JOAN GANYET SOLÉ
Director General de Arquitectura y Paisaje
Depto de Política Territorial y Obras Públicas. Generalitat de Cataluña
Cada montaña en el mundo tiene sus peculiaridades y su idiosincrasia. No son lo mismo los Alpes que los Andes, ni las Rocosas que los Urales. Todas son montañas, pero la situación socioeconómica de la población respectiva suele ser muy diferente. Su futuro puede ser brillante o precario. Pero, en general, las montañas son áreas que atesoran valiosos ecosistemas naturales, cuyas condiciones climáticas y orográficas son limitativas de las actividades económicas, áreas ricas en tradiciones y culturas del pasado, de población dispersa, con poca fuerza política. Por decirlo con cierta brutalidad, quizá excesiva, parecen estar destinadas a ser o jardín delantero, o patio trasero de las grandes ciudades vecinas. ¿Tendrán capacidad de generar a principios del siglo XXI una cultura moderna peculiar? ¿Podrán forjarse una nueva identidad adaptada a los tiempos nuevos? ¿Deben encerrarse en ellas mismas y condenarse a una pura nostalgia del pasado o a la esperanza resignada y pasiva de lo que les impongan desde fuera? Creo que están en una encrucijada, y que precisan de una reflexión a fondo, seguida de decisiones y acciones concretas. Estoy seguro que nuestro Fórum va a contribuir a un fructífero intercambio de ideas e esa dirección.
Exclamaba Policarpio, obispo de Esmirna: «¡Dios mío, Dios mío, en que mal siglo me has hecho nacer!» Salvando las distancias, un reflejo de ese estado de opinión se va generalizando en la sociedad contemporánea: un difuso sentimiento de pérdida de referencias de calidad en nuestro entorno, este lugar urbano o rural en donde se desarrolla la actividad diaria. Se trata de referencias más o menos asentadas en la nostalgia, pero que actúan como hitos orientadores en nuestro contexto vital. Este sentimiento de acelerada pérdida de referencias es consecuencia de la alta velocidad de los cambios que han introducido las últimas décadas del siglo XX y parte del actual. Es conocido que mientras las mutaciones físicas son galopantes, los procesos de impregnación cultural son muy lentos. De ahí proviene la sensación de desamparo que nos embarga y que es más acusada en nuestra generación que en la de nuestros padres. Recordemos las palabras de John Milton en ‘El paraíso perdido’: «no acuses a la naturaleza.
Ella ha hecho su parte. Ahora, haz tu la tuya». Creo que lo que acabo de exponer tiene mucho que ver en la peculiar relación que se da en los tiempos actuales entre el hombre urbano y el entorno rural o de montaña. Dijo un pensador escandinavo que el progreso histórico es realmente lento: «a veces hace falta un siglo para retroceder 50 años». Algo así ha sucedido en buena parte de la montaña europea, cuya población ha sufrido una enorme evolución a lo largo del siglo XX; en sentido positivo algunas de ellas y en sentido negativo muchas otras, por desgracia la mayoría. En general, hace un siglo jugaban un papel más preponderante en sus respectivas sociedades.
En línea con lo que ocurre en Europa, los habitantes de las zonas de montaña de España han descendido hasta el 2% de la población total. Este reducido porcentaje debe ser relativizado a la vista de que ocupan y gestionan casi el 30% del territorio, aunque es bien sabido que siempre debe hacerse una distinción de lo que es propiamente la alta montaña, donde los ecosistemas son mucho más frágiles.
Alguien afirmaba que los Estados Unidos deben moverse muy rápidamente sólo para permanecer en su sitio. Pues bien, también las poblaciones de montaña deben moverse muy rápido sólo para permanecer en su lugar. No hay, pues, tiempo que perder. Los primeros años del siglo XXI son cruciales para ellas, ya que la evolución social se acelera.
¿Cuál es el papel que deben jugar los habitantes de las áreas de montaña europeas en el futuro inmediato? Voy a ser un poco taxativo de entrada, perdónenme si demasiado taxativo.
Les invito a rechazar la consideración de las zonas de montaña españolas y europeas como áreas subsidiadas a medio y largo plazo ¿Por qué debemos rechazar ese papel secundario y subsidiario? Por una razón que me parece de peso. Los Alpes, los Pirineos, los Cárpatos y estoy seguro de que también los Andes, el Himalaya y otras montañas del mundo, atesoran un crisol de lenguas y culturas y un sinfín de valores histórico-artísticos y ambientales que son absolutamente imprescindibles para las potentes aglomeraciones urbanas vecinas. Ésa es su gran fuerza: son esenciales para los equilibrios fundamentales del ciclo de la vida. A los habitantes de las grandes ciudades les interesan, en el caso de aquí, unos montañeses vivos, no nostálgicos de glorias pasadas. No dependientes, subsidiados o acomplejados, menores de edad. Les interesan unos Alpes, unos Pirineos, unos Picos de Europa, una Penibética… con jóvenes valorizados, que jueguen su rol, un rol distinto pero complementario de las grandes urbes.
Llegados aquí, podemos formularnos una pregunta ¿Cómo será el Pirineo de aquí a 10 ó 15 años? ¿Cuántos serán, cómo vivirán, cómo se organizarán los pirenaicos? A continuación, se esbozan algunas ideas sobre el futuro de la cordillera. La singularidad del gran rectángulo de 400 kilómetros de largo por 100 kilómetros de ancho que ocupa el itsmo que une la planicie de Francia y la península ibérica, es la enorme riqueza de los sistemas naturales y del paisaje, en donde se muestra con toda su intensidad la potencia y el atractivo de la naturaleza.
A diferencia de otros grandes macizos, el Pirineo es una montaña próxima, y de escala humana.
Un bello escenario para las actividades de los hombres y, estoy seguro, con condiciones idóneas para desarrollar un estilo de vida adaptado a las exigencias de la modernidad, siempre que se cumplan determinadas condiciones. Conviene desterrar los prejuicios y el exceso de arcaísmo que a menudo planea sobre los valles y las colinas. Desde el neolítico hasta hoy, muchas docenas de generaciones han vivido en la montaña. Cada época ha dado testimonio de exitosos esfuerzos de adaptación de los pirenaicos a las exigencias del medio y a los nuevos retos económicos y sociales. Si, como es de rigor, la generación actual ha de mirar también hacia el futuro… ¿qué cuestiones esenciales debe plantearse? Según mi criterio, como mínimo, las que a continuación se exponen.
1) El valor de la ecología y el paisaje. Si lo que confiere una personalidad especial al estilo de vida montañesa es el bello marco en donde tiene lugar, la prioridad básica es el respeto y la protección del paisaje y los ecosistemas naturales, sin la cual nada tendría sentido.
Sería como matar la gallina de los huevos de oro. La preservación de la biodiversidad, la extensión y la articulación entre ellas de las áreas protegidas (parques nacionales, parques naturales, zonas PEIN, etc…) y la correcta gestión del bosque y de los cursos fluviales son exigencias de primer orden. En una palabra, el paisaje como sello de calidad. Y, además, considerando siempre fundamental la presencia activa y destacada de los campesinos y ganaderos que han de ver generosamente favorecidos por las administraciones sus esfuerzos dirigidos a la modernización estructural del sector, poniendo el acento en la producción con vocación ecológica.
2) La apuesta por una educación especializada. El Pirineo es un ámbito adecuado para desarrollar actividades secundarias y terciarias abiertas al futuro: antenas de universidades y escuelas técnicas, cursos de postgrado y de formación continua, sectores productivos de alto valor añadido y otros, como interesante extensión de las bases ubicadas en las aglomeraciones urbanas, situadas la mayoría a distancias no superiores a los 100 ó 200 kilómetros.
Conviene adaptar con urgencia la formación profesional a las características y las necesidades de la economía pirenaica y poner en marcha un ambicioso programa de alfabetización generalizada en las nuevas tecnologías de la sociedad de la información. Se trata de programas piloto muy asumibles por las administraciones públicas al destinarse a un cuerpo social de dimensión muy reducida.
3) La accesibilidad. Las infraestructuras estratégicas. El Pirineo es la espina dorsal y el nexo de unión de la región europea definida por las polaridades de Tolouse, Montpelier, Barcelona, Zaragoza, Pamplona, San Sebastián, Hendaya y Pau. Por lo tanto, la accesibilidad al Pirineo desde el norte y desde el sur, y entre el norte y el sur a través de las montañas, se ha de resolver lo antes posible en beneficio de los pirenaicos y del conjunto de los habitantes del área. Para superar la percepción y la cruda realidad del Pirineo como barrera impracticable, es necesaria la modernización de los ejes viarios perpendiculares al macizo y los de conexión horizontal entre los valles, la puesta al día de la red ferroviaria y la creación de una infraestructura aeroportuaria, además de la universalización de la banda ancha de internet, ya sea por cable o por satélite. La mejora de los sistemas de movilidad debe asegurar el acceso confortable de los pirenaicos y de los visitantes a los servicios públicos, en igualdad de condiciones con el resto de los ciudadanos.
4) La nueva organización de trabajo. La inmigración cualificada. Paisaje protegido, urbanismo cuidado, educación especializada, servicios públicos eficientes, mejor accesibilidad y nuevas tecnologías que aportan las condiciones necesarias para que pueda tener éxito una nueva organización del trabajo, unas renovadas relaciones campo-ciudad que posibiliten la llegada paulatina de una inmigración cualificada de personas en busca de un nuevo estilo de vida cerca de la naturaleza.
Se trata de la ciudad naturaleza: un nuevo concepto de hábitat en la montaña. Afirma Hans-Magnus Enzensberger que los privilegiados del siglo XXI serán los que podrán disfrutar de espacio y silencio. Yo añadiría, además, el paisaje. Las montañas españolas y europeas disponen de abundantes recursos ambientales y muchos espacios de calidad. Son, desde esta perspectiva extraordinariamente ricos, somos privilegiados los que vivimos en ellas.
Durante las últimas décadas se han producido cambios muy significativos en las formas de vida de las poblaciones de montaña. Se observa una cierta estabilización demográfica gracias al incremento de las actividades terciarias y de la construcción, mientras se constata que no han evolucionado positivamente ni la industria ni el sector primario, que padece un proceso acelerado de pérdida de explotaciones agropecuarias y de puestos de trabajo. El turismo, y de forma muy especial la construcción relacionada con el fenómeno de la segunda y, a veces, la tercera residencia, han marcado fuertemente el modelo de desarrollo económico, cultural y social. Y a veces se han producido y se están produciendo excesos que marcan muy negativamente a los valles.
Me atrevo a hacer una propuesta con el ánimo de contribuir modestamente a resituar la relación entre los habitantes de la metrópolis y los montañeses y, en general, los habitantes de las áreas rurales de población dispersa. Conviene cuestionar de una vez el fatídico 5+2 (5 días de trabajo en la gran ciudad y 2 de fin de semana fuera), y la enfermiza obsesión de los urbanos por la segunda residencia, que ocuparán quizá 15 días al año. Una segunda residencia vacía 350 días al año, según una reciente encuesta realizada en el Pirineo catalán, es un lujo asiático que no se permiten de ninguna manera los países más ricos del mundo. Si hay modelos no sostenibles, ese es sin duda uno de ellos. La propuesta se basa en el fomento de la vivienda-taller alternativa, frente a la casa-rural-eventual segunda residencia: viviendastaller con condiciones equiparables de confort, interconectadas telemáticamente con el centro de trabajo, destinadas a un público metropolitano emergente, que puede organizar su dedicación laboral con cierta libertad y no ser esclavo del 5+2. Nos referimos quizás a un 1% de los profesionales urbanos, del diseño, de la arquitectura, de la traducción, etc. Es un modelo que cree, más que en el teletrabajo, en el acceso a mercados y plataformas centradas en la metrópolis, pero en espacio-tiempo de producción flexible. Un modelo dirigido a personas que aprecien los entornos naturales y quieran disfrutar de ellos sin agobios ni masificación. Trabajando unos días de la semana en la montaña y manteniendo el contacto profesional con la gran ciudad y, porqué no, la segunda residencia allí, pero huyendo de los flujos de tráfico de los fines de semana. Sabemos que circulando en sentido contrario de la gran masa, las carreteras son más anchas y las estaciones de esquí más grandes y más tranquilas. Creo que estarán de acuerdo ustedes en ello.
Es bien sabido que los servicios, las comunicaciones, las telecomunicaciones y la logística son elementos básicos para el desarrollo de la actividad profesional, para el ocio culto, así como los equipamientos sanitarios, educativos y deportivos de suficiente calidad. Por lo tanto, y ello es esencial, el modelo debe basarse en la constelación de pequeñas y medianas ciudades que articulan el territorio de la montaña europea. En definitiva, las ciudades que ejercen de centros de servicios en su inmediato entorno geográfico, en su valle. Conviene rechazar decididamente de cara al futuro el cáncer de las nuevas urbanizaciones dispersas -aquí mal llamadas pletes-, con sus problemas de conectividad, de antenimiento, de abuso del territorio y de agresión al paisaje. Con el crecimiento compacto de las ciudades existentes, con la rehabilitación de su patrimonio edificado disponible, la evolución urbanística es más razonable, más lógica y también más barata.
Una nueva inmigración cualificada, del cariz expuesto, puede contribuir a romper el esquema imperante de centro-periferia, de metrópoli frente a montaña subsidiaria, reforzando el tejido social y económico de las pequeñas ciudades de acogida. Reforzando, en definitiva, su identidad. No se les escapa a ustedes que la extensión de las telecomunicaciones es determinante para lograr el objetivo descrito.
5) La marca Pirineos, sinónimo de calidad. El Pirineo no podrá nunca sobresalir en el panorama internacional por la cantidad en su producción. Le queda, no obstante, la mejor opción, la opción calidad. El conjunto de proyectos y actuaciones tanto del sector público como del sector privado debería estar presidido por el imperativo de calidad. El Pirineo ha de conocerse por su calidad. La búsqueda tenaz, persistente y hasta diría, obsesiva de la calidad y la excelencia, no del lujo, que es otra cosa, debería ser el elemento definidor del moderno estilo de vida pirenaico. Calidad en la gastronomía y en la hostelería, en los servicios públicos y privados, en los productos industriales y artesanales, en la arquitectura y el urbanismo, en la protección del paisaje y del patrimonio cultural, en la señalización turística. En definitiva, calidad en todas las actividades que conforman las caras del gran poliedro que define a las
sociedades contemporáneas abiertas al futuro.
6) La organización del territorio y la sociedad. La confederación de valles. La estructura física básica del Pirineo en valles paralelos, perpendiculares a la cordillera, su distribución en tres estados, siete autonomías y regiones, dos docenas largas de provincias y departamentos, centenares de municipios, cuatro lenguas, etc… sugiere una peculiar complejidad física y político-administrativa que obliga al ejercicio de la imaginación para trabajar en objetivos comunes. Partiendo de la convicción de que a escala europea los planteamientos unitarios son imprescindibles, conviene proceder rápidamente a una profunda intensificación de la cooperación interpirenaica en sentido norte-sur y este-oeste. Creo que son dos los conceptos esenciales para avanzar: dar voz a los pirenaicos en las instancias de decisión política y económica que les afecten, y el aggiornamento de la Comunidad de Trabajo de los Pirineos.
El diseño participativo de los proyectos estratégicos de la montaña
Hace diez años, 1.000 de los 60.000 habitantes del alto Pirineo catalán participaron directamente en la discusión de las bases de un plan estratégico con un horizonte a 15 ó 20 años. Fue un bello ejercicio valle a valle. Creo sinceramente que el diseño del futuro debe hacerse de forma participativa, con la ayuda técnica precisa, pero escuchando con atención a las poblaciones implicadas. No puede ser sólo un trabajo de gabinete desde Barcelona, Pamplona o Toulouse ¿Por qué no generar un amplio debate en el conjunto de los Pirineos, o de otros macizos de montaña españoles, con la necesaria implicación de los responsables políticos, pero sin descuidar a la sociedad civil organizada? Los profesores, los estudiantes, los empresarios, los sindicatos, los agentes culturales, las cooperativas, la universidad… deben ser invitados e incitados a expresar sus puntos de vista, sus proyectos y aspiraciones sin cortapisas, canalizadas a partir de su organización más básica, los municipios. Propongo, a modo de ejemplo, como esquema, que se analicen seis ámbitos en ese ejercicio de democracia participativa.
Podrían ser muchos más, se trata de una lista abierta que podríamos completar o matizar.
Ámbito 1: Delimitación y acciones organizativas
Objetivo: Cohesionar el territorio de montaña, fortaleciendo su imagen exterior y capacidad de organización interna y vertebrándolo a través de los principales ejes de comunicación y de actividades. Acción ejemplar: promoción de la marca Pirineos. Siempre es conveniente reforzar las marcas de calidad de los productos industriales, artesanales o artísticos, persiguiendo el incremento del valor añadido.
Ámbito 2: Población, poblamiento y capital humano
Objetivo: Rejuvenecer la población residente habitual y aumentarla moderadamente, manteniendo tanto como sea posible el sistema de asentamientos existente que ha decantado la historia a través de los siglos. Ejemplo de acciones ejemplares: crear nidos de iniciativa joven y mejorar el transporte público convencional y a la demanda.
Ámbito 3: Desarrollo económico y bienestar social
Objetivo: Consolidar el desarrollo asociado al turismo, mejorando la calidad de la oferta y ampliándola a lo largo del año. Promover la diversificación económica a través del mantenimiento y el impulso de la agricultura, así como de la industria de alto valor añadido y las actividades vinculadas a la información y al conocimiento.
Ámbito 4: Recursos naturales, patrimonio ambiental y paisajístico
Objetivo: Preservar el patrimonio ambiental de la montaña por sus valores intrínsecos y como palanca de desarrollo económico, luchando contra los comportamientos depredatorios y limitando tanto como sea posible el impacto de las actividades humanas. No podemos matar a la gallina de los huevos de oro. El patrimonio ambiental es nuestro principal tesoro.
Ámbito 5: Patrimonio histórico, cultural y arquitectónico
Objetivo: Proteger el patrimonio arquitectónico, etnográfico y cultural a través de la gestión integrada, involucrando el mayor número posible de instituciones, entidades y personas.
Ámbito 6: Infraestructuras equipamiento y desarrollo urbano
Objetivo: Integrar el área de montaña en la red de comunicaciones y telecomunicaciones generales y ampliar la dotación de equipamientos para asegurar que el acceso de los montañeses a los servicios públicos sea similar a la media de población. Con la imagen de que el Pirineo debe subirse al tren Alta Velocidad, formulé hace algún tiempo en diversos foros la propuesta que ante la inminente puesta en servicio del tren Madrid-Barcelona de Alta Velocidad que transcurre a unos 150 kilómetros al sur y al este, debe replantearse todo el sistema viario y ferroviario de los Pirineos para facilitar la accesibilidad general. Podríamos continuar en esta línea. Pero lo que me parece esencial, llegados aquí, es que con un horizonte a 15 ó 20 años, los objetivos estratégicos deben someterse a un amplio debate público. La
novedad que propongo es que esa discusión general, de duración quizá de un par de años, sea articulada simultáneamente a lo largo y ancho del conjunto del macizo montañoso correspondiente.
Sería necesario, sin duda, un generoso acuerdo político previo de concertación entre los poderes estatales, y los de las regiones, las comarcas y los ayuntamientos. Debemos encontrar estadistas con visión de futuro para acometer acciones de esta dimensión. Si hay políticos y pensadores que formulan propuestas de alcance europeo, para toda España o para el conjunto de la región de Aragón o de Cantabria, hay muy pocos que piensan en los Pirineos o en los Picos de Europa como un todo homogéneo que precisa políticas globales específicas.
En esta línea, en sintonía con lo que les acabo de decir, tuvo lugar durante la presidencia catalana de la CTP, en los años 2004 y 2005, una experiencia interesante de participación pública con reuniones en todas las CC.AA. españolas, las regiones francesas y el Principado de Andorra, con el objetivo de sentar las bases del Plan Estratégico de los Pirineos. Se utilizó la misma metodología de consulta, el mismo cuestionario, a cargo del equipo del economista y sociólogo Jordi Borja con el fin de permitir la obtención de resultados evaluables.
¿Cuáles son, a grandes trazos, las propuestas más significativas que resultaron del conjunto de las reuniones celebradas en las vertientes norte y sur de los Pirineos? A partir de la constatación de las ventajas y oportunidades que ofrece el Pirineo -su extraordinario patrimonio natural e histórico-cultural, la diversidad de paisaje, su atractivo turístico, la posición geográfica estratégica en el istmo sur-occidental de Europa-, pero también de las evidentes desventajas y debilidades, la falta de masa crítica, el déficit crónico de accesibilidad, la insuficiencia de la herencia industrial y de capital social, la excesiva compartimentación, etc. Los pirenaicos consultados formularon, haciendo gala de inusitada homogeneidad de criterio, una serie de propuestas dirigidas a asegurar un futuro mejor. Son cuatro los ejes estratégicos que se apuntaron: desarrollo sostenible, accesibilidad y centralidad, consolidación política e identitaria y red urbana. En el eje del desarrollo sostenible se destacan como necesarias la inversión en microinfraestructuras que faciliten la productividad, la incentivación a la creación de nuevas empresas adaptadas a las exigencias del mercado global, el impulso de la marca Pirineo, la potenciación del turismo de calidad, la discriminación positiva hacia la primera residencia en la política de vivienda, la mejora de relaciones entre la universidad y los Pirineos, las compensaciones a la población por la protección y cuidado del medio natural y la gestión forestal activa. Por lo que se refiere al eje de accesibilidad y centralidad, se puso especial énfasis en la necesidad de la mejora de las comunicaciones viarias transversales, de la red ferroviaria tanto por el transporte de personas como de mercancías y la modernización de las estaciones intermodales, así como el acceso universal a la red telemática de calidad.
El tercer eje, el que hace referencia a la consolidación política y de identidad, acentuó la conveniencia de legitimación de la CTP como administración específica común, y el cambio de modelo de financiación, pasando de la actual de subsidios pasivos a otro basado en ayudas activas dirigidas a la formación de tejidos productivos estables. Finalmente, una cuestión esencial: la relación ciudad-montaña. El hecho urbano y la montaña no han de verse como contrapuestos, sino como complementarios. El Pirineo no ha de aparecer como un área subordinada, sino como extensión, profundización y exaltación de los mejores valores ciudadanos. No de los derivados del turismo masivo, que destruye y banaliza, sino de aquellos que son capaces de captar y apreciar los valores vivificadores del paisaje y del medio aún no contaminado. Es por esta razón que la puesta en marcha y la potenciación de un sistema articulado de ciudades pirenaicas en red, bien unido al potente hinterland urbano que la rodea, es el elemento indispensable para afrontar un futuro lleno de esperanza para los habitantes de uno de los espacios con personalidad más sugerente del mediodía de Europa. Que no nos pase lo que decía Guillermo Cabrera Infante: «en una increíble cabriola hegeliana, mi país había dado un gran salto adelante, pero había caído hacia atrás».
Precisamente, en estos días, dos de las más importantes asociaciones europeas de defensa de la montaña, la AEM y Euromontaña, se han dirigido al presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, en demanda de la redacción de un Libro Verde sobre la montaña europea, en el que se plantea con toda claridad la conveniencia de aprobar planes estratégicos participativos para cada uno de los macizos de montaña de Europa. Planes Estratégicos, por decirlo de algún modo, oficiales, reconocidos por la UE, y que puedan generar programas de inversión.
Debemos estar atentos a esos movimientos, a esas corrientes de fondo, para no perder oportunidades y contribuir al avance general. Los ejercicios participativos de hace una década en el alto Pirineo catalán y el más reciente en el ámbito de la CTP, es decir, en todo el macizo son, sin duda, interesantes precedentes que pueden aportar útiles experiencias al respecto.
Creo sinceramente que, aunque de forma modesta, dimos en el clavo. Les he expuesto con toda sinceridad, abiertas, como no podía ser de otra manera a cualquier sugerencia, comentario o crítica que deseen hacer, algunas ideas -fuerza para afrontar sin complejos, con decisión, el futuro-. Decía Woody Allen: «Me interesa el futuro porque es donde pasaré el resto de mi vida». Creo que todos podemos suscribirlo. Los montañeses se equivocarían gravemente si miraran más al pasado que al porvenir. Bien asentados en sus valores y tradiciones seculares, lo que siempre es fundamental, deben pensar en un escenario de futuro, en el que sean protagonistas activos de un espacio clave para el conjunto de la sociedad. No deberían resignarse a ser subsidiarios ni subsidiados a largo plazo. Deben apostar por la mayoría de edad.
Ya se han dado cuenta que todo lo expuesto gira en torno a dos ejes fundamentales: en primer lugar se trata de avanzar lo más posible en la visión global de los macizos montañosos, tan singulares y hasta ahora tan troceados en su percepción. Y en segundo lugar, en la necesidad de fomentar la participación pública. En ese empeño, a las células básicas de organización cívica, los Ayuntamientos, les corresponde un papel estelar. Nada podrá cristalizar sin el protagonismo y el activo enrolamiento de los entes locales. El principio de subsidiariedad debe profundizarse al máximo, ya que fortaleciendo a los municipios se fortalece directamente a la sociedad. Confiemos en ellos, démosles los recursos necesarios. Su proximidad a los ciudadanos, a sus problemas y aspiraciones no puede ponerse en duda y es una inversión segura. Ya que los alcaldes son importantes protagonistas en los procesos citados, déjenme hacer una sugerencia: ¿Por qué las autonomías o el Consejo de Europa no organiza una escuela de alcaldes de montaña con el objetivo de persuadirlos de la necesidad de avanzar en las visiones más generales y más a largo plazo, superando así la administración del día a día, que es necesaria, pero no suficiente?.
