JUAN JOSÉ MANGA
Jefe del Departamento de Investigación del SERIDA
Centraré mi intervención en dos aspectos importantes: la relación de la sociedad con la investigación y el desarrollo rural y las actuaciones del Serida en investigaciones sobre cultivos hortofrutícolas. Estoy convencido de que los modelos agroecológicos existen, están en las culturas, se han ido validando con los tiempos, y han llegado hasta nuestros días. Toda esta tecnología que viene del pasado está sometida a cambios como consecuencia de la evolución de los ecosistemas; los cambios socioeconómicos, la globalización, el cambio de mentalidad en los consumidores -están más informados y tienen otros hábitos de consumoobligan a intentar profundizar en el conocimiento de esos modelos agroecológicos que han sido testados durante siglos para mejorarlos con la aportación de nuevos conocimientos.
Todo esto desde un centro como el nuestro, que genera conocimiento para hacer frente a los retos de futuro, requiere una investigación muy participativa, algo que no es habitual.
Desde nuestro centro se ha hecho un esfuerzo para que existan integraciones de grupos con conocimientos diversos que incluyen a los campesinos y a los equipos interdisciplinares, para poder dar respuesta a problemas multifactoriales muy complejos.
Todo esto tiene que bascularse hacia la transferencia. Tenemos una gran base de conocimiento que debemos aplicar a través de la intervención en actividades que, en colaboración con los agricultores, los campesinos y los ganaderos, podamos hacer en diferentes zonas del territorio y que podrían marcar un escenario agroecológico que tendría que ser asumido desde las administraciones, desde la sociedad para que quede perfectamente definido qué hacer en cada territorio y cómo explotarlo de manera racional.
Sin lugar a duda, la sociedad se beneficia en gran parte de toda esta actividad rural, no sólo de la gestión y mejora de la biodiversidad, sino de que produce alimentos. En este momento el consumidor está inmerso en un mar de conocimientos en el que no existe ningún tipo de trazabilidad, desconoce de dónde provienen, cómo están elaborados… y ésta es una de las bazas más importantes para el desarrollo rural y el desarrollo local de actividad agroalimentaria.
Lo importante es que estos alimentos que se han producido en estos entornos lleguen al consumidor con conocimiento de todos sus valores desde el punto de vista de la nutrición y de la seguridad alimentaria, porque hay una cosa que es evidente y es que somos lo que comemos y que haremos un gran favor al sistema sanitario. Hace tiempo mantuvimos una reunión entre educación, sanidad y agricultura sobre temas relacionados con la alimentación y se afirmó que el gasto sanitario es terrible e insostenible y que es preciso que las autoridades sanitarias y las educativas hagan un esfuerzo; la sociedad tiene que hacer un esfuerzo global para que se produzcan alimentos en buenas condiciones, porque es la garantía de que existan, con unos buenos hábitos de consumo, gente más sana y de que el gasto sanitario sea sostenible.
Respecto a la transferencia, hay que plantear ¿cómo hacer llegar esto a la sociedad?
Entiendo que tiene que hacerse desde las administraciones públicas en un gran pacto global.
Creo que el Gobierno del Principado de Asturias tienen que tomarse esto en serio y lo mismo que existe un Consejo Económico y Social tiene que haber un consejo que sirva para que el desarrollo rural sea un hecho y que nos beneficiemos todos: especies humanas y no humanas.
Es muy importante plantear como una cuestión de todos ¿qué es lo que queremos de estas zonas? Debe establecerse un foro para que se discuta desde el ámbito de la sanidad, de la educación, del medio ambiente, de los concejos, la agricultura y todos agentes rurales que tienen que ver con la gestión del medio y con la producción de alimentos. El consumidor está completamente disociado de estos elementos. Actualmente estamos trabajando para las grandes multinacionales de la semillas, de la producción de alimentos y las farmacéuticas y esto tenemos que intentar cambiarlo entre un consenso social, si no, es totalmente insostenible para la especie humana.
Por otro lado, quiero plantear cuestiones que desde el servicio regional de investigación estamos haciendo en el campo de los cultivos hortofrutícolas para poder poner al servicio del sector herramientas tecnológicas que permitan producir en condiciones de sostenibilidad alimentos de alta calidad, y la base fundamental son los recursos fitogenéticos. Estamos haciendo un enorme esfuerzo desde los años ochenta por llevar a cabo una búsqueda de los recursos fitogenéticos locales; la clave está en la búsqueda de las variedades que están adaptadas y en no liarnos con otro tipo de recursos, porque los que están adaptados son los que tenemos que rescatar, evaluar y seleccionar y si cabe, ante un mundo cambiante debido a los cambios climáticos y no climáticos y a los cambios sociales, probablemente la mejora genética clásica tenga un hueco importante para poder ofrecer a los agricultores alternativas de eficiencia.
Desde punto de vista de la producción frutícola la especie a la que más esfuerzo hemos dedicado es el manzano. Estamos trabajando con una colección de 800 de las que 500 son variedades asturianas y se ha hecho un trabajo de selección en cuanto a resistencia, enfermedades, plagas, producción, calidades sensoriales y nutritivas muy importante, que ha llevado a tener una selección de más de una veintena de variedades que son las que están incorporadas a la Denominación de Origen. Son recursos tremendamente valiosos para poder diseñar itinerarios tecnológicos que sirvan para producir alimentos de alta calidad sin que el medio ambiente se vea perjudicado y son herramientas que ya son de aplicación.
Además, estamos trabajando en otro tipo de especies en colaboración con asociaciones -como la Coordinadora de la Producción Ecológicas o la Asociación de Productores de Escandaen la búsqueda de recursos genéticos en producciones hortícolas, en producciones de trigos, para seleccionar las líneas de mayor interés para que desde las instituciones públicas puedan ofrecerse estas herramientas de trabajo para que sean manejadas por los agricultores. La semilla es la clave, si el agricultor no controla la semilla no controlamos absolutamente nada y, por tanto, la sociedad se ve perjudicada por esa falta de control.
Se han desarrollado aspectos de mejora genética en judía y a partir de variedades de alto interés culinario y hemos conseguido obtener variedades que tienen resistencias genéticas de interés con las que aplicación de productos fitosanitarios se ve limitada, son prácticamente nulas, para poder producir las mismas calidades en criterios de sostenibilidad.
