MESA REDONDA
ANTONIO MAYA FRADES / Universidad de León
Durante los últimos años, el desarrollo rural y el desarrollo territorial se han convertido en un tema de interés científico para los geógrafos, lo mismo que para otros investigadores sociales, comportándose, por tanto, como materia interdisciplinar y objeto de estudio, que trata de plantear y buscar alternativas y estrategias viables para el mantenimiento de los
variados territorios rurales. Dicha preocupación está plenamente justificada y se halla en consonancia con los problemas de identidad, crisis y desarticulación que acechan a los diversos espacios rurales; en ellos conviven extensos territorios desfavorecidos y en progresiva decadencia con otros que presentan mejores niveles de desarrollo y mantienen unas condiciones de producción ajustadas a las demandas del sistema económico vigente, en el que priman, como máximas fundamentales, la competitividad y la rentabilidad.
La Política de Desarrollo Rural debe entenderse como una política amplia e integradora.
Debe plantearse como algo más que un complemento de las políticas agrarias europeas. Debe incorporar todos los elementos necesarios para ofrecer un futuro mucho mejor al mundo rural.
(Declaración de Sevilla: 2005). Éste tiene que desempeñar nuevas funciones, además de las actividades tradicionales y de su importante cometido, relacionado con su carácter integrador de abundantes huellas culturales y de variados recursos; han de estar en consonancia con la defensa de los valores paisajísticos y del equilibrio ambiental y con el fomento de medidas encaminadas a mejorar la viabilidad de las áreas rurales por medio de un equilibrado desarrollo económico y territorial. Por eso, dicha recuperación es muy acertada, estando asociada a la consecución de una garantía de prosperidad y de calidad de vida para toda la población; su mantenimiento resulta de vital importancia en todos los sentidos, pero, sobre todo, si se quiere impulsar un desarrollo armónico, cohesionado y de acuerdo con los principios de la sostenibilidad.
La preocupación de los distintos colectivos sociales por buscar y proponer actuaciones que sean susceptibles de recuperar, en la medida de lo posible, el valor estético de los paisajes y las variadas y ricas fisonomías de los espacios rurales, se convierte en una forma de asumir y de devolver a dichos territorios las funciones que han desempeñado a lo largo del tiempo. Esas inquietudes son las que han influido en que se planteen iniciativas encaminadas a impulsar las posibilidades socioeconómicas y territoriales, que han de permitir sentar las bases para el afianzamiento de los principios del desarrollo rural. Éste se ha convertido en una clara opción social; se trata de una estrategia territorial que ha de servir para mejorar las perspectivas económicas y diversificar las rentas agrarias de las explotaciones, para lo cual deben recurrir a métodos productivos que pongan en valor sus propios recursos endógenos y dinamicen la multifuncionalidad de los espacios rurales.
La inexistencia de una verdadera política de desarrollo rural, aunque sí hay programas de actuación que son complementarios de otras políticas de carácter sectorial, ha influido en que se plantee la constitución de una Política Rural Europea. Esta necesidad comenzó a tomar cuerpo a partir de los acuerdos programáticos de la Conferencia de Salzburgo, en la que se acordó, entre otros principios, el mantenimiento de un campo vivo, que redundará en beneficio de toda la sociedad, la preservación de la diversidad o que la política de desarrollo rural debe responder a las necesidades de la sociedad rural. Así pues, ya se han empezado a sentar las bases para crear un ambiente favorable para la elaboración de una adecuada política rural, que debe integrar las actuaciones anteriores y ha de tener una obligada referencia territorial, que sea representativa de las diversas áreas rurales europeas; además, se potenciará el método Leader, como instrumento básico de la aplicación de dicha Política, insistiendo en su enfoque ascendente y participativo mediante grupos de desarrollo. A su vez, para cubrir las necesidades financieras, se ha creado el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER), Reglamento 1698/2005 del Consejo, que engloba todos los fondos dedicados a los actuales programas de desarrollo rural y ha de servir para cubrir las perspectivas financieras y los objetivos de la política rural europea a partir de 2007.
Para que la puesta en marcha del FEADER y de la Ley de Desarrollo Sostenible del Medio Rural sean lo más beneficiosas para el conjunto del mundo rural, es preciso que los actores sociales y económicos diseñen un modelo de desarrollo ajustado a las necesidades de los espacios rurales. Dicho modelo tiene que contemplar una visión global del territorio, ha de disponer de capacidad suficiente para conseguir un adecuado equilibrio económico y ha de integrar la totalidad de los espacios rurales. No obstante, se ha de otorgar un tratamiento especial a las áreas desfavorecidas, que exigen la aplicación de políticas de carácter territorial que garanticen la cohesión social y económica. De cualquier modo, el desarrollo rural se ha de considerar como una estrategia necesaria para lograr la vertebración y la articulación de los territorios rurales con criterios de solidaridad, sostenibilidad, cohesión y calidad de vida. Para conseguir esos objetivos, es necesario realizar un análisis integrado del territorio con el fin de obtener las potencialidades de los variados recursos endógenos, incidiendo, de este modo, en el fomento de la multifuncionalidad de los espacios rurales, que ha de permitir buscar alternativas productivas y su correspondiente dinamización. A pesar de ello, el futuro inmediato de los espacios rurales provinciales está preñado de incertidumbres y de claroscuros; han de enfrentarse a retos que exigen muchos esfuerzos y bastantes dosis de imaginación para corregir sus progresivos desajustes socioeconómicos y territoriales.
Así pues, el contenido y los objetivos de los programas de innovación rural en los espacios rurales, en los que cumplen un papel relevante la renovación del diagnóstico y análisis del territorio, la adecuada valoración de los recursos locales o la búsqueda de nuevas alternativas productivas, se comportan como estrategias esenciales que permiten la intervención de diferentes actores sociales y económicos y sirven para plantear soluciones innovadoras en las áreas rurales. Dichos planteamientos son los que han incidido en que la geografía aplicada intervenga directamente en los programas de desarrollo rural, debido a que la conexión entre la geografía y el desarrollo territorial resulta evidente y los geógrafos disponen de peso específico suficiente para participar en ámbitos profesionales donde la dimensión espacial adquiere relevancia. Los geógrafos que están participando en esas iniciativas son bastantes, ya que su formación los convierte en profesionales adecuados para llevar a cabo las tareas que deben desempeñar los agentes de desarrollo rural-local, pudiéndose mencionar las siguientes funciones:
– Revisión y renovación del diagnóstico y análisis del territorio. El territorio pasa a ocupar un primer plano y se convierte en un elemento con suficiente fuerza que debe servir para sentar las bases de las nuevas modalidades y tendencias de desarrollo rural.
– Adecuada valoración de los recursos locales y rurales. Se ha de efectuar una ajustada valoración de los recursos rurales, pues dicho análisis debe servir para que se optimicen los beneficios del territorio afectado y, así, conocer sus ventajas añadidas.
– Reforzar los sectores agrario y forestal con el fin de que sean capaces de aportar ingresos económicos suficientes para crear empleos, mejorar las condiciones de vida, trabajo y producción y vertebrar espacialmente las áreas rurales.
Impulsar acciones que protejan el medio ambiente y el entorno natural para poder legarlo en las mejores condiciones a las generaciones venideras: adecuadas prácticas agrícolas, que sean sostenibles y compatibles con su protección y no lo deterioren ni contaminen, y la puesta en marcha de medidas agroambientales.
– Promover la diversificación de las rentas agrarias y la búsqueda de nuevas alternativas productivas. Conviene, pues, reforzar los sectores agrario y forestal, las correspondientes actividades de transformación de sus productos (industria agroalimentaria) y también las vinculadas al ámbito del ocio y del turismo con el fin de que generen los adecuados ingresos económicos, permitiendo al mismo tiempo retener la población y crear empleos, de tal modo que sirvan para mejorar las condiciones de vida y vertebrar el territorio de las diferentes áreas rurales.
– Incentivar los procesos de formación y favorecer el apoyo a los recursos humanos. Los cursos de formación no deben ser convencionales, sino más bien dirigidos a una preparación cualificada y ajustada a las necesidades de las iniciativas impulsadas por el propio desarrollo rural.
– Fomentar los procesos de innovación en los espacios rurales. Las nuevas tecnologías han de ser aplicadas de tal modo que sean capaces de generar valor añadido de los diversos productos locales.
– Dominio del modelo de crecimiento económico basado en el enfoque ascendente.
En resumidas cuentas, la ordenación del territorio, en el que algunos de sus objetivos deben conllevar la mejora de la calidad de vida de la población, la gestión responsable de los recursos naturales y la protección del medio ambiente o el uso equilibrado del territorio, se convierte en uno de los principios básicos del desarrollo rural integrado.
¿Qué líneas de investigación dominan en el desarrollo rural?
Durante los últimos años, los espacios rurales están siendo investigados desde diferentes perspectivas, dentro de las cuales, sin duda alguna, ocupa un lugar preferente el desarrollo rural-local, como alternativa económica y diversificación productiva y de pervivencia de los distintos paisajes rurales y todo el patrimonio histórico-cultural heredado. Se trata de valorar los recursos endógenos, recurriendo al uso de grandes escalas, con el fin de poder evaluar mejor las potencialidades-oportunidades y las debilidades-estrangulamientos-amenazas que presentan los diversos tipos de espacios rurales. En definitiva, consiste en abordar estudios de pequeñas áreas espaciales, que pueden ser consideradas como laboratorios y germen incipiente de proyectos de desarrollo endógeno, con el fin de que después se puedan aplicar en otras zonas de similares características geográficas.
Revisando las publicaciones sobre desarrollo rural aparecidas en los últimos años, se aprecian, entre otras, los siguientes tipos de trabajos o líneas de análisis y de investigación como más representativas de las dinámicas y tendencias que se están llevando a cabo y, al mismo tiempo, sirven para definir los sucesivos procesos acaecidos en los espacios rurales actuales:
En primer lugar, conviene mencionar los estudios que se basan en el análisis, valoración e incidencia de los programas de desarrollo rural integrado, tales como la Iniciativa Comunitaria LEADER y del PRODER en las diferentes comarcas-territorios españoles. En este caso, en la mayoría de las ocasiones se trata de trabajos que realizan un análisis cuantitativo de las medidas y de las iniciativas que contienen los diferentes programas; a veces, también aparece un análisis cualitativo de las actuaciones llevadas a cabo por los grupos de acción local. Este tipo de trabajos son los más numerosos; es lógico que dominen, pues lo más adecuado es conocer la realidad espacial inmediata.
En segundo lugar, están los trabajos en los que se incluyen las actuaciones de otros programas de desarrollo rural (regiones Objetivo 1, regiones Objetivo 5b o las medidas de acompañamiento). Mantienen una estructura similar a los anteriores, pues no deja de ser una análisis cuantitativo de las medidas, a veces acompañado de una valoración cualitativa. Este tipo de trabajos también se requieren para conocer la incidencia de las medidas en los diferentes espacios rurales. Sirven para tener un conocimiento de los espacios rurales inmediatos, de tal forma que se puedan evaluar con la suficiente información geográfica las propuestas/potencialidades más viables y las debilidades de los diversos territorios.
En tercer lugar, se hallan los trabajos más de carácter cualitativo, en los cuales se trata de medir-analizar los efectos-incidencia sobre el territorio que se derivan de la aplicación de los diferentes programas de desarrollo rural. Están más en la línea de interpretar los resultados a partir de la valoración-opinión de los colectivos sociales afectados. No deja de ser otra forma de evaluar la incidencia del desarrollo rural, aunque desde la perspectiva de la cualidad, sin dejar de lado la cantidad, pues la complementariedad entre ambas puede servir para tener un mejor conocimiento de los variados espacios rurales y la aplicación de los distintos programas de desarrollo rural.
En cuarto lugar, es necesario reseñar los trabajos que se centran en analizar las características y las perspectivas del desarrollo rural, tanto de forma global, como desde el ámbito de una iniciativa concreta. Se mueven más bien en el campo de la interpretación y de la exposición de posibles alternativas que puedan ser aplicadas posteriormente en los distintos espacios rurales. Actúan como banco de ideas, de proyectos, marcando las tendencias futuras; son más de carácter prospectivo, preocupándose de exponer las líneas de actuación que se deben impulsar para lograr un adecuado desarrollo endógeno y sostenible.
Asimismo, dentro de esta misma orientación se pueden citar los trabajos que se centran en la búsqueda de modelos y formas de articulación territorial de los espacios rurales. Se hallan dentro del ámbito de la asignación a los espacios rurales de nuevas funciones, en consonancia con las dinámicas de desarrollo y de impulso innovador en los espacios rurales.
Finalmente, en quinto lugar, el análisis de la actuación-participación de los distintos agentes sociales en el desarrollo rural. Este tipo de trabajos entronca más bien con los estudios sociológicos, aunque también son necesarios para conocer las opiniones al respecto de la población local y su interpretación de la incorporación de las nuevas iniciativas en los territorios rurales.
En esta misma senda se podría incluir otros trabajos que se preocupan de examinar la funcionalidad de algunas instituciones en el ámbito del desarrollo local-rural. En este sentido, conviene reseñar el importante papel que debe cumplir la Universidad en el desarrollo territorial, bien directamente, bien a través de sus Institutos. No cabe duda de que la Universidad, a través de la docencia, investigación y la implicación con el territorio donde se inserta, ha de cumplir importantes funciones con el fin de implicarse en los problemas que afectan a la sociedad en general; de ahí que los espacios rurales, como una pieza de ese puzle social, tengan que formar parte de sus inquietudes, tratando de buscar y proponer modelos de desarrollo rural con el fin de contribuir a un desarrollo equitativo, eficiente y sostenible de los territorios rurales.
De cualquier forma y al margen de los diferentes tipos de trabajos, lo que es evidente es la importante proliferación, durante los últimos años, de publicaciones centradas en el desarrollo rural. Este tema ha pasado a ocupar un lugar preferente dentro de la Geografía Rural; no podía ser de otro modo, si tenemos en cuenta nuestra preocupación científica por el devenir de los espacios rurales, donde se mezclan muchos intereses y donde confluyen muchas de las demandas que requiere la sociedad actual. Todo ello estaría vinculado con las ideas de transformación que acechan a los espacios rurales desde la fase finisecular y en los albores del presente siglo.
