraestructuras, por ejemplo, y hay otro modelo, más ligado al territorio, que hace que acabe en contratos más pequeños y que lo hagan empresas de economía social ligadas al territorio: cooperativas, pymes, autoempleo, personas con pocos empleados que pueden hacer esas labores de mantenimiento… Es la fórmula que queremos primar. También en los parques eólicos se necesitan muchas hectáreas -al margen de las del parque en sí- que pueden servir de zonas tapón de cara a los incendios; también queremos que sean estas empresas cooperativas y de autoempleo quienes sean las contratas y que las empresas eólicas sean quienes paguen ese mantenimiento. También estamos intentando implicar a las empresas hidroeléctricas, que se benefician de una cuenca de la que se tiene que corresponsabilizar de su gestión independientemente de que las masas forestales y las propiedades sean privadas. Esas empresas se están beneficiando de un ciclo hidrológico ordenado, de que hay masas forestales, se está beneficiando de que no llegan sedimentos a la base del embalse, de un ritmo de llegada de agua gradual porque hay una cubierta vegetal… y queremos que en la medida de sus posibilidades saquen una línea de ayudas tanto para la deforestación como para tratamientos silvícolas con unas cantidades que habría que ver en función de la cuenca, del volumen de negocio generado y de la potencia de los embalses. Se adjudicaría con una comisión mixta con la administración forestal y podría ser planificado por los propietarios privados o montes vecinales para hacer trabajos de mantenimiento de gestión hidrológica de la cuenca. Sería otra fuente de riqueza, ir implicando a las empresas energéticas.
Sobre la capacidad residencial del territorio quería hacer una reflexión. El territorio rural tiene una gran capacidad de admitir personas y residentes de cara al futuro en tanto que ofrece una calidad de vida que en las grandes ciudades cada vez es más complicada. Todos sabemos que hoy en día cada vez es más difícil que un habitante viva el cien por cien del tiempo en la ciudad, eso se ve cuando llegan las vacaciones, que salen en estampida y están dispuestos a hacer colas y a aguantar todo tipo de incomodidades porque realmente necesitan salir.
Nosotros lo que planteamos es que tampoco tiene por qué haber habitantes en el medio rural que vivan el cien por cien del tiempo en el medio rural. Pueden ser habitantes a tiempo parcial. Tampoco hay por qué vivir todo el ciclo vital en el medio rural, a lo largo de la vida -para los niños no hay nada mejor que una aldea para crecer y socializarse y para la gente mayor jubilada es lo mejor cuando está retirado, ser mayor en Madrid es realmente duro-.
Tenemos que pensar en eso, en que los ciclos de la vida ofrecen posibilidades de residencia en el medio rural de forma parcial y hay que articularlo para conseguir habitantes a tiempo parcial. Para eso hay que crear motivos para acercar a la gente al medio rural. Nosotros tenemos un pueblo remoto en Orense, entre Portugal-Galicia y Castilla y León, que casi no tiene habitantes y estamos promoviendo una plantación de castaños para ir arraigando a los chavales que van de cuando en cuando al pueblo y crear una vinculación afectiva con el medio rural.
Es un motivo para acercarse al pueblo y mantener la casa abierta.
Tiene que haber infraestructuras del siglo XXI para que no haya ciudadanos de primera y de segunda, tiene que haber sanidad, educación… los servicios básicos tienen que ser cubiertos con comodidad y calidad, que no haya diferencias ni se resten posibilidades. En Finlandia se ha hecho un esfuerzo grandísimo para que no haya diferencias educativas en el mundo rural y urbano. Tiene que haber infraestructuras de comunicación físicas, autovías, y tienen que contemplar el desarrollo rural como una variable. No es lo mismo que una infraestructura pase unos kilómetros más arriba o más abajo por su influencia en las comunidades rurales. Tenemos un ejemplo en Galicia con el paso de la autovía que comunica Santiago con Orense, que no permite una permeabilidad total, y no se tuvo muy en cuenta las necesidades del mundo rural, sobre todo a las comunidades que no están de paso ya que las infraestructuras sólo comunican nodos distantes. Además tiene un peaje muy caro, con lo que se perdió la oportunidad preciosa de crear posibilidades residenciales en una franja de 20 kilómetros a ambos lados de la autovía, donde podría haber gente viviendo que fueran a trabajar a Orense, Santiago o Lalín. Se perdió una oportunidad de generar posibilidades y desarrollo rural por no haberlo pensado.
Debemos pensar en las infraestructuras para el futuro. Cuando estuve aquí hace diez años recuerdo que no había teléfono móvil, hoy sería impensable. El mundo de las telecomunicaciones ha cambiado radicalmente en diez años y son un presupuesto necesario para cualquier territorio, como en su momento fue el ferrocarril, las carreteras, la electrificación… hoy el mundo rural no puede quedar descolgado del mundo digital. En ese sentido, debemos exigir que no se cree una brecha digital entre el mundo rural y el urbano. El desarrollo digital es una técnica revolucionaria que permite la deslocalización, es decir, la desmaterialización. Antes todos recordamos a las furgonetas con la prensa que se imprimía en Madrid, y ahora se manda vía internet y se imprime más cerca. Igual que se puede reducir el correo convencional en papel, las gestiones… esto permite que muchas empresas y muchas actividades no tengan que estar físicamente en la ciudad, no están obligadas a localizarse en estos entornos industriales si tienen estos medios. Hoy no es un problema técnico la cobertura de banda ancha en los territorios, existen diferentes opciones: satélite, wifi, cable… pero mientras conseguimos que lleguen los cables hasta el último rincón rural sí hay soluciones para poder usar el espectro electromagnético, soluciones que dependen exclusivamente de la voluntad política y de que aprieten a las empresas que tienen la concesión para que tengamos una cobertura efectiva.
El mundo digital permite que haya teletrabajo y oportunidades de trabajo en el mundo rural. Por poner un ejemplo, se puede diseñar un mueble en Milán y recibir los diseños por internet vía remota y tener la empresa en el medio rural si tienen infraestructura de telecomunicaciones.
Lo mismo valdría para la empresa textil y otras muchas posibilidades. También permite otro tipo de trabajo, en Estados Unidos, la voz que se oye en el aeropuerto anunciando que se retrasa un vuelo está el mundo rural aunque se oiga allí. Incluso empresas de vigilancia que está mirando monitores están a cientos de kilómetros. Son ejemplos de deslocalización de actividades que el mundo rural necesita para no quedar descolgado. También permite eliminar intermediarios -fabricantes artesanos, bodegas… de producción limitada- hay multitud de ejemplos que avalan que no podemos quedar colgados y es exigible a la Administración que haga un esfuerzo porque no podemos quedarnos ahí las posibilidades de futuro.

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