BELARMINO FERNÁNDEZ FERVIENZA
Alcalde de Somiedo (Asturias)
Frente al reto de qué se puede hacer en la montaña de la Cordillera Cantábrica, creo que puede haber distintas soluciones. Voy a explicar lo que estamos haciendo en Somiedo, un municipio del que habréis oído hablar, pero que es preciso conocer de dónde viene. Es un territorio que en 1988, cuando se declaró el Parque Natural de Somiedo, el primero de Asturias, era el número 77 en renta per cápita de los 78 que hay en el Principado, el penúltimo. Vivíamos exclusivamente de una actividad económica: la ganadería de montaña, produciendo carne de la asturiana de los valles. Éramos un municipio donde prácticamente no se quedaba nadie.
Siempre cuento mi historia personal, soy el octavo hermano de nueve y no se quedó ninguno en el pueblo. ¿Cómo nos íbamos a quedar si no teníamos carretera? Tuvimos carretera en 1987, hasta entonces había que andar tres horas, lo que son ahora 12 kilómetros, desde la carretera general de Pola de Somiedo hasta el pueblo. Podemos decir que la solución que buscamos con el tema del parque fue un arriesgado paso adelante, porque peor no podíamos estar.
Un grupo de gente, sobre todo los que estábamos en el Ayuntamiento, éramos conscientes de que disfrutábamos de una naturaleza, no sólo del oso, que es el emblema de Somiedo y del occidente de Asturias, sino también de todo el tema etnográfico -las brañas-, que no estábamos poniendo en valor.
La apuesta del parque fue, fundamentalmente, poner en valor la localidad.
Una de las ventajas que tuvimos fue que el municipio de Somiedo y el Parque Natural de Somiedo es lo mismo en territorio; es un espacio razonablemente amplio, 30.000 hectáreas, y es todo media-alta montaña, desde lo más bajo de Somiedo, que son 400 metros, hasta 2.200. Son 38 pueblos de montaña; 18 con una altitud superior a los 1.000 metros -a 1.500, 1.400 y 1.300-. Son todos pueblos importantes, pero con muy poca población, 1.600 habitantes en total. Ahora llevamos unos años estabilizados. De hecho, el año pasado hemos sido el único pueblo que ha aumentado en 15 personas en todo el occidente de Asturias. Somiedo llegó a tener cerca de 6.000 habitantes en los años 30 y 40, pero la emigración hacia Latinoamérica, hacia Europa y sobre todo hacia el centro de Asturias en los 60 -Avilés- fue total.
La iniciativa del parque surgió del propio Ayuntamiento; fue un paso fundamental y en aquel momento el Gobierno del Principado apostó muy fuerte por ello. Suponía apostar por un modelo que después podría aplicarse a otras zonas de Asturias, como así ocurrió. Desde el primer momento, el proyecto del parque nació con la voluntad de cumplirlo -normalmente todo está bien en papeles y en planes, pero si no se lleva a cabo, sirve para muy poco- y en un año, en 1989, se elaboró y se aprobó el primer plan de uso y gestión del parque.
Siempre pongo el ejemplo de lo que era el Parque Nacional de Covadonga, el segundo que se declaró en España, que murió sin tener plan de uso y gestión. Y el de Picos de Europa, ampliación de Covadonga, lo están elaborando, pero creo que todavía no tienen plan de uso y gestión.
Nosotros celebraremos este martes la junta del Parque Natural en Somiedo, en la que vamos a aprobar el cuarto plan de uso y gestión; los planes son de cuatro años, aunque en realidad son cinco, porque se dispone de un año más para aprobar el siguiente plan. La elaboración fue razonablemente participativa. Primero hubo un borrador hecho por técnicos y después reuniones en los 38 pueblos. Considero muy importante que se creasen órganos democráticos de gestión; la Junta del Parque está formada por 29 miembros y 16 son de Somiedo. Hay siete representantes del Ayuntamiento -seis concejales y yo como alcalde-, siete representantes de los pueblos que se eligen entre los alcaldes pedáneos – los eligen las juntas vecinales, que mantenemos aunque no tengan personalidad jurídica-, y también hay dos representantes de asociaciones, la de ganaderos y la de hosteleros. La participación es importante en comparación con el Parque Nacional de Picos de Europa, donde creo que los alcaldes de los municipios no están muchas veces en los órganos fuertes de gestión. Además creo que debe haber una democratización de la gestión en este sentido.
¿Cuál era el objetivo que perseguía el parque? La conservación y el desarrollo de la zona.
El declararse parque se debe a los niveles de naturaleza que tenemos, la fauna y la flora, aunque también por el tema etnográfico y de la ganadería de montaña. Somiedo era donde mejor se había preservado la genética de la asturiana de los valles, la gran raza de producción de carne de Asturias, que llegó a tener incluso problemas de desaparición y se conservó sobre todo en las zonas de montaña de Somiedo y Cangas de Narcea.
En aquel momento se vivía exclusivamente de la ganadería, había habido solo una mina que se cerró a mediados de los 70 y era una mina pequeña. Había unas 350 explotaciones ganaderas en 1988, pero el nivel medio de vacas por explotación de carne -no se vendía ni se vende leche – era de doce vacas; mal se podía vivir así.
¿Qué ha pasado? Han pasado casi 18 años y se puede hacer una evaluación muy seria de todo lo que ha ocurrido en Somiedo; que para bien o para mal, se parece muy poco a lo que era en 1988. Hay que mirar desde las dos perspectivas: la conservación y el desarrollo.
Respecto al desarrollo, el parque significó una ordenación del territorio, pero sobre todo es una marca que genera desarrollo. Somiedo pasó de ser desconocido en la propia Asturias a ser conocido primero allí y después en todos los lados; precisamente lo que genera la mayor rentabilidad o el mayor plus para un territorio en relación con un espacio protegido es darte a conocer.
A nivel de conservación, la organización del territorio suponía ordenarlo previendo la llegada de los turistas o visitantes, no la actividad tradicional ganadera; la actividad tradicional ganadera no tiene ningún tipo de limitación, es al revés, necesita protección y mecanismos para poder desarrollarse. Por eso en Somiedo, cerca de un 40% del territorio está dentro de la zona que llamamos de uso restringido especial a la que no puede acceder el turismo y ahí la actividad ganadera se mantiene, no tiene ninguna limitación. Hubo críticas que decían que nos queríamos cargar la ganadería, que queríamos convertir a los ganaderos en hosteleros, que no íbamos a dejar que se desarrollar la actividad tradicional… todo esto se ha demostrado estos años que no era así.
L
a actividad ganadera hoy sigue siendo fundamental, pero afortunadamente no es exclusiva.
Lo peligroso para un territorio es vivir exclusivamente de una actividad económica, y tan peligroso puede ser vivir exclusivamente de la ganadería, como pasar a vivir exclusivamente del turismo. La ganadería es quizá con lo que más hemos trabajado estos años del parque en varias líneas. Por un lado, en la profesionalización de los ganaderos. Con la media de doce vacas por explotación mal se podía vivir de la ganadería. Hoy la media pasa de 42 vacas por explotación. Ahí incluimos todos los ganaderos a título principal -unos 200 que se acercan a las 60 cabezas por explotación- y los que no lo son. Trabajamos mucho no sólo en el número, que es una cuestión estadística que no significa gran cosa, sino en la calidad. El 98% de las vacas de Somiedo está en el Libro Genealógico de la Asturiana de los Valles; eso significa que se ha trabajado mucho con la genética de la asturiana de los valles, que se han mentalizado con ello, y tenemos fama por el nivel de calidad. Hemos sido exportadores de genética; en Somiedo hay ganaderos que tienen los chatos vendidos antes de nacer porque se los van a comprar de todos los sitios de Asturias, del País Vasco, de Galicia… vienen muchos ganaderos de toda la Cordillera a comprar genética; es fundamental, no sólo la pureza de la raza sino la calidad de la raza. Se ha buscado la cantidad, por que había que buscar unos niveles de explotación razonablemente profesionales, y la calidad, porque la riqueza de Somiedo son los pastos, no son los prados porque el territorio es muy abrupto y montañoso, pero sí hay muy buenos pastos de montaña.
El pasto mantiene ocho meses la ganadería, hay unos meses de invierno que se estabulan y hay una parte de ganaderos que se van al centro de Asturias.
Por otra parte, se trabajó mucho en la creación de infraestructuras rurales relacionadas con la actividad ganadera. Yo soy de los que opino que no se puede mantener actividad ganadera si no hay calidad de vida y esto significa que el ganadero pueda ir con su todoterreno al monte a ver sus vacas o con sus tractores a la hierba. En Somiedo, hasta no hace mucho tiempo, muchos ganaderos tenían que dormir en las brañas por el verano, pero pretender que la gente joven se incorpore a la actividad ganadera y que siga durmiendo en las brañas, desde mi punto de vista, está abocado al fracaso. Hay que crear infraestructuras que mejoren la calidad de vida del ganadero. Hoy creo que la actividad ganadera es rentable en Somiedo, creo que el ganadero está por encima del trabajador industrial de Ensidesa o del centro de Asturias, pero el tema es la calidad de la actividad. Nosotros no sólo hicimos alguna carretera, que había algún pueblo sin ella, sino que hicimos la inmensa mayoría de los accesos de las pistas a las
brañas de los pastos.
Pero como siempre tenemos la voluntad de cumplir la normativa que nosotros mismos imponemos en el plan de uso y gestión del parque, todos los accesos son de uso exclusivo ganadero, no sólo son y están estipulados, sino que lo hacemos cumplir. El primer velador de que se cumpla la normativa es el propio ganadero, porque sabe que es muy importante que seamos serios con las normas para poder seguir haciendo cosas. Me refiero a que si una persona va con un todoterreno al lago del Valle, probablemente el primer ganadero que lo vea baje al pueblo y llame al Ayuntamiento o al parque o la Guardia Civil para comunicarlo. Hoy, afortunadamente la inmensa mayoría de la gente es educada y respetuosa con la normativa que nos ponemos, aunque siempre hay alguno que no lo cumple. En el anterior trámite de gestión del parque, recuerdo que tuvimos dos alegaciones un poco contradictorias. Había una alegación de los taxistas, alentados quizás por algún hostelero, que proponían que abriéramos alguna pista para que pudieran ir con una concesión administrativa los taxis, pero había una alegación de la asociación de ganaderos que no quería bajo ningún concepto que las pistas se abrieran a este tipo de servicios.
Las medidas más conservacionistas son las que proponen los propios ganaderos. Por ejemplo, en el tema de la acampada libre -había tradición de acampada libre en Somiedo antes de que fuera parque, pero interfería en la actividad ganadera-. La ordenación del territorio se hace pensando fundamentalmente en la regulación del flujo turístico pero también pensando en que la actividad ganadera no se vea perjudicada por el turismo, en que se complemente el uso ganadero y el uso turístico. Y se complementan de tal manera que los pueblos más ganaderos son los más turísticos en Somiedo. Los pueblos ganaderos necesitan el turismo porque genera diversificación económica y calidad de vida. El turismo tiene dos funciones en la montaña: una, la económica y otra de revitalización de los pueblos. Un pueblo sin bar está abocado al abandono.
En Somiedo, en 1988, había cero plazas hosteleras, no había turismo. Aunque había visitantes, básicamente eran grupos de montañeros que no generaban ingresos, porque al final de la ruta cogían el autocar y se marchaban; como mucho, tomaban unas coca colas o un vaso de vino en un bar. Fue un proceso lento. El primer establecimiento se abrió en 1992 y lo hicimos con la escuela taller. Hoy rondamos los 70 negocios turísticos con 1.500 plazas hosteleras y el turismo mueve tanta cantidad económica como la actividad ganadera. Eso significa que la economía del municipio es mucho más fuerte porque ya no depende de un sector económico, depende de varios, porque el turismo genera también sector servicios y otros negocios, como la construcción.
No quiero demonizar el turismo ni creo que pueda acabar con la actividad tradicional, sino que tienen que ser complementarios. Es fundamental el desarrollo turístico ¿por qué? Porque tiene una forma de enganchar que hace que la gente joven se quede en las zonas rurales y también es una forma de evitar que las pequeñas aldeas se pierdan. Si somos 1.600 habitantes en 38 pueblos, hay pueblos con dos o tres vecinos. De los 38 pueblos, en 21 tenemos algún negocio turístico; quedan todavía 17 por introducir algo de turismo. Un proyecto en un pueblo donde no hay nada es siempre prioritario a otro que se quiere instalar en un lugar donde ya existe algo. En cualquier pueblo donde empieza a haber algo, lo normal es que se acabe generando más actividad y por lo menos ya hay algo, una casa de aldea, un hotelín, un mesón… esta vertiente es fundamental y veo que se avala poco. Se piensa exclusivamente en el tema económico en relación con el desarrollo turístico pero creo que tenemos que poner en una balanza el tema de la revitalización y de que haya vida en todos los pueblos.
Villar de Vildas es un pueblo muy conocido en Somiedo y fue Premio Pueblo Ejemplar en 2004 de la Fundación Príncipe de Asturias por el tema de las actividades ganaderas. Es un pueblo que está en la montaña y que tiene todavía 23 ganaderos a título principal y más de 1.000 vacas, más cabezas que muchos municipios de Asturias; allí también hay apartamentos rurales, dos bares restaurantes, dos hotelines… como dicen los ganaderos, la actividad económica del turismo mejoró su calidad de vida porque ahora, aparte de las vacas, pueden ir a los restaurantes, ver gente de fuera… ha mejorado la calidad de vida de los propios ganaderos.
Aunque Somiedo fue el primer parque que se declaró en Asturias, no nos dormimos en los laureles, hay que avanzar mirando cosas nuevas. Es como la promoción turística, lo que haces un año no te va a servir para el que viene. Todos los años tienes que hacer promoción.
Recuerdo que en 1996, yo ya era alcalde, solicitamos la candidatura de Somiedo a Reserva Mundial de la Biosfera y se declaró en el año 2000. Teníamos más ordenación del territorio de la se pide para ser Reserva Mundial de la Biosfera, pero había que potenciar la marca de Somiedo, que es muy importante. Ahora estamos desarrollando la Carta Europea de Turismo Sostenible, siempre pensando en mejorar la marca. También estamos en el proceso de creación de un Centro de Investigación de la Cordillera Cantábrica ¿por qué? Porque no lo hay en toda la Cordillera Cantábrica y nosotros creíamos que era necesario; lo incluimos en nuestro programa municipal, lo presentamos al Gobierno de Asturias y ahora ya se ha firmado un protocolo entre el Gobierno de Asturias y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas para las instalaciones. Ahí no buscamos la propia actividad, que es importante en un centro de investigación, sino que buscamos ligar el parque natural de Somiedo a un centro de investigación.
Para el Parque Nacional de Doñana, la estación biológica del parque ha sido fundamental porque ha puesto el parque en todo el mundo. Todo lo que sea temas de investigación, libros, documentales… ligados a un espacio es importante.
También hay debilidades, porque no todo se ha desarrollado como preveíamos. Así como en la ganadería hemos trabajado mucho, hoy tenemos menos ganaderos pero más profesionales y más vacas que antes; y turismo no teníamos pero lo hemos desarrollado. El nivel económico de Somiedo hoy está en la media de Asturias. Somos el 42 en el 2002, según lo publicado por el Instituto de Estadística de Asturias. Hemos pasado de 77 al 42 en 2002, probablemente ahora estemos más hacia el centro. Sin embargo, tenemos un déficit en todo el tema de comercialización de productos.
Es verdad que Somiedo, como municipio, no estaba acostumbrado a producir, sólo a vender terneros. La tradición era mandar a las vacas al monte, a los seis o siete meses bajas las vacas en otoño, vendes los terneros a los tratantes, se van a cebaderos y punto, no hay valor añadido. Nos está costando mucho la comercialización de productos tanto agroalimentarios como artesanales aunque sí había mucha tradición de madroñeros. Siempre tienes que trabajar con gente, cualquier proyecto que entra es prioritario, pero también depende de la iniciativa de la gente.
Es verdad que siempre atrae más el tema turístico cuando, a lo mejor, el desarrollo de industrias agroalimentarias necesitaría menos inversión. Es un reto que tenemos para los próximos años, existe un déficit muy grande y debemos avanzar.
Sin embargo, por ejemplo, de no cebar nada, el año pasado se cebaron más de 2.000 terneros en Somiedo, o sea que todavía se sigue vendiendo mucho. Eso ya es un paso y que de ahí se pase a una industria agroalimentaria no es tan complicado. Es verdad que los ganaderos de Somiedo están todos en Aseava -Asociación Española de Ganado Selecto de Raza Asturiana de los Valles-, en la IGP Ternera Asturiana y una parte importante están en Carne Rosa, que es la más restringida de la IGP Ternera Asturiana. Están acostumbrados a esas cosas pero no al tema agroalimentario, ahí estamos intentando trabajar incluso con gente de fuera.
Ahora tenemos bastante avanzado un proyecto de comercialización de productos de agua que consideramos interesante.
En estos años, ¿cuál es el planteamiento general del municipio en relación con su territorio? Es que la ganadería necesita protección porque no hay mayor desastre ecológico que un pueblo abandonado… si no tuviéramos las praderas, las cabañas de teito, las vacas… se perdería un atractivo turístico fundamental. La ganadería no necesita protección, sino darle herramientas para que se siga manteniendo. Aunque es difícil la incorporación de ganaderos jóvenes, afortunadamente en Somiedo todavía tenemos muchos ganaderos de entre 25 y 40 años.
Así como en la actividad ganadera somos quizá de los parques más permisivos, en el uso turístico no hay un parque en España más prohibitivo que nosotros: un 40% del territorio está catalogado como zona de uso especial y no puede acceder el turismo, no permitimos ni parapente, ni rafting, ni ningún tipo de actividad en los lagos maravillosos que tenemos. Entonces pensaréis… les irá fatal, pero nos va muy bien en el sector turístico, como teníamos nada… Podrían decirnos que si permitieramos el parapente irían 5.000 personas a hacerlo. El año pasado calculamos 140.000 visitantes que fueron a Somiedo precisamente porque no había nada de eso.
Hemos optado por un Somiedo restrictivo desde el punto de vista del turismo y nos va bien.
Soy de los que opino que tampoco puedes tener todo.
También tenemos las minas, en el monte tenemos una mina de oro de una empresa canadiense que está cerrando y tenemos una mina que limita con León en Laciana y Villablino, pero nuestra mina de oro es la naturaleza. Las vacas y el uso turístico ordenado no se acaban nunca, las minas abren y cierran. La minería de Belmonte generaba más de 200 empleos y en diez años cerró. Empezó y ahora están cerrando. Esto produce desestabilización, porque probablemente mucha gente minera abandonó la actividad ganadera o tradicional que desarrollaban y probablemente ahora no se reincorporen a la actividad que realizaban antes. Son cosas que hay que evaluar.
Hay que ser optimista y realista a la vez, creo que en la Cordillera a Cantábrica debemos vivir de los recursos naturales, pero debemos ser inteligentes para aprovecharlos. Además, hay que plantearse montar empresas en el mundo rural.
Por ley, en Dinamarca, todo lo que va con el mundo rural, está en el mundo rural; que estas jornadas sobre el desarrollo rural se celebran el mundo rural es muy positivo. Pero me da vergüenza -en broma- que las sedes de organizaciones relacionadas con el mundo rural estén en Oviedo o que jornadas sobre el mundo rural se celebren en Oviedo. Se pueden celebrar cosas en Villaviciosa, en Cangas del Nancea… La propia gente del mundo rural, cuando queremos organizar algo importante, lo hacemos en las ciudades cuando deberíamos luchar porque todo lo relacionado con el mundo rural se encalvar en él. Las consejerías del Medio Rural deberían estar en los pueblos, de hecho si la propia Administración y nosotros mismos predicáramos con el ejemplo probablemente tendríamos argumentos para exigir más cosas. En definitiva, creo que:
1) La ganadería -conozco bien el tema de la asturiana de los valles, en Somiedo hay bastante merina de la trashumancia y había cabras, que desaparecieron casi totalmente- creo que puede ser rentable; pero hay que buscar el mecanismo para que sea atractiva a los jóvenes en calidad de vida y en tiempo libre.
2) El turismo es fundamental como actividad económica, dinamizador del mundo rural y como freno al abandono de los pueblos; genera cierta industria y este es el gran reto.
3) Hay que luchar por que todo lo vinculado al mundo rural esté en el mundo rural.
