CONSOL NAUDÍ BAIXENCH
Directora del Dpto. de Agricultura
Ministerio de Agricultura y Patrimonio Natural del Gobierno de Andorra
Intentaré realizar en esta exposición un breve recorrido por lo que ha sido la agricultura en el siglo XX en Andorra, para hacer luego un pequeño hincapié en las medidas que se tomaron antes de hacer la ley y después adentrarme en cómo se desarrolló y se redactó la Ley de Agricultura de Andorra, que en un principio iba a haber sido sólo de ganadería.
Hasta mediados del siglo XX, la estructura económica y social en Andorra estaba basada en la ganadería complementada con una agricultura que se destinaba al autoconsumo. No muy diferente, supongo, de todos los pueblos del Pirineo. La cabaña ganadera que predominaba era la ovina, que contaba en 2001 con unas 50.000 cabezas. Este ganado ovino practicaba la trashumancia, por lo que iba a la llanura de España o a la llanura de Francia dependiendo de cómo evolucionase la economía de esos países. También había una pequeña cabaña equina y bovina estanca (no trashumante), que se alimentaba de los forrajes que se recogían en verano. El desarrollo importantísimo hacia el sector terciario que sufre Andorra a partir de 1950 provoca un retroceso en el sector primario muy importante. Retroceso que se traduce en el paso a una población agraria que se sitúa ahora a menos del 1%. En el anuario del 2006 se cifra en el 0,98% de la población activa dentro del sector primario.
Conscientes de este retroceso, el Consejo General intenta desplegar unas ayudas puntuales con la intención de dinamizar sobre todo el sector ganadero. En 1962 ya se tiene constancia de que se abonaba el fertilizante que se usaba en los campos y se pagaba un porcentaje sobre la compra de maquinaria agraria. En 1964 se pagaba el consumo de hierba en explotaciones cerradas o estabulada para los sementales que llegaban a Andorra. En 1971 se empiezan a subvencionar las madres de cría bovina y equina, que son las hembras de más de dos o tres años. En 1971 se hace también un plan de protección al payés que consiste en pagar un porcentaje alto de cotización a los pagos de aseguración agraria. En 1980 se crea la Caixa Andorrana de Aseguraciones Agrarias, que es un fondo común en el que participan tanto el agricultor como el ganadero y el Gobierno para cubrir los daños de heladas y granizo a la producción de tabaco y también se crea una línea para pagar los accidentes del ganado y se paga la mortalidad ya sea por accidentes, parto o enfermedades.
Paralelamente se desarrolla el cultivo del tabaco, que es una de las fuentes de ingreso más importantes de las explotaciones agrarias. Ya en 1964, con la dificultad que tienen los agricultores de vender sus producciones a los fabricantes de tabaco, se crea una junta liderada por el subsíndico, que es una figura importante del Consejo de Andorra. En 1974 se asigna ya un primer contrato formal entre los dos sectores que perdura diez años sin modificarse. En 1992, con el auge de la producción, el contrato limita la cosecha a un máximo de compra de 850.000 kilos. En 1997, con el inicio de la crisis del tabaco, la producción baja a 650.000 kilos para luego pasar a 330.000 kilos. Esta gestión de la crisis viene negociada por la Asociación de Payeses, que lo que hace es asignar una serie de cupos o cantidades máximas que pueden vender las explotaciones en función de lo que han vendido en los últimos años.
Como desde el Gobierno se ve que las cosas no funcionan, y como paso previo para establecer el grupo que luego trabajará en lo que tiene que ser la Ley de Ganadería, ya en 1997 se aprueba un proyecto importante para Andorra, que es crear la infraestructura del Matadero Nacional. Éste se inaugura en abril 1999.
Otro proyecto importante en 1997 es la firma de un acuerdo veterinario paralelo al que Andorra tiene firmado con la Unión Europea desde 1989, que pretende abrir barreras sanitarias en las aduanas que tenemos, en las que hasta aquel momento obligaban a hacer una inspección in situ en la aduana. Las aduanas que tiene Andorra no son puntos de inspección fronteriza y, por tanto, no están adaptados para hacer controles. Esto obliga a que tanto el ganado vivo como todos los productos derivados del ganado tengan que hacer estos controles en el lugar de origen o en el lugar de destino. Esto abre posibilidades de expansión económica a Andorra.
En diciembre de 1998 se crea una sociedad participada por el Gobierno de Andorra en más de un 50%, que se llama Ramaders de Andorra SA. Con la intención de encontrar las explotaciones con las que poder hacer las experiencias piloto para conseguir una carne controlada que pueda ser llevada directamente al mercado de consumo. Se crea también una etiqueta de calidad en principio para la carne de bovino, pero se extiende posteriormente al ovino.
Salimos en periodo de pruebas en 1998 con cinco explotaciones que creyeron en el proyecto y ahora hay 34 explotaciones y 8 que no están incluidas en el proyecto. Y esas 8 no están porque por sus características no tienen la posibilidad de engordar la carne de la forma en que lo exigen los estatutos de la sociedad. No obstante, lo que sí hacen es vender sus terneros a los otros socios para que éstos hagan el engorde final y los pongan a la venta. En línea de corderos, hay 14 que están y otros 20 que no están. De todas formas, en Andorra decimos ganadero al que tiene ya 3 o 4 cabezas, así que aunque parezca que hay muchas explotaciones, en realidad no son tantas. Las mayores están en Ramaders de Andorra.
Entre estos proyectos, viendo la crisis del sector tabaco que hace que las exportaciones pecuarias se mantengan más por tradición que por economía, vemos que es necesario intentar salvar la ganadería que aún nos queda para no dejar todo Andorra abandonado, sobre todo teniendo en cuenta que sólo el 4% es propiedad privada, y que la diferencia hasta el 100% pertenece a las siete comunidades que forman Andorra.
La Ley de Agricultura de Andorra se aprueba en junio de 2000 y deroga todas las subvenciones existentes hasta diciembre de ese año, porque la Ley no se aplica hasta enero de 2001.
Era importante que el sector entendiera que había que crear paisaje, pero también producir y producir bien. También sabíamos que no produciríamos nunca, y no es la intención de la ley, lo suficiente como para abastecer a Andorra. Pero sí queríamos fomentar la agricultura y la ganadería como sectores productivos y valorar las funciones que el sector agrario aporta al resto de la sociedad: preservación de la naturaleza y el territorio, mantenimiento del paisaje, conservación de la biodiversidad, atenuación de los riesgos naturales y mantenimiento de la calidad y la productividad de los pastos de la montaña.
Otros objetivos de la ley eran fomentar prácticas agrarias que permitieran obtener productos de calidad controlada; fomentar prácticas respetuosas con el medio ambiente; fomentar la mejora y la regeneración del equipo humano de las explotaciones; fomentar la agrupación de explotaciones para mejorar la operatividad, la calidad de los productos y su rentabilidad, y crear una base de datos relativa a las explotaciones que diese información al gobierno de la situación de este sector.
La primera fase del despliegue reglamentario, en febrero de 2001, tuvo como destinatarias las explotaciones agropecuarias y obtener un registro de datos agrarios. La ley no buscaba únicamente aportar una serie de ayudas, sino también crear una normativa básica y dotar al departamento de Agricultura de una base de datos realmente importante. El Registro de Explotaciones Agrarias (REA) obliga a contratar una póliza de seguros que incluya los posibles daños que la actividad agraria pueda hacer a terceros. El REA registra los datos del titular de la explotación, el nombre de la explotación, datos sobre las instalaciones, superficie de la misma, orientación, lugar de emplazamiento, equipo humano, datos de los animales, maquinaria, etc… También se creó otro registro que llamamos Padrales, y que es el registro que guarda todos los datos sobre el ganado, importaciones, exportaciones, estado sanitario…
Luego también se creó una línea de ayudas y esto enlaza con los decretos que tienen las Comunidades, que son los usos y costumbres de estas comunidades. El departamento de Agricultura no tiene competencia para saber cómo pastan los animales en las montañas, pero sí hacemos reuniones anuales para intentar que esto se haga lo mejor posible. Luego, se dieron una serie de recomendaciones, que no eran ayudas ni reglamentos, y que son conocidas como las prácticas y los usos del buen payés. Con todo esto se intenta gestionar lo mejor posible el sistema ganadero tradicional de Andorra.
El punto en el que costó más agradar a todo el mundo fue la ayuda al fomento de las prácticas ganaderas. Los destinatarios de estas ayudas eran los titulares de las explotaciones ganaderas.
Para definirlo a grosso modo, era el dinero que se paga por cada animal de agricultura tradicional por el alimento que consume del país. Se paga a la vaca, el ternero o el caballo como si fuese una máquina de cortar césped. Esto obliga a utilizar para alimentar a estos animales los productos que se recogen en una lista positiva de alimentos (forrajes). Y como Andorra es muy pequeña y tenemos muy poca cabaña ganadera, intentamos controlar la importación de alimentos que vienen del exterior.
Lo que sí es importante es que los ganaderos no pueden tener todo el ganado que quieran, sino que se establece un máximo por explotación dependiendo del nivel de nitrógeno que genera la explotación y de la parcela que tiene declarada el agricultor.
Otra línea de ayudas es la ayuda al fomento a la recolección de los forrajes. Los destinatarios, que son las explotaciones ganaderas, deben cortar al menos una vez y solo se paga un porcentaje de la superficie a las hembras que pasen el invierno en la explotación. La variable en el cálculo de las ayudas es el número de hembras que pasan el invierno en Andorra y la superficie que se les asignó. También son variables la dificultad de acceso al prado declarado y la mecanización que existe en el mismo. De este modo, los pastos que se recolectan en zonas más altas se pagan más que los que se recolectan en zonas bajas. Se trata de paliar así la diferencia de producción.
Las ayudas al fomento del producto de calidad controlada también estaban destinadas a las explotaciones ganaderas, canalizadas todas a través de Ramaders de Andorra. Existen dos líneas de producción, la bovina y la ovina y se fijaron dos primas diferentes para el ternero para tratar de paliar así los problemas de estacionalidad y se calcularon las ayudas en función de la edad del sacrificio y se creó una prima fija para el cordero.
Una vez que se habían hecho los pagos de estas tres ayudas se empieza a trabajar en la segunda fase del reglamento, que eran polivalentes y que no se referían solo a las explotaciones ganaderas, sino que afectaban también a las explotaciones agrícolas. La primera línea de ayudas es para los planes de inversión que hacen las explotaciones agrarias. Se formularon dos tipos de ayudas para planes parciales (subvenciones inferiores a 12.000 euros) y planes integrales (subvenciones de hasta 55.000 euros). La ayuda se incrementa a fondo perdido si el receptor es un joven agricultor y se trata de una primera instalación. También crecen las ayudas si los receptores son asociaciones de agricultores. Estos planes de mejora piden el compromiso de mantener la explotación cinco años, para los parciales, y diez para los integrales.
Son compromisos que viendo en Andorra la situación de especulación, es un factor que limita mucho.
Esta segunda línea de ayudas también contempla subvenciones para la investigación y el desarrollo agrario, con la intención de que el departamento de Agricultura sirva de motor para que las asociaciones sean capaces de encontrar alternativas adaptadas a un país como el nuestro. Finalmente, también se dan ayudas a la formación, tanto al titular como al equipo agrario de las explotaciones.
En el Departamento de Agricultura creíamos que estas líneas de ayuda triunfarían, pero no ha sido así. Desde junio de 2002 hasta mayo de 2005 sólo se ha presentado un plan de mejora. Ahora hay cinco solicitudes. Planes para la investigación y el desarrollo no se han presentado ninguno, mientras que para la formación se han presentado tres.
Entre los reglamentos pendientes se encuentra la ayuda al fomento de la limpieza del bajo bosque. Ayudas al fomento de contratos para el arrendamiento de terrenos agrarios adjuntos de pequeña extensión. Ayudas al fomento de prácticas agrarias adecuadas para el mantenimiento del medio ambiente y ayudas a las prácticas del buen payés.
Como conclusión. Lo que ha permitido esta Ley es la creación de una base de datos agrarios para conocer mejor el sector. Se han redimensionado las explotaciones, se han recuperado campos abandonados y se ha incrementado la cabaña bovina disminuyendo la equina.
A su vez se ha conseguido, al pedir al agricultor que su ganado produjese, que se rejuvenezca la cabaña. También se ha disminuido la estacionalidad en la producción de terneros, aunque se ha constatado el poco interés en la segunda fase.
