FEDERIC FILLAT ESTAQUÉ
Instituto Pirenaico de Ecología
Voy a intentar explicar los últimos 30 años que he vivido en la montaña estudiando el Pirineo. Me especialicé como ingeniero agrónomo y en la actualidad trabajo en el Instituto Pirenaico de Ecología de Jaca. El Instituto de Jaca es una comunidad de trabajo de los Pirineos que se extenderá próximamente a Bruselas. Cuando se intentó hacer el instituto de ecología, se barajaron tres posibles sedes: La Seu, Jaca y Solsona. Se eligió Jaca porque se creyó que geológicamente era más interesante, pero después Jaca y La Seu han demostrado un dinamismo tremendo y Solsona se está incorporando al centro de información forestal.
Nuestro instituto pertenece al Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Nació en 1964 como una aventura, ya que si hoy es difícil que gente quiera ir a vivir a Jaca, imaginaos en el 64 que unos señores de la Facultad de Ciencias de Barcelona deciden estudiar el Pirineo viviendo en Jaca. Estas personas casadas siempre han sido consideradas como raras en ese lugar y a los que nos hemos casado con aragonesas nos han aceptado más. Seguimos siendo raros, porque trabajamos muchas horas, incluso en sábados y domingos. Éramos raros, pero siendo raros nos han pedido que contemos por qué somos tan raros. Parece que ahora está de moda ser raro y buscar soluciones menos convencionales.
Nuestro instituto tiene un centro en Jaca y otro en Zaragoza. Quisieron ampliarnos tanto que parecía que en Zaragoza iban a crear un Sillicon Valley. Somos unas setenta personas, una tercera parte científicos y el resto personal de laboratorio, administrativos y gente que está haciendo el doctorado. Yo entré en ese estudio porque seguía un trabajo sobre los prados de La Seu del doctor Montserrat. Hablaba de los distintos prados según el ganadero que los manejaba.
Era un asunto raro en los años setenta. Por aquel entonces yo estudiaba en Madrid y se hablaba de la vaca de 500 kilos, de los 30 kilos por metro cuadrado. Todo era muy intensivo.
Entonces, el pensar que un prado podía depender de que un señor lo hiciese mal o bien eran ideas nuevas. Me fui a Jaca a ver quien era ese señor, pero no le encontré porque ese día no estaba, se había ido a Madrid. Y pensé «ya volverá». Después volví, le conocí y han pasado treinta años desde que comencé a trabajar allí con él. A alguien como yo que había nacido en el Pirineo, en la alta Ribagorça, le interesaba el tema de los pastos. Luego saqué una plaza de especialista en ecología de pastos. Me veía ya en Inglaterra o Escocia, pero me dijeron que fuera eso de ser ingeniero se cotiza mal, tienes que hacer un doctorado o sino, no saben quien eres. Hice el doctorado y al final me fui a Escocia. En todo caso, detrás de la hierba había una vaca; detrás de la vaca, un ganadero; y detrás del ganadero, un pueblo; y todo eso me interesaba. Me interesaba simultáneamente y de todo eso quiero hablar.
Del Marco Conceptual, yo separaría las ideas estas. En los años setenta, cuando yo estudiaba en Madrid, se hablaba de la incompatibilidad entre la calidad ambiental y el crecimiento económico. O te dedicabas a criar pollos o te ibas a contar flores en el Pirineo o en otro sitio. Pero era completamente incompatible una cosa con la otra. Los debates sobre Medio Ambiente se referían al mundo desarrollado, no contaban para nada las posibles presiones del norte de África, que alguien quisiese pasar el Estrecho. En los ochenta cambian las cosas y se habla de que el crecimiento económico y la calidad ambiental pueden ser compatibles. Los debates se amplían al mundo en desarrollo y son más globales. Las Naciones Unidas lanzan la idea del Desarrollo Sostenible y se comienza a pensar que hay que guardar algo para las generaciones siguientes. Hay un compromiso intergeneracional que aparece en los años ochenta y que no existía hasta entonces. Es importante también que el Banco Mundial lo toma como suyo. Yo recuerdo haber estudiado proyectos de pastoreo de los Massais en África que estaban financiados por el Banco Mundial y su gran preocupación era saber quien gestionaba el proyecto por parte de los Massai, en qué país estaba. Eso significa un desconocimiento completo de cómo funcionan los Massai, que no tenían fronteras, estaban siempre buscando los pastos que eran más verdes… Era el encuentro de dos lenguajes distintos. Pero el Banco Mundial se apunta al Desarrollo Sostenible y decide que los proyectos que apoye en adelante tienen que ajustarse a la eficiencia económica y los beneficios se deben distribuir
equitativamente. Ese es un matiz nuevo que aparece también en los años ochenta.
Finalmente, a comienzos de los noventa, se reúnen geógrafos muy potentes. Mentalmente creo que habían vivido la gran transformación suiza. La Unión Geográfica Internacional estaba formada, sobre todo, por popes de la geografía suiza y, después, de las Rocosas. Todos se reúnen en el Himalaya e intentan saber cuál puede ser la agricultura sostenible aplicable al Himalaya. Y llegan a una conclusión sorprendente que es que lo más adaptado para la montaña y lo que cumple todas las exigencias del Desarrollo Sostenible es el agrosilvopastoralismo.
Cuando te mueves por cualquier valle del Pirineo piensas que esto ya lo teníamos. Es la unión de la agricultura, explotación forestal y explotación ganadera. Voy a intentar mantener esa idea del agrosilvopastoralismo con un lenguaje nuevo y ver cómo le podemos sacar partido en distintos aspectos que se pueden incorporar a esa palabra. Lo importante es saber que ninguno de los tres factores prima sobre el otro. Es igual de importante la agricultura, que la explotación forestal que la ganadería. Si eso lo aplicamos a la explotación de la fórmula en la huerta valenciana veremos que allí no se practica el agrosilvopastoralismo. Ha desaparecido la huerta y ese hormigón de base nunca volverá hacia atrás ¿Qué quiero decir con esto? que si alguna actuación es tan importante que llega a anular a las otras, no tiene cabida en ninguna explotación de montaña. Ese es el principio que voy a defender durante mi exposición.
Trabajo en un centro de investigación que depende del gobierno central, pero para desarrollar proyectos hay que acudir al mercado de financiación y conseguir acuerdos con la Unión Europea, las Comunidades Autónomas, empresas… En todo caso, la Unión Europea publicó los famosos programas marcos y en el cuarto programa marco se desarrolló un amplio estudio de ecología terrestre en Europa con la idea de que tenía que haber datos a lo largo de Europa que permitiesen explicar si soluciones que se daban en un sitio eran compatibles en otras partes. Nosotros participamos con un proyecto que se llamaba Ecomon, trabajamos en un pueblo pequeño, Fragen, en una zona con una densidad de población de 30 habitantes por kilómetro cuadrado. En este municipio había 0,7 habitantes por kilómetro cuadrado. Si buscáis las densidades de población de Mauritania o de Marruecos es difícil encontrar zonas con menos densidad de población de 3 habitantes por kilómetro cuadrado.
Nuestro proyecto Ecomon trataba sobre el cambio de usos en las montañas. Trabajábamos por tanto en Fragen, que tiene 40 habitantes, y defendíamos la idea de que los cambios de uso que íbamos a estudiar eran los que habían hecho esos habitantes en la zona. Vender eso en Europa no parecía fácil, pero al final conseguimos venderlo, con la introducción de partes históricas al contar que esa zona había sido cuna de la reconquista y que por ahí habían pasado los romanos e, incluso, los nehandertales. Todo eso sonaba raro y cuando en la discusión de los proyectos bajaba el nivel de discusión decían «que salga Federico y nos diga que pasó con los romanos». Había un cierto cachondeo con eso. Después comenzamos a obtener algunos resultados interesantes en la gestión del territorio por parte de estos cuarenta habitantes y, después, algunos de los miembros de otros equipos me preguntaron por algunos historiadores para incorporarlos a sus equipos. Fue muy interesante.
El proyecto se llamaba ‘Cambios de uso en el paisaje’. La parcela experimental era un cubo de dos kilómetros por dos kilómetros y 200 metros por encima de este paisaje, que era la cima del monte Bondone, cerca de Trento, donde todo lo que entraba y salía en el cubo se analizaba en tiempo real: vapor de agua, distintos derivados del hidrógeno, azufre, CO2, y que llegaba a un avión que volaba en zigzag continuamente por encima del cubo. También analizábamos el paisaje, formado por árboles y prados. Los árboles estaban completamente monitorizados como lo puede estar un enfermo en una UVI de un hospital. Había unas pinzas que controlaban el flujo de savia a las hojas y todo eso se extrapolaba al conjunto del bosque y servía para predecir lo que los análisis en el cubo y el avión iban a detectar. En este equipo había suizos, austriacos, italianos y escoceses. El arco alpino se había cuadriculado y se podía saber al día siguiente lo que había ocurrido en el monte Bordone. Chocaba que en este proyecto, que era de la Unión Europea, los que llevasen el peso de la investigación fuesen los suizos, que eran los que hacían los análisis y los vuelos. Los italianos nos contaron que esto era porque los suizos, que también fueron los primeros en detectar la contaminación de Chernobyl, tenían mucha experiencia en este tipo de vuelos porque estaban muy preocupados en que la contaminación de los países europeos no les afectase, al tiempo que procuraban que los humos de sus fábricas saliesen del país. Por eso hemos intentado que participen en el próximo proyecto. En este contexto, imaginaos lo que significa trabajar con los ganaderos de una localidad como Fragen e intentar vender la idea de que su gestión tradicional tenía sentido. Que había que hablar con ellos y que cualquier innovación había que consensuarla, se podía medir y discutir con ellos los resultados.
La discusión de si el ganadero tiene que ser además un jardinero del paisaje ya no cabe. Hay unos cambios de uso que nos van a afectar en que respiremos o no respiremos. Hay que ser un buen profesional para que lo que esté haciendo acabe redundando en el beneficio general.
La modelización del transporte
Como hemos contado, lo que ocurría en el monte Bondone repercutía lejos de allí, concretamente a unos 40 kilómetros, eso era fácil de ver. Nosotros, en otro proyecto con unos ingleses habíamos tenido la oportunidad de ver si en el trabajo con purines había emanaciones suficientemente importantes como para que llegasen al pueblo según la dirección del viento. Es también como si las fábricas de Sabiñánigo repartiesen contaminación a los valles vecinos. Si esto fuese así, los campos de golf que están haciendo con la excusa de las urbanizaciones que hay a su alrededor, pronto se van a meter con esas emanaciones de Sabiñánigo.
Con lo cual, o pensamos las cosas correctamente, o el progreso que estamos construyendo es realmente insostenible. Tanto la intensificación de los usos como el abandono favorecen la pérdida de diversidad, y la recuperación de un territorio rico en especies solo es posible con un trabajo intenso y serio. Los que tenéis experiencia en estaciones de esquí sabéis que cualquier movimiento para montar una pilona que se dice que con sembrarlo luego es fácil de recuperar, podréis explicarme si al año siguiente eso se ha recuperado, y sobre todo, si a los dos años persiste algo de lo que allí se sembró. Normalmente no es así por la sencilla razón de que la gran mayoría de los pastos de altitud no funcionan con semillas sino que crecen por reproducción vegetativa. Entonces, no tiene sentido aplicar técnicas completamente de llano a zonas de montaña. En todo caso, el recuperar zonas de diversidad es muy difícil.
Finalmente, el abandono favorece el incremento de riesgos catastróficos como las avalanchas o la erosión. Gran parte de los pueblos del Prepirineo catalán trató de recuperar el territorio que se quemó hace unos años y cuando hablas con los responsables forestales de la Diputación de Barcelona la camisa no les toca al cuerpo cuando les dices que esos bosques lo normal es que se quemen, que la duda está en qué año se van a quemar. Llevamos 30 años sin cuidar y limpiar los bosques, entonces, en estos momentos, cualquier descuido, cualquier botella, cualquier rayo que caiga en una zona de bosque seca puede producir un incendio. Los riesgos catastróficos por el abandono no se dirigen sólo en el sentido de pérdida de biodiversidad, sino también en pérdida de vidas.
Las implicaciones políticas claves en nuestras investigaciones. Los estudios demuestran que los métodos tradicionales de uso son importantes para el mantenimiento de la biodiversidad. Ya no vamos a reducir ese método tradicional a un jardín cuidado con una tijera potente, sino que va a tener que hacer algo que estaba haciendo antes de una forma distinta y nueva. Se han desarrollado metodologías en estos proyectos que permiten imaginar distintos escenarios. Por ejemplo, ya os contaba la visión dinámica que ocurría en el monte Bondone, donde los resultados del proyecto eran espectaculares. Ahí se veía perfectamente donde iba a parar la nube al día siguiente, bastaba con ir a un determinado lugar y comprobar si lo que había salido del monte había llegado. Se podían hacer distintos cambios y las aplicaciones directas se hicieron, en el caso de los austriacos, en la zona del Tirol, y también en las tierras altas de Escocia.
Cambiando de tema, vamos a hablar de algunos ejemplos de marginalidad e intensificación.
La provincia de Santander, ahora Cantabria. Las vacas frisonas llegaron a España a través de Santander, concretamente a través del mercado de Torrelavega, desde donde se vendían novillas a todo el país ¿Qué supuso la llegada del mercado de la leche a Cantabria? Supuso que Nestlé y otras empresas y algunos sindicatos se dedicasen a producir leche intensivamente con hierba. Esas novillas producían leche de Santander, la industria lechera fue muy importante ¿Qué pasó con el resto de la provincia? Lo que sucedió fue que se creó una frontera.
Se podía hacer leche en los alrededores de la bahía de Santander, en la zona pasiega, en la franja costera, pero el resto de la provincia seguía siendo como antes. Era una zona de vaca tudanca tradicional. Yo estuve participando en proyectos en esos años 1976, 77 y 78 con la Diputación de Santander intentando hacer algo con la vaca tudanca. Era cuando comenzaban las autonomías y lo mismo que el asturcón en Asturias, la vaca tudanca era un símbolo para Cantabria. Por eso se hicieron estudios sobre los pastos de la vaca tudanca, para ver como se la podía sacar mejor provecho. Pero treinta años después, vemos que la vaca tudanca se ha desarrollado muy poco.
¿Por qué aparece una zona marginal que puede ser Santander, que no participa de esa intensificación en la producción de leche? Simplemente porque no tiene condiciones para absorber esa intensificación. Si eso lo trasladamos a los alrededores de la Seu, a estas comarcas, en el caso de la cooperativa del Cadí llevó a una intensificación de los prados y a los monocultivos, que después con el mínimo laboreo no se ha intentado recuperar el maíz y se ha ido ya a un tipo de pienso verde que es el Unicid y a unas intensificaciones tremendas.
Por la carretera ya lo único que se ven son tractores que van llevando las cosechas de un sitio a otro.
Si miráis por encima de los canales del agua, ¿cómo está el resto? El resto es como la zona de la vaca tudanca en Cantabria: no se ha hecho nada. Tenemos el problema para atacar lo que no es intensivo ¿Qué nos decían en los años ochenta? Se hizo un gran esfuerzo entonces para saber que municipios eran de montaña y cuáles no y se creó un mapa. Estas zonas recibieron ayudas para la agricultura, que al final solo sirvieron para seguir intensificando determinadas zonas.
Si miramos la circulación viaria, los grandes pasos eran por la Junquera y el País Vasco y la parte central no tenía prácticamente ninguna conexión. La circulación por carretera se había obviado y estábamos como la zona tudanca de Cantabria ¿Qué pasaba con la electricidad? Ayer se reivindicaba aquí que teníamos que pedir que nos devolviesen el dinero que nos han sacado de los pantanos a través de las invasiones de fondos de valle con los vasos de los pantanos. En el caso del Ribagorzana, es el río más desgraciado de todo el Pirineo porque en 20 kilómetros tenemos cinco presas. Sales de la cola de uno y ves la presa del siguiente. En los años cincuenta, lo mismo que habían hecho los alpinos podía haber pasado en el Pirineo. Pero… ¿cuándo hicieron los alpinos su transformación hidroeléctrica? Ellos lo habían hecho a principios de siglo, cuando el transporte por cable tenía muchas pérdidas, por lo que las industrias había que colocarlas a pie de salto. Si nosotros nos incorporamos al desarrollo hidroeléctrico de los años sesenta, los cables ya transmitían con muy pocas pérdidas esa hidroelectricidad. Todo esto repercutió en el desarrollo del Vallés y del País Vasco. Con lo cual, la posibilidad que teníamos de esa riqueza hidroeléctrica se nos fue. Luego, con el canon que se aplicó en la provincia de Huesca se logró recuperar algo de ese capital, pero de forma casi anecdótica.
Por eso tenemos que ver qué podemos ofrecer que no tengan otros. Tenemos nuestro protagonismo natural, los distintos parques que el Ministerio recopiló en 1989 ¿Qué sucedió? Que las áreas marginales se han ido convirtiendo en áreas de máximo interés especulativo. Si cogemos un atlas o una enciclopedia y tratamos de ver en qué destacamos en España, nos damos cuenta de que somos la quinta potencia mundial en producción de cemento, detrás de Japón, China, Estados Unidos y Rusia. Por tanto, ese cemento tiene que ir a algún sitio. Marbella tuvo su época de éxito, pero la especulación ha ido subiendo por la costa y ha llegado hasta el Pirineo, y ahí la tenemos. Los franceses en 1989 nos contaban que Los Alpes tenían problemas por la presión turística, la desaparición de la agricultura, que estaba poco desarrollada, y la baja densidad de población. En cambio, tenían soluciones como desarrollar los espacios protegidos, relanzar las actividades agroforestales y potenciar las asociaciones. Si el cambio no surge desde la base, no hay manera de hacer nada.
Una perspectiva nueva representa un haya vieja que están intentando recuperar a base de nuevos brotes. En los años setenta se hablaba de intensificación agrícola ¿Cómo lo vemos ahora? Yo creo que estamos igual. Si entráis en internet y miráis la aplicación de transgénicos en Europa veréis que somos pioneros. Cuando miráis las razones que justifican a un ganadero o un agricultor que utilice maíz transgénico dicen que aumenta la producción. Te lo venden y dicen que va a favorecer que todos podamos comer, etc… Seguimos con esa filosofía, con la intensificación.
Otra posibilidad que nos dicen es que España es un país muy grande y se pueden hacer productos ecológicos. Si entráis en la página de la agricultura ecológica veréis que en las recomendaciones para el próximo año de la Unión Europea hay 21 artículos y es difícil ahí identificar algo que puedas explicárselo a un ganadero o un agricultor de un pueblo de montaña.
Todo son normativas sobre trazabilidad, que esté bien etiquetado… No hay una filosofía de agricultura ecológica de promocionar realmente nada.
Se podía avanzar recuperando el espíritu inicial de las áreas medioambientalmente sensibles que se habían inventado los británicos antes de la Unión Europea. Ellos fueron los que vendieron esa idea de tomar medidas medioambientales a Europa. Pero… ¿Cuál era la filosofía que había detrás? era muy sencilla. Era simplemente un contrato de que un señor que tenía una explotación agraria, se comprometía a hacer una serie de actuaciones que favoreciesen el medio ambiente. Después llegan la PAC y otras posibilidades de financiación, y yo no conozco a ningún ganadero o agricultor que su explotación encaje en ninguna de las medidas que le proponen.
Siempre hay que hacer alguna trampa para que parezca que su explotación puede entrar en la medida que le proponen. Es muy difícil que esas medidas se reproduzcan en la realidad ¿Por qué? Porque seguramente hace años las defendieron más los países del norte, en España e Italia había poca información de campo y lo que se explicaba en Bruselas no tenía nada que ver con lo que había en el campo. El caso es que esas medidas es muy difícil que se puedan aplicar.
¿Cómo solucionar el tema? Creo que había que volver a esa filosofía inicial de que cualquiera que quiera hacer algo va a tener una serie de condicionantes, si los cumple se escuchará su problema, y si resulta que tienes que alfabetizar al señor que no sabe español en la explotación, te pagamos la educación del señor que no sabe español y con eso conseguimos un valor añadido en tu producción.
La protección integrada con la producción. Este es un ejemplo que se sacó de los escoceses.
Nuestros socios de Ecomon recibían una gran subvención por el control de la calidad en las aguas. Nosotros pensábamos ¿Cómo puede ser que recibáis tanto dinero? resulta que esa calidad en las aguas se vende a los turistas alemanes y a otros ingleses que suben a pescar en esos ríos que tienen unas truchas y salmones perfectos. Además, con esa agua destilan un whisky que tiene un alto valor añadido con lo cual estamos viendo que la protección se tiene que integrar con la producción.
La lucha contra incendios ligada a los desbroces
Os contaba las conversaciones con los responsables de los equipos antiincendios de los alrededores de Berga ¿Qué se puede hacer con ese abandono del monte? Vamos a pastorear, si todo lo que está en el suelo no se lo come nadie, se volverá a quemar ¿Cómo conseguimos tantos ganaderos para pastorear tanta superficie que está abandonada? se pueden hacer una serie de gestiones para que si el ganadero tiene problemas para pasar el invierno en la montaña, bajen a pastorear eso. Hablamos con un ganadero de 80 años y otro de 50 años que tenía una cabaña de 600 cabezas y que se ilusionaron con la idea que intentábamos vender a la Diputación de Barcelona. Nos dijo una frase maravillosa que es «no podemos fracasar porque esto es un intento muy interesante y tenemos que transformar a los forestales en verdaderos ganaderos». Si quieres tener éxito en otros lugares con ese pastoreo que se hace en Berga, tienes que acudir a Berga y ver cómo pastorean allí para luego comprobar si en el lugar en el que quieres pastorear se pueden reproducir las condiciones que te va a exigir ese señor en Berga para poder hacerlo. En eso estamos, en intentar ese tipo de convenios.
El Pirineo ha estado ocupado antes de que el homo sapiens fuese homo sapiens. Por eso no se puede vender como salvaje, ya que ha estado humanizado desde la prehistoria. Hay que buscar en la forma de vender el territorio ese impacto humano, porque si no lo que hagamos no tendremos ningún éxito. Si nos fijamos en la cabecera del Barranco del Infierno, veremos que el bosque fue talado hace muchos años para convertirse en pastos. Toda la ladera es pasto, mientras que el bosque continúa en los alrededores de Biescas. Hablaban ayer de que la densidad de habitantes puede ser de 3 por kilómetro cuadrado. El románico del Pirineo nació aquí cuando había densidades de población de entre 18 a 20 habitantes por kilómetro cuadrado. Todos los paisajes que hemos heredado vienen de una gestión con esa densidad de población. No vamos a lograr regresar a esa densidad, pero hay que fijar un mínimo de masa crítica, porque si no esto no podremos dominarlo.
Cuando estudias los pastos, te das cuenta de que esos pastos de pastos no tienen nada. En realidad son claros de bosque que se talaron y son unas especies que gracias a la fertilidad del ganado se convirtieron en pastos. Los verdaderos pastos alpinos que podríamos vender como naturales estarían en la parte alta, el resto son pastos ganados al bosque. Esto quiere decir que si quitamos esta cabaña, si no hay ovejas que suban, cuando pasen 25 años vemos que se recuperará el bosque. Si estamos en el Valle de Arán o en la vertiente francesa la recuperación del bosque va a ser bastante rápida, sobre todo en la cara norte. En la cara sur, sin embargo, la recuperación no va a ser a bosque, sino a matorral, por lo que vamos a pasar 30 años con matorral totalmente expuesto a incendios. O esto nos lo tomamos en serio, o el parque de Ordesa se nos quema cualquier día.
Viendo un mapa físico, nos damos cuenta de que el paisaje alpino sólo se puede vender a gente que viene del norte de África o del resto de España ¿Qué les podemos vender al resto de Europa? Nosotros con los Austriacos llevamos diez años en un curso intensivo Sócrates. Los cogemos en Barcelona, los tenemos 20 días por el Pirineo y los devolvemos a Barcelona. Les enseñamos Las Bardenas, Bujarraloz, el Moncayo, subimos al Pirineo y acabamos en el Parque de Ordesa.
Pues bien, de las cosas que más les interesan son Las Bardenas y los paisajes que ellos no tienen. El hecho de ser fronterizos climática e idiomáticamente, nos permite ver un porvenir inmenso, lo que hace falta es que sigáis apostando por ese futuro gente como la que estáis aquí.
