JESÚS ARANGO
Economista Universidad de Oviedo.
El año que viene se cumplirán 25 años desde que Rafael Fernández, primer presidente del Gobierno regional que hubo, me nombró consejero de Agricultura, el primer acto público al que asistí fue venir a la feria de muestras de Vegadeo. La visita a la comarca me hizo reflexionar: En Asturias en aquellos momentos teníamos y seguimos teniendo una economía dual. Una parte del territorio estaba ligada al sector industrial -las cuencas mineras y el sector siderúrgico- y el resto de Asturias seguía viviendo prácticamente como hacía 500 años.
Cuando se habla en los últimos años de los cambios de la revolución industrial, si algo se ha movido de forma radical en Asturias, mucho más que el sector urbano, ha sido el mundo rural.
En los años cincuenta, la agricultura en Asturias era de autoconsumo, se vendía lo que sobraba, no había posibilidades de comercializar la leche, salvo al lado de las ciudades con la leche a domicilio. El primer gran cambio que marca una ruptura de tendencias históricas desde hace 500 años son las desnatadoras en los pueblos. Cuando entramos en el Gobierno en 1982, algunos teníamos una visión previa de lo que queríamos que fuese Asturias. Pensábamos que había que romper esta dicotomía entre la Asturias industrial y rural y había que hacer cambios importantes; creíamos que la agricultura no podía ser el soporte del modelo de desarrollo y que había que ir más allá de lo agrario.
En 1984 se publicó un libro sobre la situación de la comarca Oscos-Eo y en el prólogo me decantaba por la existencia de una Asturias diversa, con desequilibrios, y consideraba que la reducción de esas disparidades no era tanto un tema de justicia, que sí lo era, sino de mejorar la eficiencia económica. Era una declaración de principios.
Cuando hablamos del Plan de Oscos hay que tener en cuenta que se hizo en el contexto de los primeros gobiernos regionales, que tenían quizá el entusiasmo de la novedad; estábamos en el contexto de una crisis económica muy prolongada en el país y por tanto había escasez de recursos. Hay que pensar en lo que pasó entre 1975, cuando muere el dictador, y 1985, cuando cambia el ciclo económico. En esos diez años se perdieron en España -que era un país que tenía en el extranjero más un millón de personas buscando trabajo- dos millones de puestos de trabajo.
Había un gran atraso en las zonas rurales de Asturias. Además, los impedimentos iban más allá de la voluntad individual de los campesinos; no había electrificación y era imposible que la gente tuviese ordeñadoras y se modernizase para poder vender su producción a los mercados de la industrialización porque la situación rebasaba sus posibilidades. Hubo que hacer un plan de electrificación rural, hubo que subvencionar para que hubiese luz de calidad, y hacer un esfuerzo fundamental -saneamiento de las ganaderías- que no contó con la colaboración de la industria láctea, -que se negaba a recoger la leche en 1985 a los ganaderos que no estuviesen saneados-, pero salió bien. Los ganaderos también tuvieron que hacer un gran esfuerzo asumiendo pérdidas importantes.
Teníamos un objetivo: el reequilibrio regional que iba en los programas electorales y estaba en frontispicio de la agenda política de los años ochenta, aunque luego desapareció de la misma. A la vez, teníamos que negociar la entrada en la CEE, que originó un gran debate nacional y regional, y que exigió despilfarrar muchos esfuerzos para convencer a la gente de que eso no era malo, sino que era mucho mejor que la situación de un país aislado.
El Plan de Eo-Oscos (1982-85) se plantea como una visión integral del desarrollo, algo más que modernizar la agricultura. Teníamos un entorno legislativo que sigue estando vigente, la Ley de Agricultura de Montaña, y el decreto que lo desarrolla, que son los Proprom, los Programas de Promoción y Ordenación de los Recursos Agrarios, que tuvieron su momento de esplendor.
¿Por qué se hizo el Plan Eo-Oscos?
Asturias estaba muy mal comunicada y esta comarca estaba muy lejos del centro; algunos se acordarán cuando había que ir al hospital de Oviedo, que eran cuatro horas y media de viaje por una carretera infernal. Entendimos que la comarca Eo-Oscos, con estas dificultades, debía acoger este primer experimento positivo por una razón fundamental: porque era frontera con otra Comunidad Autónoma y en las fronteras hay que marcar territorio. Para ello hicimos un intento de diagnóstico, con el informe de un consulting que estuvo en la comarca y elaboró un libro sobre la situación y las perspectivas de la agricultura se hizo el Plan Eo-Oscos, un plan de inversiones.
Hubo una decisión política de no esperar a los fondos comunitarios, que entonces no existían, ni a la disculpa de declararlo Procom, y se consiguió que el Consejo de Gobierno aprobase ese plan con una serie de inversiones de todas las consejerías, la mayoría de ellas a remolque, y así surgió el Plan Eo-Oscos, que comenzó a funcionar antes de que tuviese financiación estable. De hecho, no logró nunca ser un Procom porque la legislación era de imposible aplicación, era una muestra de que a veces una legislación con buenas intenciones fracasa por que está mal diseñada.
Defendí que un plan de este tipo requería una Administración especial y crear un organismo autónomo ad hoc que viniese a Vegadeo y fuese el primer ensayo de descentralización administrativa y que hubiese un delegado del plan que estuviese en la zona. Sin embargo, quedó reducido a la existencia de una gerencia del plan. Frente al plan previsto, la Ley de Agricultura Montaña de 1982 sigue vigente y el decreto de 1984 que la desarrolla también. El plan consistía en que había que declarar las zonas de montaña -en Asturias tenemos el 91% de territorio en zona de montaña, es la región más montañosa de España- y sobre esa delimitación había que hacer una propuesta de programa; se creó el comité de coordinación de zona, que teóricamente elaboraba el Proprom -los programas-; eso era aprobado por el Gobierno regional, que lo remitía a la Comisión de Agricultura de Montaña, y que ésta lo trasladaba al Gobierno de la nación.
¿Por qué falló?
Como el programa requería la cofinanciación de varias administraciones, exigía hacer convenios. ¿Qué ocurría? Primero que no sabías con quién tenías que hablar, y segundo, que al ministerio correspondiente le importaba un bledo los programas de montaña, no era su prioridad. Por lo que era muy difícil firmar los convenios y, como sin convenios no se podía acudir a la financiación del Gobierno de la nación, no pudo aprobarse ni siquiera un Proprom.
El único que llegó, el primero, cuando se lo entregamos al secretario no supo qué hacer con él. No sabía como seguir el procedimiento.
¿Qué ha pasado?
Si uno toma los indicadores el Plan de Eo-Oscos ha sido un fracaso visto así. La evolución de la población de los siete municipios refleja que a principios del siglo XX había 24.000 personas, hasta 1950 tenían una economía cerrada, no muy sometida a la migración interna, se llega a 23.000, pero cuando se produce el gran cambio fue entre el 1950 y 1981, en que baja a 15.000 habitantes. A pesar del plan, la población siguió reduciéndose hasta los 12.000.
¿Qué hubiese pasado si no hubiera habido plan Eo-Oscos?
En mi opinión las cosas han cambiado radicalmente. En 1982 vine por primera vez a Taramundi a inaugurar la luz, entonces la gente no venía ningún tipo de futuro; sin embargo, hoy tiene futuro, aunque no lo reflejen los datos económicos. Me extraña cuando consulto la renta municipal y los municipios en renta per cápita disponible, y es curioso, pero Taramundi es el concejo más pobre de Asturias, es inexplicable. En general, todos los concejos de la comarca han perdido posiciones en el ránking de 68 ayuntamientos en renta disponible per cápita de Asturias. Sin embargo se ha producido un cambio de tendencias.
Es preciso reflexionar sobre la teoría del ‘gran empujón’. En estas comarcas es tan difícil hacer un cambio de tendencia porque el gran error de muchos economistas es plantear el desarrollo como la gran cuestión económica, cuando el desarrollo es un proceso de transformación en una sociedad donde las actitudes tradicionales ante la salud, la cultura y el mundo pasan del fatalismo al cambio, un cambio que se ha dado en la comarca aunque no lo reflejen los indicadores. Habrá muchos problemas, pero hay un cambio.
¿En Asturias sigue teniendo prioridad reducir las disparidades?
En 1980 la disparidad territorial era una preocupación y con los planes presupuestarios se fueron reduciendo las diferencias; en los años noventa se estabiliza esa reducción de la convergencia en la renta per cápita de los concejos y sólo del 2000 a 2002, que no se sabe si sigue la misma tendencia, parece que vuelve a disminuir. En Asturias el proceso de convergencia tiene dos etapas. Una muy fuerte en los años ochenta y otra de pasada a un segundo nivel.
Algunas cuestiones que nos tienen que ayudar a comprender la situación en la que estamos para tomar medidas en el futuro:
– La situación es muy, muy difícil. Hemos asistido a un cambio estructural enorme. En 1986 Asturias estaba en torno a las 30.000 explotaciones, el tamaño medio de una explotación lechera era de 18.000 kilos año, hoy posiblemente haya menos de 4.000 explotaciones que producen lo mismo, por lo tanto hay un rendimiento medio de la explotación que supera los 130.000 kilos.
– Existe un cambio territorial, porque la producción de leche que entraba a principios del siglo XX por el oriente de Asturias con las famosas vacas pintas, se ha dado la vuelta con el tema de las cuotas y está concentrada en el occidente de Asturias.
– Tenemos más productividad pero menos vecinos en los pueblos; un tercio de la población de Asturias, unos 300.000 ciudadanos, ocupa dos tercios del territorio. En diez concejos asturianos se perdió más del 70% de la población entre 1900 y 2000: San Adriano, Quirós, Proaza, Yernes -no son ayuntamientos de territorios periféricos, están cerca de Oviedo-, Allande, Ponga, Somiedo, Pesoz, Taramundi e Ibias.
– El 40% de la superficie de Asturias, en 30 concejos, perdió más del 50% de de la población entre 1900 y 2001. Son indicadores de la terrible desertización humana. La principal especie en extinción en Asturias no es el urogallo ni el oso, es el campesino.
– Tenemos un poblamiento muy complicado desde el punto de vista económico y esto viene dado por la orografía -los valles- con una estructura poblacional que viene del proceso histórico de dominación, de una gran propiedad que se asienta en la tierra: quintanas, caserías, aldeas… Esto da lugar a que si queremos llevar servicios del siglo XX y XXI a sus ciudadanos son servicios muy caros. Es un tema que tenemos que tener en cuenta a la hora de la financiación autonómica y de hacer una política en el medio rural.
– El problema de despoblamiento también queda reflejado en que trece concejos asturianos -un tercio de la superficie- tienen menos de diez habitantes por kilómetro cuadrado.
La FAO dice que poblaciones con menos de 16 ó 17 habitantes sufren procesos de regresión demográfica irrecuperables. En muchos territorios rurales o se hace una reimplantación de la población o no hay nada que hacer.
– Tenemos diversidad. Desde Ponga o Somiedo que tienen 4 y 6 habitantes, respectivamente, con población dispersa y además envejecida -hay una media regional de dos habitantes mayores del 65 años por cada uno menor de 14- a Avilés con 3.117, Gijón 1.483 y Oviedo con 1.077.
– Tenemos otros temas pendientes importantes por los que hay que pelear: los derechos de propiedad y la reforma y descentralización de la administración y el diseño de nuevas políticas. Hay un problema muy gordo que viene desde hace siglos comos son los montes comunales; un tercio del territorio de Asturias, el 40%, lo constituyen montes comunales y en algunos concejos representa algo más del 50% de su superficie.
– En más de un 40% del territorio la propiedad está discutida y había que abordar esta cuestión porque si queremos que la población llegue al medio rural, que no emigre y que alguien vuelva, tenemos que crear incentivos. Si cuando vivo en un pueblo comparo el nivel de vida de la ciudad para mis hijos -no pueden tener preescolar en muchos casos, no hay sanidad, tienen empleos peores-, si queremos que esto cambie hay que poner en la balanza cuántas subvenciones recibe, cuántas debería recibir con un modelo como el de Suiza o Austria, en el que los ciudadanos son cuidadores del paisaje; cuantas subvenciones pierdo por desgravaciones fiscales o que otros beneficios pierdo.
O se cambia radicalmente, o la desertización del espacio rural asturiano es un tema cantado, que va a ocurrir, en 15, 30 ó 30 años. Será una catástrofe anunciada. Por eso habría que hacer un diagnóstico e intentar hacer un gran pacto regional, una especie de pacto de Estado, de cómo nos planteamos el tema. Hay zonas que son irrecuperables, por lo que habría que ser selectivos y determinar a cuáles vamos a darle un empujón, porque no podemos pretender que todo el territorio sea recuperado. En cuanto a la dotación de servicios, hay que hacer un diseño diferente, mantener la estructura poblacional y abandonar la filosofía de que el coste escolar es el más caro del mundo.
No voy a caer en el error de considerar la política comunitaria como elemento fundamental para hacer la política en Asturias. La política que se puede hacer con los fondos de desarrollo rural, con los 7.200 millones de euros que va a tener España, son fondos que habría que incorporar a una estrategia específicamente territorial asturiana, por comarcas -cada comarca tiene su propia cultura y prácticas ganaderas- y hay que ver cómo se potencia de forma selectiva.
En la UE no nos van a enseñar programas comunitarios porque el gran fraude de estos años es que el desarrollo rural se ha fomentado con programas como Leader, cuando eso no es desarrollo rural, sino medidas de carácter horizontal para el territorio, pero no un plan de desarrollo rural, que tiene que ser integral, donde participen todas las áreas de Gobierno y donde se haga un esfuerzo conjunto programado y donde se haga una administración especial en el territorio. Después de 25 años de autonomía hay que intentar sacar la administración de Oviedo y llevarla a la periferia. Hay que apostar por la extensión agraria, por crear agentes con filosofía de desarrollo rural con un nuevo mensaje y por la economía de las ideas.
Existen todavía multitud de ideas por desarrollar y debemos ser capaces de introducir productos singulares. En economía hay dos cosas para competir, o se hace lo mismo más barato que otro, o hago algo que otro no pueda hacer, hay que diversificar producciones; hay que hacer cursos de formación, introducirlos en las escuelas como hacen en otros países, hablar idiomas…
No nos puede coger el toro por segunda vez. El campo asturiano estuvo donde estuvo porque no tenía estructuras de electrificación para la modernización, ni red de caminos, ni teléfonos. Ahora, la cuestión imprescindible para el espacio rural y para todos aquellos que decidan trabajar en él es la cobertura de banda ancha, sin ella no hay posibilidades de futuro y quedaríamos otra vez fuera del tema. En marzo de este año la comisaria de la Sociedad de la Información y la de Cultura ha defendido que la banda ancha no va a llegar a las zonas rurales periféricas porque los operadores no tienen interés en invertir en esas zonas y han autorizado a que se formen sociedades participadas, levantando las normas de la competencia
-que prohíbe que se den ayudas públicas-, reconociendo que es fundamental para las zonas rurales. Aquí tenemos montes y valles, dificultades en las señales de televisión, y tenemos que estar investigando y poniendo el acceso a banda ancha por satélite. Si tengo montañas y núcleos dispersos lo más barato no es cable. Nadie va a instalar una empresa o un hotel sin acceso a banda ancha. Todo lo demás es secundario.
Estos son los objetivos de la nueva política de desarrollo rural comunitario por la que España percibirá entre 2007 y 2013 un total de 7.214 millones de euros:
– Eje 1. Aumento de la competitividad agraria y forestal.
– Eje 2. Medio Ambiente y entorno rural.
– Eje 3. Mejora de la calidad de vida y diversificación de la economía rural.
– Eje 4. El enfoque Leader.
Respecto a las nuevas estrategias de desarrollo rural exigen:
1) Tener una visión de Asturias a 10 ó 20 años. No es una opinión personal mía. Hay que tener en cuenta si queremos una Asturias con la población concentrada en el centro, o una Asturias más diversificada donde las actividades pasen por las vacas, el campo y la tecnología de la información o una Asturias como Dinamarca, donde en el campo hay centros de investigación o una Asturias que cada vez concentra más en el centro la actividad económica. Esta visión no es fija es como un mapa revisable y adaptable en función del objetivo a buscar.
2) Hay que tener en cuenta las restricciones en los recursos que tenemos para operar. No sólo de recursos económicos, sino también de capital humano -qué personas tenemos, qué cualificaciones, si son jóvenes o no, su actitud hacía el cambio…-Hay que establecer prioridades porque no se puede hacer todo a la vez y dar prioridad a unas zonas en Asturias y luego conocer las secuencias -qué barreras hay al cambio, cómo se rompen esta barreras…-, lo que es, en definitiva, hacer una estrategia.
3) Evitar la brecha digital -banda ancha es fundamental y hay que ser ambiciosos y creer que es posible todo y somos capaces de hacerlo.
4) Coordinación interna del Gobierno regional y de los niveles de administración. No hay posibilidad de desarrollo basado en una estructura municipal, hay que crear una comarcalización que sirva para la ordenación territorial y sobre esa superponer una administración descentralizada. Quien diga otra cosa está mintiendo a los ciudadanos, no es posible mantener 78 ayuntamientos en Asturias con los gastos del personal que tienen y el exceso de capacidad.
Habría que hacer:
– Planes de desarrollo comarcal y mezclar la estrategia territorial con figuras especiales.
No puede haber una comarca Proder o Leader, una comarca que sea parque natural, una comarca que sea reserva de la biosfera… no, hay que hacer un plan de desarrollo donde el medio ambiente sea una variable más a introducir en un esquema comarcal de mantenimiento de la cultura y de los atractivos. Habría que hacer un inventario de los atractivos rurales y sobre eso basar el cambio. Es un tema difícil de hacer pero es posible. Soy radicalmente crítico con la separación que se ha hecho en Asturias sobre las políticas de protección de la naturaleza, no puede ser que haya un funcionario o consejería para ver cada cosa -árboles, pájaros…-. Una de dos, o decidimos claramente que los campesinos son los creadores del
paisaje y que política de conservación de la naturaleza es una política agraria de medio rural o estamos creando un fraude, una política ineficiente. Hay que ponerse manos a la obra y hacer una defensa del paisaje porque si no hay campesinos pasamos del verde al marrón y del marrón al desierto, por el abandono de superficies. En lugar de discutir sobre los modelos de desarrollo tendríamos que plantear las subvenciones frente a proyectos piloto, muchas veces lo que hay que hacer es proyectos piloto que sirvan de ruptura. Además es importante todo el tema de asesoramiento a proyectos ya que hay que ayudar a la gente no sólo con ayudas económicas sino facilitando el papeleo etc…
– Es precisa la coordinación y la descentralización administrativa, aunque en los últimos 25 años los pasos que se han dado son bastante poco recomendables. Hay agentes de desarrollo rural, oficinas Proder… pero sin una coordinación y sin una cierta comarcalización de la administración. Creo que es una reflexión que debería hacerse después de 25 años y plantear una extensión de la administración por el territorio y aprovecharlo para hacer cosas de vanguardia. Abrir los organismos autónomos para los proyectos. De forma muy acelerada hemos pasado de un mundo de las campañas del valle a la economía global y eso hay que tenerlo en cuenta también en cualquier esquema de desarrollo rural. El tema es complicado pero si uno tiene vocación de conquista podemos ir a la conquista de nuevo de los ciudadanos.
