La despoblación en Aragón: causas y soluciones

VICENTE PINILLA
Profesor del Departamento de Estructura e Historia Económica y Economía Pública.
Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de Zaragoza.

En la primera parte de la presentación trataré de explicar el proceso de despoblación de la montaña aragonesa. Éste es un trabajo que empecé hace unos cuantos años. La segunda parte, más descriptiva, es un trabajo más reciente en el que se aportan datos por municipios.
En este estudio nos interesaba conocer qué era lo que ocurría en función del tamaño de los municipios.
Si analizamos la evolución de la demografía en la montaña española vemos que en los últimos 50 años se ha reducido en aproximadamente un 30%. Estamos por tanto en una situación difícil dentro de lo que conocemos como despoblación. Tenemos que constatar además la gravedad de esta situación, no sólo por la enorme pérdida de población que supone para las zonas, sino también por el enorme contraste que se produce con las zonas más dinámicas.
Las zonas urbanas en estos 50 años han ganado un 500% de población. Es decir, han multiplicado por cinco su número de habitantes. Las zonas rurales que no son de montaña han ganado un 30%.
El contexto en el que esto se produce, como ya se ha dicho aquí, es el de una sociedad capitalista que vive al calor de las empresas, que fueron el motor de la actividad económica del siglo XX, aunque al final también se les sumó el sector servicios. La pregunta que preside la primera parte de mi charla es ¿cuál es el tipo de inserción de las zonas de montaña en la nueva economía? Lo que vamos a ver es que la inserción se logra por dos vías: una como reserva de mano de obra, y la otra como reserva de recursos naturales. Ésta última es cambiante ya que en un principio se utilizaron estos recursos naturales como productores de energía, y en la actualidad se emplean más como espacio de ocio para los habitantes de las zonas urbanas.

Les puedo decir que fracasan nuestros intentos de inserción de las zonas de montaña en la nueva economía industrial. Si las zonas de montañas se hubieran especializado en la producción de ciertos bienes que hubiesen tenido demanda en las zonas urbanas, se podría haber logrado un cierto desarrollo económico. No ha sido así.
El punto de partida es desfavorable. Desde el punto de vista de las tendencias vigentes, tener una baja densidad de población provoca que la industrialización también sea baja porque las empresas tienden a instalarse en zonas donde hay concentración de población. En este caso el tamaño de las localidades es bastante importante, porque permite acceder más fácilmente a mercados en los que vender la producción y tener mano de obra cerca. Desde esa perspectiva, la baja densidad es un elemento desfavorable para las zonas de montaña. No lo había sido anteriormente, ya que la baja densidad era el resultado de un determinado medio natural, y no era problema para el desarrollo de la economía tradicional. También el alejamiento de los mercados es un problema añadido por cuanto la producción de determinados bienes tiene condiciones desfavorables con respecto a otras zonas más próximas a los mercados. Además, las condiciones de las zonas de montañas no son muy buenas para los medios de transporte, lo que hace que cualquier producto elaborado en zonas de montaña tiene que asumir unas costas de transporte mucho más elevadas que las de las zonas llanas, que por lo general están mejor comunicadas con los centros de consumo. Los condicionantes ecológicos con los que cuenta la montaña del Pirineo Aragonés son una elevada altitud media, por encima de los 1.200 metros, notablemente superior al conjunto de la montaña española.
Además hay elevadas pendientes, cercanas al 25% de media, muy superiores al resto de las existentes en la Península Ibérica, y además hay una humedad muy elevada.
Si hacemos una valoración global de lo que ha ocurrido en términos demográficos en el Pirineo Aragonés desde 1860 hasta ahora, vemos que entre 1860 y 1900 hubo un descenso de población del 0,4%. Entre 1900 y 1950 este descenso se redujo al 0,1%, mientras que entre el 1950 y 1970 se alcanzó un retroceso de población del 1,8%. Entre 1970 y 2000 el retroceso ha sido nuevamente del 0,1%. Ha habido, por tanto, una pérdida sostenida de población en todos estos años con un nivel más grave entre 1950 y 1970. Quiero explicar por qué se da este fenómeno y por qué se da tan temprano, cuando no pasa así en el resto de España.
¿Cómo era la economía de montaña? Estaba basada en la pluriactividad y no era autárquica, es decir, era una economía que tenía notables lazos de relación con otros espacios. Era más autárquica la montaña en 1880 que en 1960. Si comparamos la economía de la montaña del siglo XIX con la de principios del siglo XX, no había grandes diferencias en términos de relación con otros sistemas. Evidentemente, si la comparamos con la de ahora, eran economías cerradas.
Las bases principales de la economía tradicional eran el ovino trashumante para producir lana (esta ganadería apenas se empleaba entonces para carne). La economía de la montaña estaba especializada en una producción que tenía una importancia clave en la Europa preindustrial. En segundo lugar, la agricultura de autoconsumo complementaba la actividad ganadera. Los pastores estaban fuera de la montaña en invierno, pero en verano volvían y aprovechaban para cultivar. En tercer lugar, la manufactura lanera era otra actividad importante en las zonas de montaña. Algunas familias campesinas agroganaderas dedicaban también parte de su tiempo a la producción de tejidos que luego no se comercializaban localmente, sino que eran objeto de exportación a zonas, a veces, muy distantes. Por último, la emigración estacional obligaba a algunos miembros de las familias que vivían en los Pirineos a emigrar a Francia unos meses para trabajar como temporeros. Era un modelo de pluriactividad.
El ganado ovino trashumante entra en crisis cuando se encarecen los pastos de invierno, básicamente por la presión demográfica y la presión agrícola, que hacen más difícil esta práctica. En la montaña de Teruel desaparece prácticamente en el siglo XIX, mientras que en el Pirineo aguanta hasta 1940-1950 y finalmente se convierte también en una actividad marginal. La agricultura de autoconsumo tiende también a entrar en crisis cuando empiezan a llegar productos agrícolas de otras zonas que tienen precios competitivos. La manufactura de la lana no puede competir con la industria textil moderna, y los talleres se tienen que cerrar. Por último, la emigración estacional es la única actividad que tiende a reforzarse, pero con un efecto contrario para las zonas de montaña porque el incremento de la emigración estacional sumado a la crisis del resto de actividades lo que hace es conducir a la emigración
definitiva.
El segundo tema al que me quería referir son los intentos de adaptación de la montaña a las nuevas condiciones. Se dividen en cuatro partes. La primera de ellas se refiere a la reorientación ganadera. Cuando la trashumancia ovina entra en crisis, los ganaderos tratan de conservar la cabaña pero sin practicar la trashumancia. Otra reorientación importante es la de pasar de producir lana a producir también carne, algo que comienza a hacerse en el siglo XIX. En este caso, nos encontramos ante el intento de producir un bien que tiene cierta demanda en todo el territorio. El objetivo, por tanto, es no producir lana sino producir crías que luego se venden en los mercados, principalmente en el de Barcelona, que era el más importante de la zona por aquel entonces. El siguiente paso fue intentar pasar a la producción de carne de bovino, que era más complicado en la montaña por las condiciones ecológicas de la misma, que en otras zonas más llanas. Además, los pastos ricos que necesita el bovino no son ricos en la sierra turolense, con lo que ésta experiencia tuvo más éxito en el Pirineo. También se encontraron nuevamente con el problema que suponía la lejanía de los mercados y las dificultades del transporte, que encarecían notablemente el producto. Por eso, esta práctica tuvo más sentido y más éxito en el Pirineo Catalán, donde la proximidad al mercado barcelonés ayudó a su desarrollo, o en Cantabria. La última etapa fue tratar de pasar al porcino intensivo. Este ganado ya no es exclusivo de zonas de fácil acceso o llanas, sino que también puede ser criado en la montaña. Vemos que en la actualidad, en el Pirineo Catalán ya es la primera actividad ganadera, mientras que en el Sistema ibérico todavía resiste el ganado ovino.
La segunda actividad es la producción de madera, tanto en la Sierra de Teruel como en el Pirineo, donde hay terrenos forestales y a mediados del siglo XIX se intenta expandir la venta de madera. La explotación es limitada debido a la falta de comunicaciones, que impiden sacar la madera en camiones. Además, las fábricas de muebles y demás se tienden a localizar en las zonas urbanas.
En cuanto a la producción energética, la montaña encuentra una ventaja con respecto a otras zonas, ya que se encuentra entre los primeros productores tanto de energía hidroeléctrica como de carbón. A partir de los años 60, el Pirineo pierde la especialización que tenía en cuanto a producción hidroeléctrica, ya que se imponen otro tipo de energías como el carbón o el fuel. En el Sistema Ibérico, la especialización se da en la extracción de carbón.
En el caso de la hidroelectricidad, esta actividad genera pocos recursos para el desarrollo de la montaña. Esto es así porque a la hora de construirse los embalses, se necesita mucha mano de obra y se crea mucho empleo, pero una vez construidos, su mantenimiento requiere muy poca mano de obra, por lo que apenas afecta a la economía. Sin embargo, sí se sufren graves perjuicios por tanto en cuanto los pantanos se crean en el fondos de los valles y anegan grandes zonas de terreno, incluyendo en algunas ocasiones a pequeños municipios ¿Cuál podría haber sido la gran ventaja de disponer de estos recursos de energía hidroeléctrica o quizá del carbón? Hay empresas, como la de fabricación de aluminio, que necesitan grandes cantidades de energía para su funcionamiento, y algunas de estas industrias aprovecharon la cercanía a las centrales para instalar sus centros de producción. La posibilidad de que esto ocurriese así desapareció cuando las empresas comenzaron a pagar lo mismo por la energía, independientemente de la zona en la que se encuentren ubicadas.
Las minas de carbón sí requerían mucha fuerza de trabajo, por lo que las zonas mineras se vieron favorecidas hasta los años 70 por la llegada de trabajadores que acudían a esas explotaciones y que colaboraron a que se desarrollasen esas zonas. La minería a cielo abierto, sin embargo, acabó con esta tendencia.
La actividad turística residencial es una actividad relativamente reciente porque lo asociábamos a países que tenían más desarrollada una cultura de ocio. En España, los problemas económicos habían hecho que la población no pensase en gastar su dinero en vacaciones y muchomenos en adquirir una segunda residencia. Sin embargo, esta tendencia cambió y ahora este tipo de turismo es una realidad en nuestro país. Sabemos que el modelo turístico español en principio es de playa y sol. ¿Qué hacen las zonas de montaña ante esta perspectiva?
Aquí había dos modelos turísticos. Uno que promovía la creación de recursos en masa para atraer a una misma zona un gran número de gente. Sabemos, por ejemplo, que las estaciones de esquí crearon un impacto muy fuerte en los valles en los que se instalaron. La otra alternativa es el turismo rural, natural y de montañismo, un tipo de actividades que tienen menos impacto en las zonas en las que se practican, y que ha comenzado a funcionar en España a partir de los años 80 ¿Cuál es el problema de este tipo de turismo? que llega tarde, cuando ya el fenómeno de la despoblación es un problema. Aún así, puede ayudar a mantener la población existente.
Los obstáculos a la adaptación se encuentran en la mala dotación de infraestructuras para el transporte, las restricciones de carácter ecológico, porque otro tipo de actividades agroganaderas que tenían éxito no podían desarrollarse en zonas demontaña o no tenían en las zonas de montaña ventajas específicas que las hiciesen más atractivas que las que se desarrollaban en otras zonas y, finalmente, las dificultades de acceso a ciertos bienes y servicios públicos y privados.
En cuanto al proceso de despoblación del Pirineo Aragonés, cabe destacar que su singularidad se debe a la precocidad con la que se inició, que se explica por su proximidad a los grandes núcleos industriales más desarrollados de España. Cosa que no sucedía en otras zonas también pobres como Andalucía o Extremadura. En nuestro caso, tenemos gran proximidad a los cinco grandes centros receptores de inmigrantes de España: Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao y Zaragoza. Concretamente esta última ciudad acaparó el 80% de los emigrantes de las zonas de montaña de la región. Otra de las singularidades de esta despoblación se encuentra en la fuerte intensidad de la emigración que se dio entre los años 1950 y 1970 y que tuvo que ver con el fuerte crecimiento industrial que hubo en las zonas urbanas en detrimento de la economía tradicional de las zonas de montaña, que sufrió un grave retroceso. Todo esto dio como resultado un desierto demográfico en las zonas de montaña de Teruel. Las cifras de emigración desde 1860 son muy elevadas. Esto quiere decir que cada año, por cada 1.000 personas se iban 6,7.
Las zonas de montaña no se han convertido en zonas subdesarrolladas. La renta per cápita es sólo un poco más baja, pero no demasiado. ¿Dónde está el problema entonces? El problema está en que la economía tradicional y los intentos de traslación no han creado un tejido lo suficientemente eficiente como para permitir que la gente se quede a vivir en ese lugar. Por otra parte, en otras zonas se ofrecían muchas más oportunidades.
En cuanto a las perspectivas ¿Qué esta cambiando? ¿Hemos llegado al fin del éxodo humano? Sí, sobre todo en tanto número como sucedió entonces, pero quizá es porque ya no queda mucha más gente por irse. Las personas con mayores estudios se siguen yendo, y también las mujeres se van en mayor medida. Otro de los problemas es el envejecimiento de la población en las zonas de montaña en todo el país. Se mueren muchos más de los que nacen y ni siquiera la emigración es capaz de recuperar esta tendencia. El envejecimiento no es algo malo, es un nuevo fenómeno con el que hay que trabajar y buscar sus lados positivos.
Además, se están dando nuevas tendencias migratorias. Vemos que los saltos migratorios para las zonas rurales de Aragón, no sólo para las de montaña, han cambiado. Mientras en los últimos 160 años, Aragón era una región de la que se emigraba, ahora somos una región receptora de población en términos netos. Viene más gente a las zonas rurales de la que se va. Estas nuevas tendencias migratorias responden a causas muy diversas y variadas.
En primer lugar hay inmigración extranjera que ha pasado de ser a algo irrelevante a ser uno de los componentes fundamentales de la población española. La tasa de inmigración extranjera que tiene España en estos momentos la superan pocos países en el mundo. En términos relativos somos unos de los principales receptores de inmigrantes y en términos absolutos también. En 1999, cuando ya había comenzado el fenómeno de la inmigración extranjera, en Aragón sólo suponían el 1% de la población total. En 2004 estábamos en el 7,6% de la población y en el 2006 se habla de cifras próximas al 10%. Lo más interesante del fenómeno es que en vez de existir una tendencia de aglutinarse todos en municipios de tamaño mediano o grande, se están repartiendo por todo el territorio. Es decir, que incluso en municipios muy pequeños, de menos de cien habitantes, existe población inmigrante ¿Por qué vienen los inmigrantes a España? Las causas son similares a las que sufrían los montañeses de Aragón que emigraron de sus tierras. Vienen de países muy pobres con escasas posibilidades de empleo a un país con niveles de rentamuy altos y donde tenemos unmercado laboral capaz de absorber todo ese extraordinario volumen de población. Nunca en España hubo una tasa de paro tan baja desde 1973 como la que hay ahora, y sin embargo sabemos que han entrado varios miles de personas extranjeras a buscar trabajo ¿Qué es lo que está pasando?
Dos cosas: Por un lado nunca hemos tenido un número tan pequeño de personas jóvenes entrando a en el mercado del trabajo. Esto se debe a que en España tras el ‘baby boom’ hubo un gran retroceso en la natalidad que provocó que ahora haya pocos jóvenes españoles de alrededor de veinte años. En segundo lugar, la actividad económica española se sostiene en actividades muy productivas que requieren gran mano de obra, como es la construcción.
¿Hay alguna oportunidad específica para las zonas de montaña? Yo creo que sí y me parece interesante. En las zonas de montaña hemos visto que había oportunidades de trabajo que no se podían cubrir, proyectos que no se podían desarrollar, porque simplemente no había gente para trabajar en ellas. Por eso estos inmigrantes están ocupando empleos que no se cubrían. La principal ventaja de la llegada de población extranjera es que se convierte en un elemento dinamizador de las zonas despobladas. El inconveniente es que se tiene que dar un buen proceso de integración para evitar que surjan conflictos con las personas de la zona a la que llegan. El problema a medio plazo es que tras un tiempo vean que las zonas de montaña no les aportan los recursos que ellos quieren o necesitan y busquen otras zonas del país para residir.
Otro de los fenómenos migratorios interesantes es el que se produce de las ciudades a las áreas rurales. Éstos, aunque mueven poblaciones menos importantes, son también dignos de considerar. El principal movimiento migratorio que existe ahora dentro de España es el de las personas que viven en grandes ciudades que van a vivir a las zonas rurales. Las causas principales que originan este fenómeno es la búsqueda de un estilo de vida diferente al de la ciudad, con motivaciones muy variadas. También influye el precio de la vivienda, que está expulsando a mucha gente de las zonas urbanas hacia las zonas rurales ¿Qué papel juegan aquí las zonas de montaña? En el caso de la aragonesa, pueden aprovecharse y mucho de la primera causa que hemos dicho, ya que la montaña ofrece un cambio de vida completo para alguien que desee salir de la ciudad. Sin embargo, vivir en la montaña y trabajar en la ciudad resulta aún complicado debido a que, como hemos comentado, las comunicaciones no son todavía todo lo buenas que cabría desear y las distancias son grandes. No obstante, esto si se está dando en otros territorios y, por ejemplo, el Valle de Arán es hoy ya una zona suburbial de Barcelona.
El patrimonio natural y la reserva paisajística de las zonas de montaña son superiores a las de cualquier otra zona rural o urbana de España, y en general esto es lo que debemos vender para que la gente lo pueda disfrutar de diversas maneras, como segundas residencias o como clientes de turismo rural… Por eso desde el punto de vista político hay que luchar por ello, ya que en muchos casos cuando se cuida esto se produce una inmigración de cerebros, de personas dinámicas y muy interesantes que reavivan la vida en la montaña.
El último efecto es la emigración de retorno, la de personas que son originarias de las zonas de montaña que vuelven a su lugar de origen. Esta emigración de retorno se suele concentrar en dos momentos. El inmediatamente anterior a la jubilación, en torno a los 60 años, y el de la jubilación. Para mi es interesante, porque en ocasiones son capitales y a veces también supone la llegada de personas dinámicas que rehabilitarán casas y habrá que prestarles servicios públicos para facilitar su vida allí.
Es importante, sobre todo para el fenómeno de la inmigración extranjera y la que viene de la ciudad, crear un buen sistema de venta de vivienda rural y también de mercado de trabajo, porque normalmente se hace difícil para estas personas conocer dónde existen necesidades laborales y cuáles son las ofertas de vivienda que hay en esas zonas.

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